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miércoles, 30 de octubre de 2013

Alfarería

gohete.edu.ar
Una parte argentina no negocia el derecho a pelear con la policía, a tomar lugares, a disfrutar mensajes fascistas o a revindicar algunos crímenes. Agredir al Uruguay está en la lista. La Argentina protesta como pocos, pero no desarrolló el derecho a ir a trabajar como la gente. En tiempos de Frondizi, se libró una batalla del petróleo y una batalla del transporte. El presidente desarrollista (1958-1962) creía cambiar las reglas de juego, pero casi lo matan. El doctor Illia, su amigo, se puso en contra.

Gente de su misma idea, afirma que el país es la pobreza y la desgracia del transporte, pero no en primer lugar. Otro grabado persiste, de Rafaela a Villa María, de Oberá a San Rafael, Chacabuco, Junín o Pergamino. Una ciudad que admiró José Martí, un programa de educación, una reforma universitaria, la inmigración y el sindicalismo, un nobel anarquista o el juicio a los militares, no están detrás de la corrupción. Para René Balestra, la constitución fue un trabajo de alfarería. Ver El tren de Perón

Carlos Necochea, del gremio La Fraternidad, torturado
 durante la huelga ferroviaria de 1951. Héroe 
anónimo del movimiento obrero.



miércoles, 16 de octubre de 2013

La proscripción


Aramburu inventó la proscripción del peronismo. Muchos entendidos afirman la creencia. La historia, en realidad, fue un poco diferente. El gobierno de Perón hizo una doble proscripción contra el partido más obrero. El Partido Laborista, que llevó a Perón al poder, fue asaltado por la policía. La persecución incluyó secuestros, torturas y crímenes como el de Manuel Mustafá. Las víctimas humildes bonaerenses no suelen atraer a la izquierda de clase media, que sueña con guerrilleros pitucos. Dardo Cufré y Manuel Mustafá, gente armada en 1945, no tienen lugar en las memorias del Estado. Los obreros del 45' fueron desplazados por militares, que no lo defendieron a Perón en 1955.



En la provincia de Buenos Aires, la policía brava citaba a los laboristas para "invitarlos" a pasarse al partido único peronista. Al final, Perón sacó de la ley al laborismo (cuya competencia electoral y actos callejeros quedaron prohibidos) y ordenó el secuestro de sus dirigentes. El Presidente asistió a una pelea de box entre el mono José María Gatica y Alfredo Prada, mientras el plan siniestro estaba en marcha. Días después, el oficial Salomón Wasserman fue ascendido por decreto presidencial cuando torturó a Cipriano Reyes. Mediante una esquela, Perón felicitó a los verdugos: “Esta pesquisa señala hasta donde pueden superarse los servidores públicos". En 1955 el verdugo Wasserman lloró a los pies de Reyes implorando perdón. 



Ver. El Laborismo, línea Cipriano Reyes, investigación de Ariel Kocik que da cuerpo al capítulo 3 del libro Laborismo (Capital Intelectual, 2014) de Santiago Senén González, con epílogo de Juan Carlos Torre).