sábado, 22 de noviembre de 2014

Los olvidados


Había necesidades, dolores y pobreza. La propaganda habitual de un régimen contrasta con los testimonios de los más perseguidos. En 1955 Cipriano Reyes reclamaba viviendas dignas, un publicitado logro peronista: "Así surió ese inmenso Gran Buenos Aires que une a la ciudad con Florencio Varela y Ensenada, con Tigre, con Moreno, con Matanza. Ahí están viviendo varios millones de trabajadores. ¿Cuántos son los trabajadores del Gran Buenos Aires que no tienen viviendas más o menos dignas? No hablemos de grandes comodidades, sino de esas comodidades esenciales que hacen que los hijos puedan nacer y crecer sanos? He recorrido varias barriadas formadas alrededor de grandes fábricas y como un contraste trágico aparecen al lado de esas fábricas los pobres rancheríos que el viajero veía en el interior del país... Han sido incorporados a las industrias, pero siguen viviendo como los peones de la peor estancia. Les falta agua, higiene, electricidad, y nada pueden sorprenderse si los hijos se mueren a los pocos meses de nacer o crecen enfermizos. Ha llegado la hora de poner remedio a este gran problema. Hay que edificar grandes barrios con los fondos mal habidos de los funcionarios... Ese es el deseo de los laboristas."*


*Fragmento de El Laborismo, línea Reyes, por Ariel Kocik, capítulo 3 del libro Laborismo (Ed. Capital intelectual) Senén González-Juan Carlos Torre.

lunes, 20 de octubre de 2014

Framini, textiles y "lealtad"


A mediados de 1955 hubo despidos en la firma textil Danubio SA, afincada en La Matanza. Un paro general de base fue censurado por la CGT. Una asamblea obrera repudió a los jerarcas peronistas Mujica y Favara, que apoyaron el “argumento patronal” de ajustarse a la crisis. José Mujica había sido impulsor de la Asociación Obrera Textil, junto a Mariano Tedesco, días después del 17 de octubre de 1945. Mujica todavía actuaba en la cúpula, al igual que Andrés Framini. Entonces amenazó con ilegalizar e intervenir. 


Framini estaba en la fracción oficial, que no cuestionaba medidas como la delación gremial y la explotación en nombre de “productividad”, cuando la CGT invitaba a trabajar el sábado. Sin embargo, Framini ha sido una debilidad para peronistas dudosos que en su momento aplaudieron a Lonardi. En tono adulón, sobrevaluar a Framini sería más fácil que investigar sobre Cipriano Reyes y otros actores que fueron leales a las bases antes que al gobierno. El 17 de octubre de 1945, el gremio textil no había mostrado fuerza; estaba ganado por el comunismo. Nadie mencionó hazañas de Framini previas a 1955. Las referencias de quienes lo valoran parten de su papel en la “resistencia”. Rodolfo Pandolfi lo describió como un hombre casi sin prestigio.


El mito peronista elevó actores secundarios, sin especial brillo en 1945. La izquierda de clase media colaboró con la versión, olvidando a los combativos como María Roldán. Andrés Framini dio una versión del 17 de octubre que confirma su lejanía de grupos dirigentes aguerridos. La marea venía del sur, admitió, pero realzó su propio rol en la fábrica Piccaluga de Barracas. Como su gremio no salía, él habría “guapeado” con el delegado, sumando algunos pocos más. Explicó que “se movió bien la gente de Evita” que según él eran Bramuglia y Borlenghi. (1) La verdad es que Borlenghi fue tan contrario a ganar la calle que llegó a conspirar contra Perón, y el abogado Bramuglia estuvo peleado con Evita en esos días. La propia Eva fue más humilde: afirmó haber sido apenas “una descamisada más”. No tenía función política ni gremial.


Después de 1946, las bases textiles fueron a la huelga, pero la conducción peronista buscó limitar los reclamos y la solidaridad con los despedidos. El sindicato fue neutralizado: actuó Cecilio Conditti, interventor de muchos gremios, vinculado al control policial, que volvería como ministro de Isabel Perón en 1974. Andrés Framini sobrevivió en las “primeras líneas” leales al gobierno, es decir, contra los reclamos de base, hasta 1955. Al poco tiempo, los más pasivos se hicieron resistentes. La prensa, que había sido peronista, se hizo libertadora sin escalas. 


Framini sería impulsado para las elecciones de 1962, que fueron anuladas, pero resultaron mucho menos brillantes para el peronismo de lo que se imagina. Los años sesenta fueron más dichosos en industria y empleo de lo que sugiere la convulsión social, a veces activada por disconformes de clase media. A fin de siglo, un gobierno desmembró la industria textil, contando con la lealtad de muchos sindicalistas que habían combatido al presidente Raúl Alfonsín, impulsor de una ley de democracia sindical. (2)



Ver:  El Laborismo, línea Cipriano Reyes, investigación de Ariel Kocik que da cuerpo al capítulo 3 del libro Laborismo (Capital Intelectual, 2014) de Santiago Senén González, con epílogo de Juan Carlos Torre).

1) El Centro Cultural de la Cooperación editó un libro sobre Framini y "el peronismo revolucionario".

2) Testimonios del diario Crítica. Diarios semiclandestinos de tiempos de Perón.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Otros desaparecidos


Arturo Jauretche imaginó que el doctor Juan Ingalinella fue casi la “única víctima” del proyecto popular. La izquierda emplumada de peronista agarró el pájaro al vuelo. Jauretche agregó al mozo Carlos Aguirre y al obrero Roberto Nuñez. Hasta ahí el “inventario de finados” según sus palabras. No obstante, si se toma en cuenta al interior del país, la revolución justicialista le dio bala a más argentinos que la revolución libertadora. Los militares y civiles de clase media, fusilados por Aramburu, fueron treinta, retratados por un famoso escritor. Los humildes que mató la gendarmería de Perón fueron mil quinientos, en silencio por muchas décadas. 



Ingalinella se recuerda, en parte, por los diputados radicales (Arturo Frondizi envió gente a Rosario). El peronista Antonio Cafiero reconocería al primer desaparecido, el médico comunista rosarino. Ingalinella tuvo certificado de aceptación. No era el primero y no sería el último. En Chaco, Solveyra Casares, asesor de asuntos criminalesse encargó en 1945 de muchos campesinos, como Ramón Pastozuk. En Formosa hubo cientos de desaparecidos en 1947, incluidos niños, del pueblo pilagá. Ese pueblo pobre, fusilado en masa, venía de protestar contra el estanciero salteño Patrón Costas. En la zona de Vicente López hubo decenas de desaparecidos en 1951, como Teodoro Baziluk, pero hasta hoy son negados.

viernes, 5 de septiembre de 2014

El primer juicio a la represión


Hasta hace poco, el café de izquierda afirmaba que Alfonsín "perdonó" a los militares en 1987. Según otra mirada, quienes no deseaban o no sabían juzgar a nadie, se enojaron porque Alfonsín logró condenar a varios. La historia argentina abunda en absurdos. Todavía más. Es cierto que el juicio a las juntas no tenía precedentes en el mundo. Las tiranías siempre aportaron mano de obra a la transición, desde Rusia hasta Alemania. Había un caso que nadie recordaba. Un gobierno cívico militar separó de sus funciones a cientos de torturadores e inició procesos más amplios que los de 1983. No era peronista ni radical, aunque lo apoyó parte del radicalismo. 



A los historiadores no les urge recordarlo, porque era una dictadura, con el servicio de demócratas como Alfredo Palacios. En realidad, el peronismo también había tenido un corte castrense, con delación y obediencia gremial a un comando militar sin apelación. Ldictadura del general Aramburu, considerada el inicio de la represiónprocesó a los torturadores de la democracia del peronismo, y el gobierno intermedio de Arturo Frondizi cortó los juicios con una amplia amnistía. Alguien hoy mimado por el peronismo y su mito gremial, escribía con buena letra para la revolución libertadora. El progre más famoso de entonces, hasta hoy loado, definió a Aramburu como un demócrata singular.



Cierta vez, el almirante Isaac Rojas, ejemplo de marino brutal para los tiempos, escuchó a un grupo de víctimas de torturas. No habían sido castigados por el gobierno de Lonardi o de Aramburu. Eran torturados por el régimen anterior, es decir, la democracia. Luciano Molinas, demócrata progresista, les prometió ocuparse del tema. Por su parte, el ministro Eduardo Busso recibió a Rosa Trumper, la esposa del médico desaparecido Juan Ingalinella, y al estudiante Mario Bravo, entre otras víctimas de la policía del gobierno justicialista.

jueves, 4 de septiembre de 2014

La "gestapo de los frigoríficos”


El título responde a una denuncia de Cipriano Reyes contra la policía que reprimía a los obreros, pagada por las empresas. Testimonio que, como otros, consta en documentos conseguidos por el autor de cuentosperonistas, inéditos por décadas. Reflejados en artículos sobre Reyes o Roldán, fueron copiados por directores de cine, periodistas y escritores (como Aurora Venturini) para sus guiones y productos, con escenas y textos iguales al artículo que los “inspiró”. Sin citar al que trabajó, pero citando acaso al palanquista. La cordialidad entre colegas a veces hace "dejar pasar", evitando polémicas, o esperando sinceridades tardías. Que se divulgue parte de la historia y que se pavoneen como autores. Pero a los interesados en la verdad siempre les servirá la aclaración. Las investigaciones verdaderas son hechas con trabajo original, que escapa a las publicaciones previas. Solo el verdadero autor puede ofrecer detalles y origen. 


Una corriente de opinión enrolada en un oficialismo, vestida de progresista, ha usado el trabajo ajeno –hasta fotos- como si fuera propio, cuidando de conciliarlo con cuentos de gobiernos teñidos por la corrupción, si bien ya empiezan a saltar del barco, como en los años noventa. Se trata de una memoria algo utilitaria de personajes de la historia, llámense Ricardo Balbín o Cipriano Reyes, que tenían defectos, pero no aplaudían a los que roban. No es casual que los buscadores del favor oficial, no hayan hablado en mucho tiempo, ni por asomo, de las violaciones a los derechos humanos en los años de Perón. Un “laborismo dulce” o un radicalismo tolerante con los que le hacen daño al país. Pero es falso, como ganar dinero con el trabajo de otro. 

*El título de esta nota refiere a un artículo firmado por Kocik anterior a 2010, frase tomada luego para un guión de cine, pasando por alto la fuente. Sirva de ejemplo. Ver: Homenajes

miércoles, 27 de agosto de 2014

Berisso en la Patagonia


Al fin de la guerra, los logros del sindicato de Berisso tenían repercusión en un plano nacional, que adeudaba cambios económicos desde hacía décadas. Colegas de Cipriano Reyes como Hipólito Pintos fueron delegados a conducir huelgas en lugares tan remotos como Río Gallegos, Puerto Deseado y San Julián. Las empresas frigoríficas presionaban al gobierno de Farrell (1944-1946) arguyendo la pérdida de millones, y la clase ganadera consideraba intolerable el cese de envío de carne a Europa. La dialéctica de la pugna con la autoridad patronal generaba cada vez más tensión: la oligarquía criolla miraba con recelo la creciente capacidad de respuesta de un sector obrero que actuaba por fuera de la CGT y los gremios más previsibles.

Ex Frigorífico Swift Bahía de San Julián, 
provincia de Santa Cruz.

Mientras se negociaba en Buenos Aires, Hipólito Pintos conducía huelgas reivindicatorias en Santa Cruz, con colegas berissenses, llevados en bodegas de barcos "coloniales" para faenar borregos, corderos, capones y ovejas en desolados territorios. Berisso instaló su comando en Río Gallegos, y devolvió la voz rebelde, con su propio sacrificio, a comarcas desamparadas, marcadas por los fusilamientos, donde nunca había llegado la justicia social ni el arbitraje de un funcionario de Trabajo. Las demandas para humanizar un trabajo carente de elemental seguridad y asistencia darían frutos. Pintos, capturado, sufriría un simulacro de fusilamiento. Al volver a Buenos Aires, sería protagonista de hechos que conmovieron al país.



Ya con Perón en el gobierno, Pintos mantenía la posición leal y dura de su gremio, planteada en la misma Casa Rosada, donde se reunía con el Presidente bajo el control del represor Solveyra Casares. Perón también convocaba a los crumiros y rompehuelgas que respondían a Mercante, lo que motivó la reacción de Pintos y de los suyos. Incluso José Palmentieri, del frigorífico Swift Rosario, le tuvo que recordar a Perón quiénes eran los verdaderos dirigentes de Berisso. Hipólito Pintos afirmó que había visto caer compañeros para llevar a Perón adonde estaba y fue detenido en esos días, como otros obreros de la carne.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Deportado a Portugal


Pocos han tomado nota, pero la ley más combatida por el movimiento obrero por cinco décadas, integraría una doctrina nacional que, hasta hoy, la bruma del café considera obrerista. La vieja ley de residencia no se usó tanto contra fugitivos peligrosos como anunciaran los diputados de Perón. El trabajador petrolero Francisco Guerreiro Apolonio, nacido en Portugal, quedó detenido por un año y luego fue enviado a la policía del dictador Antonio Oliveira Salazar, a quien Evita visitara en una famosa gira. El gobierno justicialista superó al texto de la ley escrita por Miguel Cané en 1901, al marcar el destino final de la víctima deportada, permitiendo su castigo en el país de origen, bajo un yugo de tiranía. Ese extremo de aplicación impedía un refugio en Uruguay o en Brasil. Un gran hacedor del movimiento laborista, el portugués Luis Jorge, tenía la sangre lusitana que enorgullecía, entre otros, al mayor escritor argentino. Había de todo en el sur borgeano: la ley de residencia era un atentado a una masa obrera diversa.


Algunos abogados solidarios previeron un refugio holandés para Apolonio Guerreiro, pero el gobierno argentino lo dejó directamente en manos de la policía portuguesa en 1950, como explicó el dirigente socialista Carlos Sánchez Viamonte. Salazar tuvo buenas y malas con Franco, quien tuvo buenas y malas con Perón, pero coincidieron en castigar alborotadores. Por su parte, el griego Kiriakos Kisikis fue extrañado de Buenos Aires en 1951 y quedó en el campo de concentración de Makronisos. El sindicalista eslavo Antonio Dramachonek quedó encarcelado, como uno de sus defensores, el abogado argentino Ricardo Balbín. Pocos ejemplos bastan, pero fueron muchos más. No faltaron víctimas italianas, aunque esa fuera la sangre de los funcionarios que firmaron la deportación. El ministro Angel Borlenghi era hijo de un humilde trabajador itálico. Muchos jerarcas del nazismo vivieron en San Carlos de Bariloche, Buenos Aires o Córdoba, sin ser considerados "extranjeros peligrosos".



miércoles, 13 de agosto de 2014

Seijo y otras glorias del sindicato maderero


El gremio supo de luchadores como aquél ilustre anarquista español, dos veces desterrado, que viviera en las calles en Río de Janeiro "expropiando" pan y leche a los ricos. Gran sindicalista de la época brava, volvió a Buenos Aires cuando ya gobernaba Yrigoyen, quien no quiso aplicarle la ley de residencia.* El hombre desconfiaría de Perón, como tantos de su escuela. Surgieron más valores en una nueva ola.

Manuel Fossa, filósofo y gremialista, actuó en sindicatos como la madera y la construcción. Solía recordar que a los obsecuentes del partido único no los había visto el 17 de octubre. Fossa fue diputado por el Partido Laborista, resistió atentados y persecuciones. No fue el único. 



El joven Eduardo Seijo fue líder del sindicato maderero y dirigente del laborismo, presente en reuniones con Perón. Seijo integraba el alto mando de la CGT, pero apoyó a los sindicatos más autónomos. Después de 1946 protestó por aumentos de salario. Parte del gremio fue cooptada, Seijo insistió y fue detenido muchas veces. Por último fue secuestrado, torturado y deportado a Chile en un avión militar. 

Para esto servía la ley de extranjeros indeseables, convalidada por el bloque del partido único, orientado por el abogado John Cooke. Así se expulsó a un laborista, dirigente obrero y miembro de la Confederación General del Trabajo (en las jornadas de 1945).





Fue parte de una barrida contra la dirigencia laborista y el sindicalismo. Hasta la casa de María Roldán fue invadida por la policía. La prensa controlada afirmó que en Berisso había un arsenal para matar a Perón. El doctor Atilio Librandi presentó un hábeas corpus; luego se supo que Seijo estaba vivo en su país natal. 

El obrero radical Américo Romero, militante del gremio maderero, fue también secuestrado y castigado con toda crueldad: ya había sido entregado a la policía por el delegado peronista Graciano Fernández, quedando en listas negras (el comisario Miguel Gamboa, famoso jefe de policía peronista, ordenó los primeros golpes). Otra víctima fue el ebanista eslavo Antonio Dramachonek. 

Cuando Perón fue derrocado, Eduardo Seijo logró volver al país y encabezó una asamblea con dos mil trabajadores, donde se denunció a las autoridades que habían colaborado con la policía. Américo Romero tenía su cuerpo marcado por las torturas. La CGT podría recordar a Eduardo Seijo, su miembro de honor en años de Perón, que pagó con el destierro su lealtad a los trabajadores.



Ver: El Laborismo, línea Cipriano Reyes, investigación de Ariel Kocik que da cuerpo al capítulo 3 del libro Laborismo (Capital Intelectual, 2014) de Santiago Senén González, con epílogo de Juan Carlos Torre.

*Un dato de Torcuato Di Tella.

martes, 12 de agosto de 2014

Aclaración de soldados (3)


"Señor Kocik: tal cual lo prometido, en SoldadosDigital.com, aparece desde hoy la aclaración sobre el artículo de Cipriano Reyes. Como nota al margen, quiero expresarle que con mis 54 años de trayectoria en el periodismo escrito en varias publicaciones y diarios de Buenos Aires, a través de numerosos artículos, notas, reportajes, comentarios, etc., es la primera vez que me ocurre semejante omisión. Por eso le reitero que no soy ni plagiario ni hurtador (si se me permite la expresión) de trabajos como el suyo y sí, respetuoso de lo que investiga y escribe cada uno y por lo tanto, enseguida me hice eco de su reclamo con la aclaración correspondiente." Atte. Lauro Noro 


FE DE ERRATAS. La nota “Cipriano Reyes, un luchador” que se publicó en la página web de Soldados Digital en octubre de 2009, con la firma de Lauro Silvio Noro, fue redactada utilizando como fuente el artículo “Cipriano Reyes el primero en denunciar a Perón”, una extensa investigación del historiador y periodista Ariel Kocik. Por una lamentable omisión, no se consignó a la citada fuente y por lo tanto, salvamos ese error con la siguiente fe de erratas. SoldadosDigital.com 

Ver: Aclaración (II)


sábado, 2 de agosto de 2014

"Hemos salvado una matanza"


Luego de haber visitado Campo de Mayo y retornar al balcón de la Casa Rosada, anunciado a la plaza y al país que la libertad estaba a salvo, el presidente Alfonsín entró en la historia de las teorías conspirativas de una corriente de opinión influyente en la vida del país. Se agitaba el viejo fantasma de las "traiciones" de los líderes en su mayor popularidad. La respuesta al autoritarismo era política y había que esperar. Era la noche del 19 de abril de 1987. El Presidente estaba seguro de haber evitado algo quizá irreparable. Su familia vivía días de "angustia e inquietud". Este es un testimonio cercano:

"Sabíamos que podía producirse un golpe de Estado, y un enfrentamiento entre militares y civiles que podría haber costado muchas vidas. De manera que cuando se pudo resolver el problema, partir de la presencia del presidente Alfonsín en Campo de Mayo, sentimos un gran alivio. Y no hubo ninguna negociación, lo sé bien. Esa misma noche hablé con mi padre, y me dijo: 'hemos salvado lo que podría haber sido una matanza en la Argentina. Mañana podríamos estar velando a cientos de argentinos. Gracias a Dios hemos resuelto las cosas en paz.'


Es el único país del mundo que juzgó a un ejército que no estaba derrotado. Los responsables del terrorismo de estado estaban todavía allí, en los cuarteles, apuntando al corazón de la democracia. Y pese a la debilidad en términos físicos de la sociedad argentina, fuimos capaces de poner en el banquillo a quienes condujeron una de las dictaduras más sangrientas, y se pudo conocer el horror y el espanto a partir del juicio a la Junta. En el resto del mundo lo valoran más. En la Internacional Socialista, en las reuniones en los distintos continentes lo primero que nos preguntaban sobre la Argentina era lo relacionado con el juicio a las Juntas, como un ejemplo de la acción heroica de un pueblo." *

*Testimonio Ricardo Alfonsín para el autor, publicado en Grito del Sur, 2006.

jueves, 31 de julio de 2014

El programa del coronel


Se ha dicho que la izquierda criolla, sin masa obrera en 1945, sobre actuó tardíamente su simpatía por el alboroto social. Muchas minorías adulan de un modo u otro al peronismo, con cierto papismo mayor al del papa. El comunismo denunciaba al naziperonismo al principio, pero luego exaltó a sus herederos, con el mismo celo militante. Las cartas estaban dadas de modo bastante diferente durante la segunda guerra mundial. El comunismo se alió al nacionalsocialismo en 1939, mientras Perón estaba por Europa. 



Cuando Hitler rompió el acuerdo, los seguidores de Stalin se convirtieron en furiosos enemigos del nazismo, al que percibían en la Argentina. Luego de 1955, serían con entusiasmo denunciantes de los gorilas adversarios de Perón, buscando entrar al movimiento. Se olvidarían viejos desencuentros. Pero quedaron registros. La gente de izquierda atestiguó el inicio de la inflación en el país, y lo fechó antes del fin de la guerra, en plena era de las vacas gordas. Según ellos, el programa era suba de precios y represión.


lunes, 28 de julio de 2014

El camino para conquistarla

Palacios, Moreau de Justo, Grancelli Cha, entre otros.

“En su nombre, ante las puertas del Congreso de la Nación ocupadas hoy por los burócratas de la dictadura, traigo el grito airado que también sabe tener la dignidad de las ideas. Ante la imagen de un grande de la patria, la voz que se articula en mi garganta es la voz de una generación; es la voz del surco, del taller y del aula; es la voz de la tierra en sus frutos más promisorios ante el cruce de las rutas fatales. Es la voz de la generación del 45' que ya no puede vivir en las consignas de los viejos preceptistas retóricos y se determina como la responsable de su porvenir, sabiendo que tiene fuerzas suficientes para levantarse ella y su pueblo frente al revolucionarismo de los dictadores. Es la generación del 45, realizada en la resistencia, templada en la fragua del coraje civil, que se ha dado su consigna: ¡Basta! Basta de tiranías, de mistificaciones, de oligarquías civiles o militares. ¡Basta ya! que ‘los dolores que quedan son las libertades que faltan’ La nueva generación argentina no ha vivido la democracia, pero una juventud despedazada en los campos de batalla para defenderla, nos está señalando el camino para conquistarla.” 

Nestor Grancelli Cha, diciembre de 1945. En las escalinatas del Congreso Nacional.

(Continúa)

sábado, 19 de julio de 2014

La "gratitud del mandatario"


Cuando secuestraron al ex diputado Cipriano Reyes en 1948, el director penal Roberto Pettinato lo recibió y lo derivó a la Sección Especial de la policía. Apenas lo mostrarían “cuando estuviera en condiciones”, oculto “hasta que se compusiera de todo lo que le habían hecho”, según testigos. El oficial Salomón Wasserman, verdugo de muchas víctimas, fue ascendido por decreto presidencial el día que torturó al líder del laborismo. Se difundió una esquela de Perón para el jefe de la policía: “Haga llegar también y en el mismo sentido, mi felicitación y el reconocimiento al personal que intervino en el seguimiento y descubrimiento del complot para atentar contra la vida del presidente de la Nación, señores: inspector Mayor, don Luis Alberto Carlos Serrao, Director de Investigaciones: oficial principal, Don Salomón Wasserman… La evidente diligencia, tesón, sagacidad y valentía puesta en evidencia por ellos en su difícil tarea, hacen que todo elogio resulte parco ante el éxito logrado… Esta pesquisa señala, una vez más, hasta donde pueden superarse los servidores públicos… Reciba, pues, la gratitud del mandatario y el agradecimiento del pueblo… Juan Perón”. El diario El Líder de Ángel Borlenghi celebró la pesquisa, recordando que estábase en la pista y con gran eficacia actuó la policía. 



El matador de Tigre

Ver: El Laborismo, línea Cipriano Reyes, investigación de Ariel Kocik que da cuerpo al capítulo 3 del libro Laborismo (Capital Intelectual, 2014) de Santiago Senén González, con epílogo de Juan Carlos Torre).

(Este artículo será parte de una saga sobre represores impunes ignorados por la historiografía)

sábado, 12 de julio de 2014

Esa otra mujer


Los hijos de familias bien paradas se han hecho peronistas en los años setenta. Fueron adoptando a Evita Perón como símbolo hasta hoy perdurable. Era el ala más auténtica del movimiento, más o menos a la altura de la fantasía. Eva tuvo un interesante recorrido provincial desde los pagos de Moisés Lebensohn hasta sus desventuras en la gran ciudad. Pero no militó en el llano. Una señora que vivió palmo a palmo el alumbrar de una nueva era social, combatiendo en las calles y en la fábrica, fue perfectamente olvidada por los buscadores de mitos. 



La madre sacrificada que dejaba el conventillo donde sonaba el tango para internarse en el monstruo, armada de cuchillo y de coraje, empezó hacer el 17 de octubre en zonas inundadas. Una auténtica líder de trabajadores proyectó su rebeldía como bandera de libertad y derecho de los trabajadores argentinos, en medio de la represión y la vendetta patronal. María Natalia Roldán no era una líder pituca como las señoras socialistas, ni una bella actriz con amigos en el poder, pero hizo historia en silencio, sin pedir nada a cambio. 


*Fragmento de María Roldán, la mujer laborista, publicado en el libro Laborismo, el partido de los trabajadores (Editorial Capital Intelectual). Foto gentileza familiar.






viernes, 11 de julio de 2014

El mito del frigorífico De la Torre (II)


En 1959 se propuso alquilar la planta de Mataderos porque daba déficit. La privatización “cortaba pingues negocios” de algunos, como comprar carne a precio privilegiado o no trabajar, según Luis Beraza. Perón había subsidiado a los pulpos como Anglo, Armour y Swift, pero discriminó a los mataderos nacionales. Ninguno de los que siguieron a Cooke en 1959 había denunciado a tiempo la situación, ni reclamado por los obreros de Berisso y Avellaneda secuestrados por la policía de Mercante, ni por los despidos masivos en el litoral. 




Los colaboracionistas de 1949 son los resistentes de 1959. El doctor Cooke –quien tampoco era obrero- mostró un pañuelo con sangre de oveja, como si fuera de un mártir. (1) En tiempos de Reyes había sangre de verdad. El diario La Vanguardia lo recordó: “Manuel Mustafá fue asesinado por la espalda en Berisso. Juan Ucera fue baleado en el sindicato Anglo, Boris Dorfman, secuestrado, Mancel Ramilo, ex secretario del sindicato Anglo, fue sometido a bárbaras torturas, etc.” Un militante por los derechos humanos de entonces era Arturo Frondizi.



Cuando asumiera Perón su primer mandato, el gendarme Solveyra Casares intervino contra el laborismo y el gremio de la carne. Lideraba una represión ilegal que dejó miles de torturados y muchos no la contaron. En 1959 el mismo Solveyra, definido como un torturador por el artista popular León Gieco, se sumaba a la “resistencia” contra el desarrollismo de Frondizi. Perón lo respaldaba, desde el matadero humano de Rafael Trujillo. (2) Con la toma apoyada por Vandor, la izquierda descubrió una batalla de clase y el peronismo una tardía resistencia, pero muchos que activaron contra Frondizi ayudaron al dictador Onganía y a la desgracia del país.


1) Testimonio Gambini

2) Archivo peronista

Ver El mito del frigorífico De la Torre I

martes, 8 de julio de 2014

Aclaración (II)



"Estimado Ariel Kocik: quiero expresarle mis sinceras disculpas por hacer cometido un error imperdonable.  Como usted bien sabe, uno 'bucea' y busca información en varios sitios, libros, documentos, etcétera y una vez compaginada la nota o el artículo, cita las fuentes que utilizó para escribirlos, cosa que hice y hago habitualmente . Este no fue el caso y lamento que haya sucedido así. En una nota aclaratoria que se publicará próximamente, buscaremos paliar ese olvido que afecta a su excelente trabajo sobre Cipriano Reyes. Le puedo asegurar que no hubo intención de hurto alguno porque me considero respetuoso del trabajo de los demás. Espero sepa aceptar mis explicaciones. A sus órdenes. Lauro Noro." (Pedido de disculpas por un plagio publicado en el sitio del ejército argentino)



Ver Homenajes




La cocina de las candidaturas


En sus memorias de los días como testigo y actor de la campaña electoral de 1946, y en la cocina de las candidaturas, Cipriano Reyes menciona que Perón quiso imponer al candidato a gobernador de Buenos Aires, el distrito clave del país. Sería el doctor Bramuglia, aunque Perón usaba muchas cartas. Una noche, en pleno congreso laborista de La Plata, se aparecieron el mayor Alfredo Arrieta y su esposa, Elisa Duarte, hermana de Eva, la prometida de Perón. Estaban escondidos en un auto, a la vuelta del Cine Edén -donde se hacía el congreso partidario- en las calles 12 y 62. Hicieron llamar a Reyes para conversar en el vehículo. 

Elisa le pidió a Cipriano, sentado en el asiento de atrás, que su esposo fuera gobernador, pues Perón estaba de acuerdo. Reyes le dijo que nada podía decidirse fuera del congreso. La gestión inicial para proclamar a Bramuglia se disolvería por maniobras extrañas que se jugaban en el departamento de la calle Posadas del barrio norte porteño. Se percibía un intento de favorecer a los radicales renovadores, más manejables, y quitarles poder a los laboristas. Reyes y su grupo volvieron a la casa de Perón varias veces, casi a diario en aquéllas horas de calor de enero de 1946. Desoyendo a Perón, el laborismo proclamaría por su cuenta a Domingo Alfredo Mercante candidato a gobernador.

*(Fragmento de El Laborismo, línea Cipriano Reyes, investigación de Ariel Kocik que da cuerpo al capítulo 3 del libro Laborismo (Capital Intelectual, 2014) de Santiago Senén González, con epílogo de Juan Carlos Torre).

sábado, 5 de julio de 2014

El mito del frigorífico De la Torre


Quizás simbólicamente, Perón indultó al comisario Ramón Valdez Cora, asesino del senador Enzo Bordabehere, el compañero de Lisandro de la Torre. A la vez Perón encarceló al verdadero líder de los obreros de la carne, y su actitud frente a los frigoríficos fue elogiada por el embajador norteamericano Stanton Griffis. Se intervino, por último, al sindicato de los trabajadores. De fondo, la pelea por el hambre del pueblo en un suelo rico.



Un capítulo más famoso de luchas, con prensa de izquierda, es la toma del frigorífico Lisandro de la Torre, producida en 1959, al año de gobierno de Arturo Frondizi. No se sabe tanto que, en el mundo sindical de entonces, muchos obsecuentes habían dado en “héroes”. Suele suceder. Los delegados del peronismo que venían de ser interventores e incluso delatores (como Juan Perazzolo o Aurelio Hernández) se probaban el papel de “resistentes”. Otro ex interventor era José Alonso; la lista es larga. La toma era parte de un plan de desgaste contra Frondizi. El metalúrgico Augusto Vandor nunca había cortado carne, pero pidió acorralar al gobierno como fuera.


En los años cuarenta, con un gremio mucho más aguerrido y movilizado, el diputado Frondizi había apoyado la gestión obrera de todos los frigoríficos, conquista que fue impedida por los diputados peronistas, entre ellos el joven Cooke. Con los años, el matadero Lisandro De La Torre bajó su producción en miles de novillos y aumentó su personal en miles de empleados, una tendencia del Estado que pagaba el pueblo con la inflación, según Frondizi. La razón era el clientelismo político, sugiere Luis Beraza. Había gente que no faenaba e igual cobraba.


(Continúa)