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jueves, 12 de septiembre de 2013

Confesión de Allende


En los años cincuenta, el gobierno justicialista apoyó al general Carlos Ibañez del Campo, gobernante de Chile, como también al general Alfredo Stroessner, del Paraguay. Tan tensa fue la relación con el vecino rioplatense, una humilde democracia, que se pensó en agredirlo, y en la otra orilla se festejó la revolución libertadora de 1955. Un joven de familia rica había buscado armas en Montevideo para encargarse del presidente argentino. Pidió expresamente "un fusil para matar a Perón". Se trataba de Diego Muñiz Barreto, quien se convertiría en peronista armado a la vuelta de los años sesenta, implicado en el caso Aramburu, y así moriría asesinado en los años setenta. El general Alejandro Lanusse, dictador de derecha según todos saben o repiten, fue condecorado en 1971 por el presidente socialista Salvador Allende, de la república de Chile. 



En una reunión con Arturo Illia y Raúl Alfonsín, Allende confesó que sus enemigos, además de los obvios, eran la izquierda dura que no comprendía a su gobierno. Observadores atentos señalaron que Allende podría haberse aliado con demócratas que apenas diferían con una dureza de discurso, equilibrado y acaso evitado el desenlace violento. En ese sentido, un miembro de la familia Castro opinó que la visita de Fidel y de sus pares cubanos al país cordillerano precipitó la reacción menos deseada. Cuando Perón volvió a la Argentina, tuvo una buena relación con el general Augusto Pinochet, la contracara de Allende. Alguien recordó que la central obrera (CGT), ariete sindical del peronismo, había saludado un golpe militar del que después se declaró su víctima. El general Perón había sido el líder meridional de una guerrilla lejana, desde el convento católico franquista. La guerrilla peronista, a su vez, combatió a Lanusse pero tuvo ciertos pases con su precedente de Onganía y con la posterior dictadura de 1976.


*Testimonios de Rodolfo Pandolfi, Emilio Gibaja e Hipólito Solari Yrigoyen.