jueves, 10 de abril de 2014

La victoria de Arlt

En un famoso texto, proponía que el país eligiera a ladrones auténticos y no a charlatanes de "pureza cívica". Roberto Arlt escribía en una época que fue demonizada, aunque se robaba menos que después. El presidente Roberto Marcelino Ortiz, por ejemplo, ganó con fraude pero fue muy decente con los fondos públicos. Había gente que se suicidaba apenas por ver su nombre sugerido en actos de corrupción. A los corruptos de hoy les daría ternura. En una curiosa evolución, entrado el siglo XXI, el país asiste al prestigio de los delincuentes públicos, que son aplaudidos en los centros de la cultura, logrando respaldo académico y hasta jurídico para su oficio. La proclama de Arlt, que él creía exagerada, se convirtió en una plataforma de gobierno que todos quieren respetar:

"Si usted quiere ser diputado, exclame por todas partes: 'Soy un ladrón… He robado todo lo que he podido y siempre'. Todos los sinvergüenzas que aspiran a chuparle la sangre al país tuvieron la mala costumbre de hablar a la gente de su honestidad... No hay prontuariado con antecedentes de fiscal de mesa y de subsecretario de comité que no hable de 'honradez'. En definitiva, sobre el país se ha desatado tal catarata de honestidad, que ya no se encuentra un solo pillo auténtico. 


El presidente Ortiz gobernó en la década infame
Sin embargo, tuvo más decencia personal 
que los corruptos populares.
Les propondré el siguiente discurso... 'Aspiro a ser diputado, porque aspiro a robar en grande y a acomodarme mejor...íntima y ardorosamente, deseo contribuir al trabajo de saqueo con que se vacían las arcas del Estado, aspiración noble que ustedes tienen que comprender es la más intensa y efectiva que guarda el corazón de todo hombre que se presenta a candidato a diputado. Robar no es fácil, señores. Para robar se necesitan determinadas condiciones que creo no tienen mis rivales... Mis colegas también quieren robar, pero no saben robar. Venderán al país por una bicoca, y eso es injusto. Yo venderé a mi patria, pero bien vendida...

¡Lo que no robaré yo, señores! ¿Qué es lo que no robaré?, díganme ustedes. Y si ustedes son capaces de enumerarme una sola materia en la cual yo no sea capaz de robar, renuncio 'ipso facto' a mi candidatura. Piénsenlo aunque sea un minuto, señores ciudadanos. Piénsenlo. Yo he robado. Soy un gran ladrón. Y si ustedes no creen en mi palabra, vayan al Departamento de Policía y consulten mi prontuario. Verán que performance tengo... desempeñé la tarea de grupí, rematador falluto, corredor, pequero, extorsionista, encubridor, agente de investigaciones... presidente de comité, convencional..."