lunes, 10 de marzo de 2014

La época de oro


Racing había sido el club popular en años de Gardel, quien abrazó esa pasión en Avellaneda, donde también se hizo conservador. Transcurriendo la década infame, el club River Plate amasaba una cantera de talentos. Carlos Peucelle y el gran Bernabé, citado en algún tango, anunciaron años de gloria. Al empezar el decenio que sería peronista, alumbró un equipo que hasta hoy resuena como el mejor de la historia. José Manuel Moreno fue el crack indiscutido de la máquina de River, pero Adolfo Pedernera era el genio estratega.

Imagen Luis Medrano.

Moreno era un jugador completísimo, gambeteador y cabeceador, con un magnífico estado físico. Venía de la Boca, bailaba tango y tomaba vino. Pedernera era, aseguran, una mezcla de Di Stéfano con Pelé, y también amigo de la noche. Galeano cuenta que el Che Guevara llamaba a su compañero de viaje por América Latina, Pedernerita, como un máximo elogio futbolero. Otra estrella era Ángel Labruna, quien cierta vez no se sumó a un paro, y sus compañeros dejaron de invitarlo a la farra.


La máquina brilló fugazmente y se desarmó por el mercado pirata de entonces. Pero pronto surgió Alfredo di Stéfano, una flecha de Barracas, y del Uruguay vendría Wálter Gómez, quien trenzó paredes con Labruna y Losteau por unos cuantos años. Gobernaba el país el general Perón. Un famoso cantito de la hincada de Boca fue adoptado por los descamisados como canción electoral. Ser conservador y de Racing, dejó paso a ser de Boca y peronista, juntando pasiones populares. 

Imagen Luis Medrano.

Por lo demás, Argentina se sentía potencia en todo. En fútbol, el orgullo criollo afirmaría que la selección no ganó más copas del mundo, porque en sus mejores años no había mundiales, por causa de la guerra de Europa. Los años de creación del laborismo y del peronismo fueron, entonces, la época de oro del fútbol argentino. El hermano sudamericano, Brasil, aún no había ganado títulos del mundo. Uruguay sí era campeón y rival durísimo. El maracanazo charrúa de 1950 pareció confirmar que en el río de la Plata se jugaba el mejor fútbol del mundo. Pero vendrían los años de Pelé y Garrincha y una avalancha de conquistas brasileras.