miércoles, 13 de noviembre de 2013

El campeón

Espagueti se enfrenta al campeón correntino.
Está por llegar el peronismo. (Foto Carlos Cazorla)

Luis Jorge, Espagueti, fue boxeador, bombero, fundador del sindicato de Berisso y estrella de carnaval. Un patrón gringo lo felicitó tras un combate en el pueblo. Venían tiempos de cambios sociales. Al tiempo, el sindicato de la carne corrió a piñas al gremio del comercio (y a su líder, Angel Borlenghi). El palco fue un ring colectivo. Cipriano Reyes también quiso golpear a Perón, que cerró la puerta de la cocina en la calle Posadas. El coronel era boxeador, como el verdugo de Las Heras, muy amigo suyo. Cuando Evita murió, el General miraba boxeo con Nelly, la jovencita de la UES. (El ayudante Calogero lo vio a Perón con Nelly y también con un nazi famoso). Los hermanos Lovell eran campeones de boxeo y trabajaban de mazorqueros para la policía. Se estrenaba la Constitución peronista y una obrera comunista era golpeada por un luchador de peso completo, campeón olímpico. 

Espagueti luce su mítico traje
de carnaval. (Foto Carlos Cazorla)

Otro Lovell, Pedrito, se haría famoso en Estados Unidos. Una serie de nockouts espectaculares lo llevó al cine, a una de las películas más exitosas (Pedro es The Spider, rival de Rocky Balboa en la saga del film que marcó los años ochenta). Pedro Lovell, de Quilmes Oeste, se convirtió en el bombardero de Los Angeles. Ya no era la generación del mono Gatica, el preferido de Evita, campeón sin corona e ídolo peronista. Gatica también fue amigo del Rubio Zavala, preso de Perón y ministro de Frondizi. Zavala era peleador callejero y fue a la misma cárcel que Balbín, el jefe radical, que también se peleaba. Hubo luchadores con pasión política y tribuneros, en un país compadrito y futbolero. Alberto y Guillermo Lovell eran de Dock Sud y de Quilmes (si bien prestaban servicios en la capital), ciudad que alumbró otro mito. 

Carlos de Godoy, el negro Thompson (parecido al boxeador), fue líder de las tribunas por años. Los enemigos cantaban que era amigo del proceso militar, aunque su gente se peleaba con la policía. Quilmes y Chicago cantaban la marcha peronista desde cuando estaba prohibida. Ese fervor unió a dos barrios antes rivales. Quilmes se siguió peleando con la gente de Boca (el verdadero cuadro de Perón) y con Gimnasia (el cuadro de Balbín), donde sobresalía el negro José Luis, que era rockero y hasta le dedicaron canciones. El peronista José Luis y el doctor Balbín coincidían en que Estudiantes de La Plata era un cuadro oligarca. El zarateño Luis Jorge, tripero en Berisso, sonreiría. El luchador de la cocina del peronismo hoy es ciudadano ilustre. Hace poco Lowell volvió al cine, y otro quilmeño fue campeón del mundo.