miércoles, 27 de noviembre de 2013

Formosa y los derechos humanos


Pozo del Tigre, provincia de Formosa, gana espacio en los medios por la miseria y el hambre. En la misma zona, en octubre de 1947, la gendarmería del gobierno popular (peronista) fusiló a más de mil doscientos humildes, con sobrevivientes y familias que hasta hoy no tienen reparación, ni recordación. Gente de izquierda pituca, perseguida por el gobierno de Perón e Isabel (1973-1976), cobra fortunas por daños en comparación menores. Se subsidia a guerrilleros de "buena familia" y se olvida a los más pobres del país.

Ver: Los fusilados

jueves, 21 de noviembre de 2013

Un mártir obrero y radical


En la escuela enseñan otra cosa, pero el terrorismo de Estado es muy viejo. Al alba del peronismo, años cuarenta, Américo Romero era un militante del sindicato de la madera y del radicalismo. Su gremio fue intervenidoEduardo Seijo, líder maderero legítimo, fue secuestrado y deportado a Chile. Lo reemplazó el peronista Graciano Fernández. La delación quedaba instaurada, en nombre de la justicia social

Un día el radical Romero quiso defender a un compañero comunista. Graciano Fernández lo entregó a la policía federal. El comisario Miguel Gamboa ordenó los castigos. Romero sería perseguido, torturado y castigado por diez años de gobierno justicialista. Muchas veces lo secuestraron, lo torturaron, lo dejaron en las vías, en un basural cubierto de sangre, en cárceles y hospitales con la salud muy dañada. Intentó matarse en una comisaría. 

Alberto Lovell


 Vivió para contarla: “Cuando el 'llorón' Wasserman hizo detener a Cipriano Reyes y a sus amigos, yo tuve la desgracia de caer en manos de la Sección Especial. Había escuchado hablar de ella, pero nunca pensé que pudiera reunir a 150 personas tan perversas. Lombilla, Amoresano, Alberto Lovell y otros me arrancaron la dentadura y me tuvieron dos días estaqueado en una mesa, aplicándome la picana eléctrica.” 

Señaló que “Alberto Lovell era el que pegaba más fuerte”. Romero se refería al boxeador de peso completo usado por el régimen de Perón. Esa había sido su primera caída. Lo esperaban nueve años de cruenta persecución. Su delito era ser trabajador y ser radical. Gente que no vivió ni el diez por ciento de las penurias de este hombre, se considera "perseguida" y recibe dinero del Estado, como si hubiera combatido en Chacabuco y Maipú.





miércoles, 13 de noviembre de 2013

El campeón

Espagueti se enfrenta al campeón correntino.
Está por llegar el peronismo. (Foto Carlos Cazorla)

Luis Jorge, Espagueti, fue boxeador, bombero, fundador del sindicato de Berisso y estrella de carnaval. Un patrón gringo lo felicitó tras un combate en el pueblo. Venían tiempos de cambios sociales. Al tiempo, el sindicato de la carne corrió a piñas al gremio del comercio (y a su líder, Angel Borlenghi). El palco fue un ring colectivo. Cipriano Reyes también quiso golpear a Perón, que cerró la puerta de la cocina en la calle Posadas. El coronel era boxeador, como el verdugo de Las Heras, muy amigo suyo. Cuando Evita murió, el General miraba boxeo con Nelly, la jovencita de la UES. (El ayudante Calogero lo vio a Perón con Nelly y también con un nazi famoso). Los hermanos Lovell eran campeones de boxeo y trabajaban de mazorqueros para la policía. Se estrenaba la Constitución peronista y una obrera comunista era golpeada por un luchador de peso completo, campeón olímpico. 

Espagueti luce su mítico traje
de carnaval. (Foto Carlos Cazorla)

Otro Lovell, Pedrito, se haría famoso en Estados Unidos. Una serie de nockouts espectaculares lo llevó al cine, a una de las películas más exitosas (Pedro es The Spider, rival de Rocky Balboa en la saga del film que marcó los años ochenta). Pedro Lovell, de Quilmes Oeste, se convirtió en el bombardero de Los Angeles. Ya no era la generación del mono Gatica, el preferido de Evita, campeón sin corona e ídolo peronista. Gatica también fue amigo del Rubio Zavala, preso de Perón y ministro de Frondizi. Zavala era peleador callejero y fue a la misma cárcel que Balbín, el jefe radical, que también se peleaba. Hubo luchadores con pasión política y tribuneros, en un país compadrito y futbolero. Alberto y Guillermo Lovell eran de Dock Sud y de Quilmes (si bien prestaban servicios en la capital), ciudad que alumbró otro mito. 

Carlos de Godoy, el negro Thompson (parecido al boxeador), fue líder de las tribunas por años. Los enemigos cantaban que era amigo del proceso militar, aunque su gente se peleaba con la policía. Quilmes y Chicago cantaban la marcha peronista desde cuando estaba prohibida. Ese fervor unió a dos barrios antes rivales. Quilmes se siguió peleando con la gente de Boca (el verdadero cuadro de Perón) y con Gimnasia (el cuadro de Balbín), donde sobresalía el negro José Luis, que era rockero y hasta le dedicaron canciones. El peronista José Luis y el doctor Balbín coincidían en que Estudiantes de La Plata era un cuadro oligarca. El zarateño Luis Jorge, tripero en Berisso, sonreiría. El luchador de la cocina del peronismo hoy es ciudadano ilustre. Hace poco Lowell volvió al cine, y otro quilmeño fue campeón del mundo.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Dueños de Perón

El diario El Pergaminense difundió que Rafael Restaino publicó un libro llamado Cuentos Peronistas, el mismo nombre de esta web (http://www.cuentosperonistas.com/), que precede al libro por dos años. El mismo diario se negó a publicar tres aclaraciones sucesivas, luego de haber pedido una carta. Cuentos peronistas no tiene relación con el libro de Restaino, que tomó el mismo nombre de esta web, para darle una función diferente a la de investigar la verdad histórica. Cuentos peronistas ya había conocido la censura de las autoridades de internet en la Argentina, que dijeron que no se podía usar la palabra Perón sin permiso. Más allá de casos puntuales, el charlatanerío de café lleva tiempo contando la historia del peronismo. Ver Sección Robos y Hurtos