miércoles, 30 de enero de 2013

Censura al tango


Un símbolo contra los fascistas

La generación del 45' recuerda cambios de colores y de banderas en el país, entre muchas ironías. Durante la guerra mundial, la resistencia usó la señal de la V, como lo hizo Winston Churchill, conductor británico. En la Argentina, la oposición a Perón hizo lo mismo, para sugerir que el gobierno era fascista. Después la V fue pasando de manos. La GGT, confederación general del trabajo, había integrado la Unión Democrática, que no nació en 1945, sino antes de Perón. Los derechos humanos tenían pocos defensores, que no pedían ayuda a los peronistas, sino a los radicales. Los nacionalistas, mezclados con nazis de verdad, después fueron de izquierda. El falangismo se acercó al rojo, antes enemigo. 

Censura al lunfardo
En la posguerra se hablaba de la unión americana, pero no al estilo del caudillo Yrigoyen, sino una unión de dictaduras, algunas de ellas legales. El general Fulgencio Batista, de Cuba, fue aliado de la Argentina, como Anastasio Somoza, de Nicaragua. En casi toda la región había generales con discurso social. Una excepción era Uruguay, mal mirado por la orilla vecina. La represión no salía en los diarios. Santiago Cahill, peronista de Morón, fue castigado por policías afiliados a su mismo partido. Algunos radicales eran de armas y ponían bombas. Evita dijo ser radicala antes del mito, como lo era Moisés Lebensohn. Evita y Moisés fueron amigos en Junín y tomaron café en la calle Corrientes. Muchos descamisados se ponían el saco para salir. El tango tuvo éxito con los conservadores pero no tanto con el peronismo, bastante clerical antes de 1955. Del Carril cantaba letras amigables. El lunfardo sufría cierta censura, como los homosexuales y el abrazo sensual en público. La explosión alegre de la murga llegó a la política en el sur, pero en Buenos Aires, el ministro Juan Pistarini hizo fajar al jefe de la comparsa.