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viernes, 10 de enero de 2014

Memoria en Argentina y Brasil

Pandolfi se refirió al "aire festivo de la política carioca".
Antonio 
Militão dos Santos.

El escritor brasileño Carlos Heitor Cony, víctima de la dictadura de su país, quien sufrió el secuestro de sus dos hijas en Rio de Janeiro, cree que la justicia debe perseguir a los “grandes peixões” de la represión, es decir a los peces gordos que dieron las órdenes. Parece la línea de 1983 en la Argentina: el castigo a las cúpulas. La tradición de América Latina, España e Italia era de perdones sin límites, idea que el justicialismo probó en 1983 con su candidato Italo Luder. En 1958 el partido de Perón se había beneficiado por una amnistía de Arturo Frondizi, en nombre de la paz nacional. Los policías golpeadores aprovecharon para quedar libres. Como antecedentes, en Alemania hubo empleados de los campos que trabajaron para el presidente Konrad Adenauer, en la reconstrucción del país luego de la guerra. 


Tarsila do Amaral

La revolución bolchevique de 1917 en Rusia, y el asalto sandinista de 1979 en Nicaragua, integraron a los represores del zarismo y a los verdugos del dictador Somoza a nuevas funciones, explicó Raúl Alfonsín. La comisión de la verdad en el Brasil se propone investigar crímenes desde 1946 hasta 1988, asumiendo que la democracia popular tuvo lo suyo. Antes del golpe militar formal, hubo altos costos humanos. Algo evitó que los odios prevalecieran y puede hablarse de todo. Rodolfo Pandolfi habló del "aire festivo de la política carioca", flexible y sin cruzadas santas. Heitor Cony admira a Getulio Vargas, sin negar una fase dictatorial. Lo importante es el coraje de mostrar a la sociedad quiénes la oprimieron, afirma. En la Argentina se habla de memoria y "juicio para todos”, pero nadie se anima a ir tan lejos.