martes, 21 de agosto de 2012

Cooke en la cárcel



Hoy en la Argentina se "debate" si los periodistas y los historiadores deben decir la verdad o deben mentir. Un supuesto referente de los derechos humanos afirmó: “la Argentina tuvo hace más de medio siglo un servicio penitenciario modelo para todo el mundo en la época que lo dirigía Roberto Pettinatto, y eso fue destruido a partir de 1955 y el destrato que comenzó en las cárceles con las personas privadas de su libertad se replicó luego al resto de la sociedad.” Cualquier progresista diría lo mismo, pero John William Cooke opinaba diferente, como muchos peronistas detenidos, quienes destacaron al régimen penal conducido por Juan Ovidio Zavala entre octubre de 1955 y abril de 1956 como muy correcto, sin excepciones. El policía Juan Simón Etchart, quien torturó al mismo Zavala en Boulogne en 1951, es el mejor testigo, pues en 1955 quedó preso, en manos de su previa víctima, y esperaba una venganza. No obstante, ante la prensa presente, Etchart afirmó: “Digan (insistió con el ruego) que Zavala es el hombre más bueno del mundo. Es un santo.” La víctima había protegido a su verdugo. 

Zavala renunciaría en abril, antes de los fusilamientos de 1956, mucho más famosos que los los fusilamientos de 1947, aunque éstos fueron masivos. Durante su gestión, el detenido John Cooke recibió a los periodistas en el pasillo y los invitó a pasar a la celda “como quien se siente en su casa”. Afirmó Cooke: “quisiera aclararles que el régimen aquí es bastante bueno, todo lo bueno que uno puede apreciar cuando está entre rejas…pero me gustaría que nos dejaran leer los diarios, a lo mejor se ocupan de mí…” También dijo ser un “prisionero de guerra”. El ex diputado José Astorgano afirmó ante la prensa: “Vean, muchachos, ese es un tipo de oro (en referencia a Juan Ovidio Zavala), se los puedo garantizar…”. El conocido Hugo del Carril sostuvo: “He aumentado de peso. Lo menos cinco kilos. No tengo ningún motivo de queja para el trato que me dan y creo que a todos les pasa igual”. Pronto fue liberado por una gestión de Cipriano Reyes, quien le dijo a un preso quejoso: “mucho peor estuvimos nosotros”. Gremialistas como Pedro Otero le agradecieron al “compañero Cipriano” que velara por la integridad de ellos. Reyes tenía en el cuerpo las marcas del régimen anterior, cuando nadie se animó a visitarlo.

El ex diputado Valerio Rouggier expresó: "Pueden decir que nos tratan humanamente". Un cronista ironizó: -¿cómo antes?. No hubo respuesta. Otros detenidos que elogiaron al nuevo régimen penal, que reemplazó al de Pettinato, fueron el ex ministro Oscar Nicolini (responsable en el caso de las obreras telefonistas de 1949) y el señor Guillermo Patricio Kelly, líder de la "alianza nacionalista" que ponía bombas a los partidos de izquierda. Los periodistas que visitaron la penitenciaría vieron al ex diputado Héctor Cámpora paseando por los pasillos con una toalla. Es cierto que lloraba, pero nadie le pegó. Son testimonios de los peronistas, no propaganda carcelera. Los casos demuestran que John Cooke no ignoraba que entre sus compañeros de detención había ladrones y torturadores, como Simón Etchart y Salomón Wasserman, a los que sería curioso llamar "presos políticos" por sus delitos de lesa humanidad. Cuando era diputado, Cooke había recibido innumerables denuncias de torturas que no atendió

Una historiadora progre elogia prolijamente al régimen penal de Roberto Pettinato, basada en la propaganda del propio Pettinato (pagada por los argentinos, incluyendo a las familias de las víctimas), ignorando todas las torturas a los presos. La Liga Argentina por los Derechos del Hombre, durante el peronismo, afirmó: "el mismo régimen de torturas se aplica en la Argentina no solo a los opositores y presos políticos, sino también a los presos comunes con total impunidad". Un comunista del gremio marítimo, el fogonero Humberto Cavigliani, recordó: "Conocí el rigor de las cárceles. Escuché los relatos de las terribles torturas, vi cómo la policía se llevaba a los buenos compañeros. Los visité en las mazmorras carcelarias". Lo menciona Torcuato Di Tella. La obrera ferroviaria Blanca Emina Olivera fue alojada en la cárcel con su beba en 1951. No le dejaron tomar sol ni recibir alimentos adecuados para la criatura, tanto en Orden Gremial como en la cárcel de mujeres. La Liga por los Derechos ironizó que esa beba había atentado contra la seguridad del Estado.



Los ferroviarios detenidos en la penitenciaría fueron vejados, rapados y no se informó su paradero. Por semanas sus familias recorrieron centros de detención para encontrarlos. Durante la huelga metalúrgica hubo hechos muy parecidos, e incluso luctuosos. “Cada una de estas huelgas era seguida de una represión antipopular, con presos y torturas”, afirmó Alfredo Villalba Welsh. La historiadora que admira a Pettinato omite hablar de los presos políticos, cuyo maltrato sería inocultable, y prefiere fantasear con presos comunes felices, según las revistas de Pettinato. En el colmo del cinismo, admite que los penados políticos están desaparecidos por la propaganda penal peronista, sin que le preocupe averiguar la suerte que corrieron. Detrás de la farsa publicitaria, los políticos convivían muchas veces con presos comunes, como Juan Vinti, mafioso rosarino, viviendo el mismo trato. El asesino del senador Enzo Bordabehere, el matón Ramón Valdez Cora, se paseaba cerca de estudiantes presos, aunque fue indultado por Perón en 1953. El laborista Dardo Cufré jugaba al sapo con un ladrón común. El estudiante Juan Ovidio Zavala se juntaba con asesinos como Vinti o el misionero Acosta en la penitenciaría. Hubo reclusas muertas y desaparecidas en la cárcel de Olmos en 1952 e innumerables heridas. Las imágenes de los presos comunes torturados hablan solas. En cuanto a los "penados felices" de la publicidad, Cipriano Reyes explicó que muchos eran obligados a poner retratos de Perón y Evita para las visitas y las fotos, y acaso a cantar la marcha ritual. Si alguien protestaba, los guardianes procedían. 

Hubo crueles castigos a quienes se negaron al homenaje a Evita en 1952. El "rengo" Díaz, guardián peronista, se impresionó por la dureza de las medidas. En el sótano apaleaban sin piedad. A la pileta "17 de octubre" que muestran las fotos no accedía ni el uno por ciento de los penados. Juan Ovidio Zavala, citado más arriba, contó sobre la cárcel de Olmos (respecto a 1951): “Yo buscaba con desesperación cualquier cosa que cortara o al menos que tuviera punta, un vidrio, un cuchillo... Habría matado a los cinco guardianes con los que peleé si así evitaba la tortura… Nos estaba macerando el régimen vigente, que ya no distinguía entre víctimas y victimarios”. Agrega datos sobre la penitenciaría nacional: “Roberto Pettinato, allegado de Evita, había militarizado una institución que requería todo lo contrario: atención psicológica y física de los internos. Pettinato se cubrió de uniformes y charreteras, y endilgó ropas militares y espadines a los alumnos de la escuela penitenciaria. Más de una vez se hizo encerrar en una celda con el interno quejoso y resolvió el asunto a trompadas. Él sabía boxear, era grande y fuerte, y, sobre todo, tenía de guardaespaldas a todos sus empleados.” Sobre la atención médica, relató: "Nadie escuchaba una queja de un condenado, que se enfermaba y moría con limitado apoyo profesional. Lo habíamos experimentado en carne propia." Su hermanoerto Gilberto Zavala se desmayó apenas por hacer gimnasia, dada la pésima comida que recibían.

El señor Cipriano Reyes afirmó sobre la penitenciaría: “Al pabellón de 'disciplina atenuada' iban los delatores y aquéllos cuyas hermanas o esposas accedían a la humillación de hacer determinados 'trámites' en la dirección general. Todo en el régimen carcelario peronista tendía a destruir la personalidad humana.” Hoy el pabellón atenuado es citado como ejemplo humanitario por los muchachos de la facultad. La militante laborista Lidia Riquelme relató cómo fue vejada moral y físicamente por Roberto Pettinato, quien además la enchalecó por una semana, lo que también hizo con dos madres obreras, con otros castigos crueles. Juan Ovidio Zavala recuerda vivencialmente que Pettinato abusaba de mujeres indefensas en la cárcel. En cuanto a los despojos, como hoy en la Argentina robar es una virtud progre, nadie cuestiona que Pettinato amasó dos millones de pesos y 21 propiedades, metiendo la garra a sus propios empleados, en una época en que Ricardo Balbín no tenía teléfono. El dirigente campesino Ángel Rodríguez, secuestrado por decreto de Perón en 1954 (quedando desaparecido), relató: “Este penal de Olmos era algo terrible. Había hombres a quienes desfiguraron totalmente; a algunos les cortaron la nariz, a otros las mejillas y orejas y lo grave es que a muchos no se les prestaba ni siquiera atención médica y morían. Nuestro ‘grave’ delito era no compartir las ideas del régimen peronista”. 


Rodríguez fue torturado con picana dentro y fuera de la cárcel. Uno de sus verdugos fue el guardián conocido como el “colorado” Marciano Suárez. El socialista Carlos Sanchez Viamonte, detenido en 1953, afirmó: “No cedo a la tentación de narrar los innumerables detalles de nuestra vida en la Penitenciaría Nacional. Ello demandaría un libro entero… pero no puedo pasar por alto algo de lo que puede facilitar la comprensión de este episodio que, no obstante su importancia documental, es generalmente ignorado. Las víctimas de aquél atentado a la dignidad humana, precisamente los más afectados y doloridos,  adoptaron, como la actitud más conveniente, el callar todo lo que había de inhumano y humillante en el tratamiento que se nos daba, y hasta se contrajo el compromiso de seguir callando después, cuando recuperásemos la libertad. Por mi parte, manifesté mi desacuerdo con el sistema adoptado, que tenía por fundamento el no dar al tirano, a sus esbirros y cómplices el placer que les proporcionaban nuestros sufrimientos. A mi juicio, eso era un error y tendría como inevitable consecuencia la ignorancia de lo acontecido, hasta el punto de no tomársele en cuenta en el juicio que habría de pronunciar la historia.” Así lo expresó en el entierro de uno de los torturados, Vicente Centurión. Al salir de la cárcel en 1955, Cipriano Reyes lanzó el nuevo lema laborista: "sin odios ni rencores, hacia un mundo mejor". Afirmó que "nada ni nadie podrá vencer mi voluntad de unir a la familia argentina".




Investigaciones registradas con derechos de autor

viernes, 3 de agosto de 2012

Buena memoria


El gobierno volvió a dedicar elogios al torturador Roberto Pettinato. "La fuerza moral está incólume en Cipriano Reyes, pero su físico exhibe las huellas del ensañamiento de los torturadores y siete años de encierro... Las torturas y la cárcel han descarnado su cuerpo y sus mejillas. Es un sobreviviente que bien pudo estar entre los cadáveres encontrados en el baldío de Florida o en el crematorio de la Chacarita ", afirmó el diario Crítica. "En la penitenciaría soportamos una más dura y alevosa situación, sujetos a la más intolerable disciplina penal. Los guardias eran casi todos analfabetos –la mayoría de ellos habían sido traído por Pettinato de la prisión de Ushuaia, en la que se aplicaba la tortura y toda clase de vejámenes a los reclusos-; aquí se empleaba el mismo trato, sin hacer ninguna distinción; todos éramos patibularios", expresó Cipriano Reyes

"Los pabellones V, VI y VII de la penitenciaría nacional están convertidos en campos de concentración... obreros y estudiantes fueron torturados", denunció Santiago Nudelman en 1952. Una crónica de 1956 señala: “Juan Gómez, justicialista, uno de los colaboradores técnicos del señor Roberto Pettinato, dispuso una medida salvadora. ‘–Echen una bomba de gases por la mirilla…' Hubo un nuevo alarido de infierno. A las muertas las llevaron entre gallos y medianoche a una ignorada sepultura... Existió un ‘régimen penitenciario justicialista’, patrocinado por el gobierno –en forma publicitariamente inobjetable- y del cual fue jactancioso apóstol Roberto Pettinato... en recio contraste con la desolada realidad que vivían los reclusos". Es inexacto que Pettinato haya terminado con los grillos. El general Benjamín Menéndez y los alzados de 1951 fueron engrillados en la penitenciaría y así se los trasladó hacia el sur del país. Pocos meses después, el mismo Juan Duarte contempló las torturas a un periodista, según denunció la víctima.

Ver Las cárceles en tiempos de Perón, Revista Todo es Historia N° 525, abril de 2011