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viernes, 30 de noviembre de 2012

La máscara de Fernando


Alejandro Lanusse pasó un cautiverio duro bajo el peronismo, y gente de su entorno fue muy castigada. Estuvo contra el presidente Illia, pero era "el más civil" de los militares, según varios políticos. Su gobierno se asocia a fusilamientos, pero ese punto no lo aleja de Perón, que dejó sangre en el monte, incluso más. Lanusse fue un dictador duro según quién la cuente, pero en 1971 recibió la orden Bernando O' Higgins del socialista Salvador Allende, presidente de Chile. Perón tendría un buen trato con el dictador que derrocó a Allende. En los años setenta muchos jóvenes creían que desde España, el líder justicialista daba una pulseada maestra para volver al país, pero era Lanusse, presidente de facto, quien quería forzar esa vuelta, mientras hablaba con todos los partidos. 


En cierto punto, el mayor enemigo del retorno de Perón, era su propia voluntad. Por otro lado no sería una buena noticia para los grupos que lo nombraban. Para muchos, era mejor si el líder estaba lejos. La máscara de Fernando VII funcionaba con el rey en Europa, sin gobernar. Si el monarca volvía, se caían las máscaras, según el ejemplo de Rodolfo Pandolfi. Entonces tronaría el escarmiento. Tal fue la maniobra de Lanusse: obligar al residente en Madrid a tomar contacto con la realidad del país que estallaba, y no permitir un exilio o un final que lo convirtiera en mito revolucionario sin riesgo. Juan Ovidio Zavala señala que la vuelta de Perón es un acuerdo con la oligarquía, que descubrió que no había mejor represor de la guerrilla que su propio abuelo meridional. Se olvidaban las causas judiciales de Perón y éste podía ejercer el poder. De la mano traía viejos colaboradores. Algunos radicales y militares vieron llegar en el avión a quienes los castigaran veinte años antes, como Jorge Osinde. Pero esta vez la represión era para los jóvenes, metidos en el peronismo.

martes, 20 de noviembre de 2012

Los fusilados


En 1945 el gendarme Solveyra Casares reprimió a 60 campesinos en el Chaco, matando a cinco de ellos, como Leonor Quaretta. Pablo Cepeda, obrero de la selva, sufriría la picana y tiros de carabina. La prensa ocultaba estos hechos, ignorados hasta hoy. Poco después el coronel Perón anunció "dar la tierra a quien la trabaja" en una gira por el noroeste del país. Ya en 1947 miles de habitantes de Formosa de las etnias pilagá y wichí se negaban a ser explotados en Salta por el estanciero Robustiano Patrón Costas, quien los echó del ingenio. La caravana de braceros hambrientos, trasladada a pie, recibió del gobierno nacional comida en mal estado y muchos empezaron a morir. Enfermos y desesperados, la gendarmería los rodeó y los aisló, en un verdadero campo de concentración abandonado de todo derecho. 

Octubre pilagá, por Valeria Mapelman.


Por último, milicos y civiles los fusilaron con ametralladoras, matanza que continuó por varias semanas, contra los fugitivos y testigos, quemando, rematando y enterrando a niños, hombres, mujeres y ancianos. Se mencionan mil quinientos caídos en Formosa, pero entre muertos y desaparecidos, ascenderían a más de dos mil víctimas, en una de las masacres más impresionantes de la Argentina, que nadie recuerda, secuestrada y desaparecida de la historia. El esfuerzo por llamar "fusiladora" a la revolución de Aramburu, por las treinta víctimas de 1956, negando a los miles de caídos en 1947, ilustra que los nativos humildes no valen, para el café de izquierda, como los militares peronistas o los civiles de clase media. Curiosamente, durante la matanza de 1947, el teniente coronel Aramburu estaba destacado en la gendarmería nacional.

Leer más: Los fusilados

sábado, 10 de noviembre de 2012

Balbín y la historia al revés



Ricardo Balbín era un joven abogado y había luchado con dictaduras. A diferencia de amigos suyos, no usaba armas. Su medio era la tribuna y se peleaba. Era familiero y amiguero, hincha de Gimnasia. Su tono no era doctoral, sino emotivo y claro. Estaba en la intransigencia y era amigo de Arturo Frondizi. Ese grupo no cuestionó ninguna conquista social, sino que exigió conquistas más grandes. Como la nacionalización de los frigoríficos. El radicalismo apoyó ese proyecto del laborista Cipriano Reyes en 1946. Si fracasó, fue porque los diputados de la CGT, como Silverio Pontieri , le dieron la espalda. 

Los obreros de Berisso lucharon con la policía y vieron llegar al ejército, que puso sus armas en el barrio fabril. Ningún adulón lo cuenta, pero los que hicieron el 17 de octubre no cobraron el aumento y fueron entregados. En una reunión, el obrero de la carne Jacinto Biscochea le dijo a Perón que no usara crumiros. Con Perón y Mercante asistían el gendarme Solveyra Casares (un famoso torturador, retratado como tal por el artista León Gieco) y también Evita.


Días después, Evita fue a Berisso a pedir el fin de la huelga y fue silbada por los obreros. Jacinto Biscochea, secretario general, fue secuestrado mientras denunciaba la maniobra de Evita. Su esposa Elba lo buscó por La Plata. Por entonces, el sindicato de la carne denunció a los traidores y recibió a los radicales, como Ernesto Sammartino, quien luchó por derechos humanos y obreros muy temprano. Balbín estuvo ahí, cerca del frigorífico. “Es el gobierno que está con las empresas”, arengó. Ricardo Guardo cuenta que a veces los diputados peronistas se levantaban para aplaudirlo, y así llegó Balbín a la cárcel de Olmos. Manos amigas le hacían llegar pichón de paloma para comer, cuenta su biógrafo. Todos los días conversaba con dos asesinos. 

Veinte años después, Balbín andaba en la unión del país. Perón lo llenó de elogios y se abrazaron. Lo acusaron de bruto, de provinciano, de político a la antigua y de llegar cansado a la última dictadura, ya anciano. Pero dejó armado el combinado que ganó en 1983, semilla del juicio a los militares. Sus críticos no asumieron lo que Balbín tenía claro en 1946 y Perón comprendió en 1973. Unos justificaron la prisión de Balbín. Pero un protagonista de esta historia, Jacinto Biscochea, fue secuestrado por la policía de Mercante, meses después de haber cuidado la espalda del candidato a gobernador, Domingo Mercante, durante la campaña en tren por la provincia, para las elecciones de 1946.





sábado, 27 de octubre de 2012

Las mazmorras de Pettinato, premiadas por Kirchner



Crece la Sección Robos y Hurtos. A las participaciones de Marcelo Larraquy y Aurora Venturini, entre otros, se suma el arrebato integral de Roberto Wilkinson, quien hace pocos días le estampó su firma una investigación ajena publicada en 2010, Las mazmorras de Pettinato, premiadas por Kirhner. El citado Wilkinson ni siquiera le puso otro nombre: robó el texto completo. Véase Las mazmorras de Pettinato, premiadas por Kirchner. No hace falta señalar que coincide 100 por ciento con el original. Es solo un detalle. Otros autores venden sus productos en el mercado y tienen más cancha para arrebatar al descuido, como ladrones de carteras, el trabajo de otros. A veces "hacen suyas" las ideas con tanta naturalidad que no lo viven como un asalto. Simplemente comen y digieren, engordando a gusto. Su voracidad pasa por el dinero del Estado y la rapiña de imprenta.



domingo, 21 de octubre de 2012

Renunciamiento de Evita y obreros bajo el agua



Se lo recuerda como el año de la reelección de Perón con voto femenino. Algunos supieron que el obrero Roberto Nuñez había sido asesinado frente a los talleres de La Prensa, en medio de la pelea por el control del diario. Pero hubo otros hechos ignorados. El ciudadano Teodoro Baziluk, nacido en Polonia, peón de una cochería de Florida, había sido detenido a fines de 1950. Se trataba de un afiliado al partido comunista. Fue picaneado muchas veces pudo sobrevivir por su fortaleza física. Entonces lo dejaron morir por inanición, sin agua ni alimentos. Luego su cadáver fue trasportado en un auto por el subcomisario Roberto Nieva Malaver, y arrojado al arroyo, atado a una viga de cemento. El cuerpo salió a flote en el verano de 1951. Teodoro Baziluk es una de las decenas de víctimas fatales de la policía del gobernador Domingo Alfredo Mercante, desaparecidas del otro lado de la General Paz, e ignoradas en las cátedras de historia. En la seccional Florida actuaba Carlos Segundo Doro, vigilante de la quinta presidencial de Olivos. Muchos detenidos sin registro aparecieron sin vida en baldíos de la zona. Mientras tanto se organizaba el Cabildo Abierto del justicialismo, donde Evita renunció a ser candidata. En plena era de la justicia social, Crisólogo Larralde denunció la aparición de restos humanos en la vía pública.

martes, 21 de agosto de 2012

Cooke en la cárcel



Hoy en la Argentina se "debate" si los periodistas y los historiadores deben decir la verdad o deben mentir. Un supuesto referente de los derechos humanos afirmó: “la Argentina tuvo hace más de medio siglo un servicio penitenciario modelo para todo el mundo en la época que lo dirigía Roberto Pettinatto, y eso fue destruido a partir de 1955 y el destrato que comenzó en las cárceles con las personas privadas de su libertad se replicó luego al resto de la sociedad.” Cualquier progresista diría lo mismo, pero John William Cooke opinaba diferente, como muchos peronistas detenidos, quienes destacaron al régimen penal conducido por Juan Ovidio Zavala entre octubre de 1955 y abril de 1956 como muy correcto, sin excepciones. El policía Juan Simón Etchart, quien torturó al mismo Zavala en Boulogne en 1951, es el mejor testigo, pues en 1955 quedó preso, en manos de su previa víctima, y esperaba una venganza. No obstante, ante la prensa presente, Etchart afirmó: “Digan (insistió con el ruego) que Zavala es el hombre más bueno del mundo. Es un santo.” La víctima había protegido a su verdugo. 

Zavala renunciaría en abril, antes de los fusilamientos de 1956, mucho más famosos que los los fusilamientos de 1947, aunque éstos fueron masivos. Durante su gestión, el detenido John Cooke recibió a los periodistas en el pasillo y los invitó a pasar a la celda “como quien se siente en su casa”. Afirmó Cooke: “quisiera aclararles que el régimen aquí es bastante bueno, todo lo bueno que uno puede apreciar cuando está entre rejas…pero me gustaría que nos dejaran leer los diarios, a lo mejor se ocupan de mí…” También dijo ser un “prisionero de guerra”. El ex diputado José Astorgano afirmó ante la prensa: “Vean, muchachos, ese es un tipo de oro (en referencia a Juan Ovidio Zavala), se los puedo garantizar…”. El conocido Hugo del Carril sostuvo: “He aumentado de peso. Lo menos cinco kilos. No tengo ningún motivo de queja para el trato que me dan y creo que a todos les pasa igual”. Pronto fue liberado por una gestión de Cipriano Reyes, quien le dijo a un preso quejoso: “mucho peor estuvimos nosotros”. Gremialistas como Pedro Otero le agradecieron al “compañero Cipriano” que velara por la integridad de ellos. Reyes tenía en el cuerpo las marcas del régimen anterior, cuando nadie se animó a visitarlo.

El ex diputado Valerio Rouggier expresó: "Pueden decir que nos tratan humanamente". Un cronista ironizó: -¿cómo antes?. No hubo respuesta. Otros detenidos que elogiaron al nuevo régimen penal, que reemplazó al de Pettinato, fueron el ex ministro Oscar Nicolini (responsable en el caso de las obreras telefonistas de 1949) y el señor Guillermo Patricio Kelly, líder de la "alianza nacionalista" que ponía bombas a los partidos de izquierda. Los periodistas que visitaron la penitenciaría vieron al ex diputado Héctor Cámpora paseando por los pasillos con una toalla. Es cierto que lloraba, pero nadie le pegó. Son testimonios de los peronistas, no propaganda carcelera. Los casos demuestran que John Cooke no ignoraba que entre sus compañeros de detención había ladrones y torturadores, como Simón Etchart y Salomón Wasserman, a los que sería curioso llamar "presos políticos" por sus delitos de lesa humanidad. Cuando era diputado, Cooke había recibido innumerables denuncias de torturas que no atendió

Una historiadora progre elogia prolijamente al régimen penal de Roberto Pettinato, basada en la propaganda del propio Pettinato (pagada por los argentinos, incluyendo a las familias de las víctimas), ignorando todas las torturas a los presos. La Liga Argentina por los Derechos del Hombre, durante el peronismo, afirmó: "el mismo régimen de torturas se aplica en la Argentina no solo a los opositores y presos políticos, sino también a los presos comunes con total impunidad". Un comunista del gremio marítimo, el fogonero Humberto Cavigliani, recordó: "Conocí el rigor de las cárceles. Escuché los relatos de las terribles torturas, vi cómo la policía se llevaba a los buenos compañeros. Los visité en las mazmorras carcelarias". Lo menciona Torcuato Di Tella. La obrera ferroviaria Blanca Emina Olivera fue alojada en la cárcel con su beba en 1951. No le dejaron tomar sol ni recibir alimentos adecuados para la criatura, tanto en Orden Gremial como en la cárcel de mujeres. La Liga por los Derechos ironizó que esa beba había atentado contra la seguridad del Estado.



Los ferroviarios detenidos en la penitenciaría fueron vejados, rapados y no se informó su paradero. Por semanas sus familias recorrieron centros de detención para encontrarlos. Durante la huelga metalúrgica hubo hechos muy parecidos, e incluso luctuosos. “Cada una de estas huelgas era seguida de una represión antipopular, con presos y torturas”, afirmó Alfredo Villalba Welsh. La historiadora que admira a Pettinato omite hablar de los presos políticos, cuyo maltrato sería inocultable, y prefiere fantasear con presos comunes felices, según las revistas de Pettinato. En el colmo del cinismo, admite que los penados políticos están desaparecidos por la propaganda penal peronista, sin que le preocupe averiguar la suerte que corrieron. Detrás de la farsa publicitaria, los políticos convivían muchas veces con presos comunes, como Juan Vinti, mafioso rosarino, viviendo el mismo trato. El asesino del senador Enzo Bordabehere, el matón Ramón Valdez Cora, se paseaba cerca de estudiantes presos, aunque fue indultado por Perón en 1953. El laborista Dardo Cufré jugaba al sapo con un ladrón común. El estudiante Juan Ovidio Zavala se juntaba con asesinos como Vinti o el misionero Acosta en la penitenciaría. Hubo reclusas muertas y desaparecidas en la cárcel de Olmos en 1952 e innumerables heridas. Las imágenes de los presos comunes torturados hablan solas. En cuanto a los "penados felices" de la publicidad, Cipriano Reyes explicó que muchos eran obligados a poner retratos de Perón y Evita para las visitas y las fotos, y acaso a cantar la marcha ritual. Si alguien protestaba, los guardianes procedían. 

Hubo crueles castigos a quienes se negaron al homenaje a Evita en 1952. El "rengo" Díaz, guardián peronista, se impresionó por la dureza de las medidas. En el sótano apaleaban sin piedad. A la pileta "17 de octubre" que muestran las fotos no accedía ni el uno por ciento de los penados. Juan Ovidio Zavala, citado más arriba, contó sobre la cárcel de Olmos (respecto a 1951): “Yo buscaba con desesperación cualquier cosa que cortara o al menos que tuviera punta, un vidrio, un cuchillo... Habría matado a los cinco guardianes con los que peleé si así evitaba la tortura… Nos estaba macerando el régimen vigente, que ya no distinguía entre víctimas y victimarios”. Agrega datos sobre la penitenciaría nacional: “Roberto Pettinato, allegado de Evita, había militarizado una institución que requería todo lo contrario: atención psicológica y física de los internos. Pettinato se cubrió de uniformes y charreteras, y endilgó ropas militares y espadines a los alumnos de la escuela penitenciaria. Más de una vez se hizo encerrar en una celda con el interno quejoso y resolvió el asunto a trompadas. Él sabía boxear, era grande y fuerte, y, sobre todo, tenía de guardaespaldas a todos sus empleados.” Sobre la atención médica, relató: "Nadie escuchaba una queja de un condenado, que se enfermaba y moría con limitado apoyo profesional. Lo habíamos experimentado en carne propia." Su hermanoerto Gilberto Zavala se desmayó apenas por hacer gimnasia, dada la pésima comida que recibían.

El señor Cipriano Reyes afirmó sobre la penitenciaría: “Al pabellón de 'disciplina atenuada' iban los delatores y aquéllos cuyas hermanas o esposas accedían a la humillación de hacer determinados 'trámites' en la dirección general. Todo en el régimen carcelario peronista tendía a destruir la personalidad humana.” Hoy el pabellón atenuado es citado como ejemplo humanitario por los muchachos de la facultad. La militante laborista Lidia Riquelme relató cómo fue vejada moral y físicamente por Roberto Pettinato, quien además la enchalecó por una semana, lo que también hizo con dos madres obreras, con otros castigos crueles. Juan Ovidio Zavala recuerda vivencialmente que Pettinato abusaba de mujeres indefensas en la cárcel. En cuanto a los despojos, como hoy en la Argentina robar es una virtud progre, nadie cuestiona que Pettinato amasó dos millones de pesos y 21 propiedades, metiendo la garra a sus propios empleados, en una época en que Ricardo Balbín no tenía teléfono. El dirigente campesino Ángel Rodríguez, secuestrado por decreto de Perón en 1954 (quedando desaparecido), relató: “Este penal de Olmos era algo terrible. Había hombres a quienes desfiguraron totalmente; a algunos les cortaron la nariz, a otros las mejillas y orejas y lo grave es que a muchos no se les prestaba ni siquiera atención médica y morían. Nuestro ‘grave’ delito era no compartir las ideas del régimen peronista”. 


Rodríguez fue torturado con picana dentro y fuera de la cárcel. Uno de sus verdugos fue el guardián conocido como el “colorado” Marciano Suárez. El socialista Carlos Sanchez Viamonte, detenido en 1953, afirmó: “No cedo a la tentación de narrar los innumerables detalles de nuestra vida en la Penitenciaría Nacional. Ello demandaría un libro entero… pero no puedo pasar por alto algo de lo que puede facilitar la comprensión de este episodio que, no obstante su importancia documental, es generalmente ignorado. Las víctimas de aquél atentado a la dignidad humana, precisamente los más afectados y doloridos,  adoptaron, como la actitud más conveniente, el callar todo lo que había de inhumano y humillante en el tratamiento que se nos daba, y hasta se contrajo el compromiso de seguir callando después, cuando recuperásemos la libertad. Por mi parte, manifesté mi desacuerdo con el sistema adoptado, que tenía por fundamento el no dar al tirano, a sus esbirros y cómplices el placer que les proporcionaban nuestros sufrimientos. A mi juicio, eso era un error y tendría como inevitable consecuencia la ignorancia de lo acontecido, hasta el punto de no tomársele en cuenta en el juicio que habría de pronunciar la historia.” Así lo expresó en el entierro de uno de los torturados, Vicente Centurión. Al salir de la cárcel en 1955, Cipriano Reyes lanzó el nuevo lema laborista: "sin odios ni rencores, hacia un mundo mejor". Afirmó que "nada ni nadie podrá vencer mi voluntad de unir a la familia argentina".




Investigaciones registradas con derechos de autor

viernes, 3 de agosto de 2012

Buena memoria


El gobierno volvió a dedicar elogios al torturador Roberto Pettinato. "La fuerza moral está incólume en Cipriano Reyes, pero su físico exhibe las huellas del ensañamiento de los torturadores y siete años de encierro... Las torturas y la cárcel han descarnado su cuerpo y sus mejillas. Es un sobreviviente que bien pudo estar entre los cadáveres encontrados en el baldío de Florida o en el crematorio de la Chacarita ", afirmó el diario Crítica. "En la penitenciaría soportamos una más dura y alevosa situación, sujetos a la más intolerable disciplina penal. Los guardias eran casi todos analfabetos –la mayoría de ellos habían sido traído por Pettinato de la prisión de Ushuaia, en la que se aplicaba la tortura y toda clase de vejámenes a los reclusos-; aquí se empleaba el mismo trato, sin hacer ninguna distinción; todos éramos patibularios", expresó Cipriano Reyes

"Los pabellones V, VI y VII de la penitenciaría nacional están convertidos en campos de concentración... obreros y estudiantes fueron torturados", denunció Santiago Nudelman en 1952. Una crónica de 1956 señala: “Juan Gómez, justicialista, uno de los colaboradores técnicos del señor Roberto Pettinato, dispuso una medida salvadora. ‘–Echen una bomba de gases por la mirilla…' Hubo un nuevo alarido de infierno. A las muertas las llevaron entre gallos y medianoche a una ignorada sepultura... Existió un ‘régimen penitenciario justicialista’, patrocinado por el gobierno –en forma publicitariamente inobjetable- y del cual fue jactancioso apóstol Roberto Pettinato... en recio contraste con la desolada realidad que vivían los reclusos". Es inexacto que Pettinato haya terminado con los grillos. El general Benjamín Menéndez y los alzados de 1951 fueron engrillados en la penitenciaría y así se los trasladó hacia el sur del país. Pocos meses después, el mismo Juan Duarte contempló las torturas a un periodista, según denunció la víctima.

Ver Las cárceles en tiempos de Perón, Revista Todo es Historia N° 525, abril de 2011 

sábado, 14 de julio de 2012

El torturador favorito del progresismo



El oficial Salomón Wasserman fue felicitado por el presidente Perón el día que torturó a Cipriano Reyes en 1948. Un informe de esa época, firmado por el diputado Arturo Illia, afirma: "El gobierno premia a delincuentes torturadores". La frase tiene vigencia. El torturador Roberto Pettinato es el ídolo condecorado por Néstor KirchnerCristina FernándezDaniel ScioliRaúl Zaffaroni y Julio Alaken presencia de la señora Estela Carlotto




En tiempos de Perón, Pettinato fue el culpable directo de los brutales tormentos contra la militante laborista Lidia Riquelme y contra las madres obreras Josefa Oliver de Pupitti y Rosa Silvero de Benavet, vejadas moral y físicamente, enchalecadas, amordazadas y encerradas en el hospital psiquiátrico, falseando su estado de salud. 



Pettinato también abusó de las familiares de los presos y escapó del país contando con 21 propiedades y dos millones de pesos, habiendo robado dinero a sus propios empleados, y hecho trabajar a sus reclusos para construir costosos muebles a funcionarios del régimen, como el ministro Natalio Carbajal Palacios. Con plata de sus empleados, Pettinato obsequió a funcionarios como Antonio Cafiero y Raúl Apold, según el diario El Mundo



Su régimen de terror penal fue descripto por el socialista, Carlos Sánchez Viamonte, una de sus víctimas, como un "atentado a la dignidad humana", donde a muchos jóvenes "se les había aplicado la picana eléctrica con habilidad y ensañamiento por el sádico placer de verlos sufrir", como Ángel Rodríguez y Vicente Centurión.



"Son de orden común los delitos de Pettinato", tituló el diario Clarín. La Liga Argentina por los Derechos del Hombre incluyó a Pettinato en sus listas de torturadores divulgadas en 1955. Hoy es el verdugo favorito del progresismo, presentado como ejemplo en los centros de estudio. "En forma dolosa Pettinato reúne una fortuna", tituló El Mundo.       



El doctor Santiago Nudelman describió a los pabellones VI  y VII de la penitenciaría como "verdaderos campos de concentración", aunque la propaganda del gobierno dijera otra cosa. Cipriano Reyes demolió la publicidad de Pettinato: "¡Eran todas mentiras! Quisiera que todos los ciudadanos y ciudadanas argentinas hubieran escuchado gritar a los presos que apaleaban en el sótano, por las faltas más leves. Obligaban a los penados a tener retratos de Perón y Eva Perón.




Continúa Reyes: "Al pabellón de 'disciplina atenuada' iban los delatores y aquéllos cuyas hermanas o esposas accedían a la humillación de hacer determinados 'trámites' en la dirección general. Todo en el régimen carcelario peronista tendía a destruir la personalidad humana. La violencia de los celadores exigía autómatas capaces de soportarla". Pettinato estaba ligado a policías torturadores como el comisario Miguel Gamboa, a quien también hizo regalos. 





En la cárcel de mujeres, formó grupos de choque para golpear a víctimas como Leonor Martínez. Su éxito publicitario coincidió con el cierre de más de 140 diarios en todo el país. Uno de los últimos periodistas que vivió el peronismo, Rodolfo Pandolfi, definió el premio de Kirchner a Pettinato como una "macabra ceremonia de beatificación". El doctor Hipólito Solari Yrigoyen, víctima del terrorismo de Estado, tomó nota del caso.



"El Estado Nacional Argentino recuerda a una figura prominente, Roberto Pettinato, que debe ser tomado como ejemplo", afirmó Néstor Kirchner, Presidente de la Nación, en 2005. Por su parte, el informe de Juan Ovidio Zavala (un ex detenido torturado en 1951 y testigo de las cárceles de Perón) describió en 1955 el injustificable patrimonio del ex director penal del peronismo.


Afirmaron Zavala y su gente: "Entre los bienes de Pettinato inventariados hasta ahora, figuran los siguientes lotes de terrenos y casas: 6 lotes en la provincia de Córdoba, sin valuación; 8 en Ezeiza, sin valuación; 5, en Mar del Plata, por 270.000 pesos; 2 lotes en Haedo, sin valuación; lote y casa, en Marcos Paz, sin valuación. Lote y casa en Miguelette Nº 2561, de esta capital, por 1.000.000 de pesos; departamento en propiedad horizontal, Pichincha Nº 66, de esta capital, por 40.000 pesos." 




Continúa el informe: "Asimismo, figuran un automóvil Fiat, 100.000 pesos y un “jeep” Willys, 40.000 pesos. Como inversiones de capital figura la suma de 84.000 pesos en la firma Spivak, Coggiola y Cia., de la que es socio su pariente Antonio Cianciarullo quien, además, figura como ‘prestanombre’ en declaraciones juradas presentadas por Pettinato ante la dirección general impositiva.” 



Registrado con derechos de autor.



       Detrás del relato

sábado, 7 de julio de 2012

El bombo del 17


El estado "memorioso" le debe un premio por su bullanguero aporte a la justicia social. Sonríe irónico: "Gracias a Dios nunca viví de la política". Juan Clidas es un pionero de la manifestación argentina. Hizo sonar bombos y tambores en Berisso y en La Plata. Arrancó por las calles Trieste, Génova, en un campito al lado del río y adentro del barrio, cuando le daban al parche con los "pibes" de la murga los Martilleros y la gente chocaba con la policía, iba y venía, en los pañuelos agua de zanja para los gases. El bombo nació a la vida política en 1944 de la mano de este obrero de cuchillo del frigorífico Swift. Enlace: El bombo del pueblo. 



sábado, 30 de junio de 2012

Juan Duarte en una sala de torturas


En febrero de 1952 el coronel José Francisco Suárez, conspirador armado contra Perón, fue capturado con sus hombres y torturado en el segundo piso del Departamento de Policía. Su gente narró los hechos al juez Miguel Vignola, quien creyó que “no guardaban estilo” y los encarceló a todos, incluso a sus abogados. Más tarde, otra de las víctimas, Alfonso Nuñez Malnero, médico y ex redactor del diario La Prensa (tomado por la CGT en 1951), denunció ante el juez Raúl Pizarro Miguens que el señor Juan Ramón Duarte, secretario del Presidente de la Nación, había presenciado en la sala de torturas las descargas eléctricas ordenadas por Perón. 

Otra víctima fue Oscar Martínez Zemborain, luego defensor del gobierno de Arturo Illia. Nuñez Malnero acusó a los policías Jorge Mora, Camilo Racana, Miguel Gamboa y al ex presidente Juan Perón. Un captor (quien fuera su paciente) le había dicho: “Doctor, trate de salvarse… Estamos bajo Estado de guerra interno y le puede suceder lo peor. Recibimos órdenes directamente del Presidente.” Al coronel Suárez, Racana le había dicho: “hablás o te ponemos en la parrilla”. El militar calló antes y después de los castigos y salvó a decenas de implicados.

Juan Ramón Duarte, según el film "Ay Juancito".

El diario La Razón publicó: “Recuerda el denunciante (Nuñez Malnero) que el desaparecido Juan Duarte, presenció los  martirios que se inflingieron a él y a sus compañeros… los malos tratamientos habían sido ordenados por el propio Perón”. El detenido Juan Ovidio Zavala recordaría: “Al ayudante del coronel Suárez, el teniente Demichelli, hartos de torturarlo para que diera detalles de la conspiración, lo llevaron a un descampado y uno de los matones le dijo: ‘Oíme boludo, decí quienes más estaban en el despelote o la orden es que te sirvamos’… Todos, torturadores y torturado, estaban hartos de este jaleo, con transpiración y olores que ya se hacían insoportables hasta para los más pintados.” Entonces, Atilio Demichelli dijo que estaba listo para ser fusilado. 

El juez Raúl Pizarro Miguens es el mismo que cerrara el caso Juan Duarte, fallecido en 1952. Los policías presentes en la escena del final fueron dos torturadores, los comisarios Miguel Gamboa y Eugenio Benítez (compañero de tareas de Jorge Osinde), quienes colaboraron con la versión del suicidio del secretario presidencial, aunque la inconsistencia de las pruebas era importante, como lo investigó el capitán de navío Aldo Molinari.