miércoles, 28 de mayo de 2014

El pañuelo y el poder



Los campeones de los derechos humanos parecen falderos del autoritarismo. La señora Estela de Carlotto, Abuela de Plaza de Mayo, no rompió su encanto cuando en su presencia, el gobierno nacional homenajeó a un viejo golpeador y abusador de mujeres. (1) Ya es una costumbre. Cierta vez, un divulgador escribió un artículo de color en Clarín sobre el estado de las cárceles en la década infame. Anunció continuarlo con el tiempo peronista, pero no se publicó nada. El dilema era decir la verdad o echarle flores a un represor, como se estila.



Sin embargo, muchos versados en historia de las cárceles le prenden velas a Roberto Pettinato, el verdugo que más dinero gastó en publicidad (también invirtió en 21 propiedades). Hoy el diario Clarín publica notas elogiosas al viejo carcelero -copiando y citando al juez Raúl Zaffaroni- pero el mismo periódico lo denunció contemporáneamente como un delincuente que violaba los derechos humanos, y que saltara de empleado penal a millonario. Consta en documentos. 


Las obras de ficción penitenciaria eran editadas por la secretaría de prensa peronista, regida por el periodista Raúl Apold, amigo de Pettinato. Con 140 diarios cerrados o tomados, nadie hablaba de presos torturados. La propaganda penal comparaba a Perón con Jesús, y a los sótanos de castigos con salas para estar, pero desaparecía a los presos políticos. Una estudiosa del tema reivindica al verdugo, basada en las propias revistas del represor, donde los presos comunes eran buenos y felices. No obstante, la autora reconoce que los penados políticos fueron borrados de la historia



Un testigo escribió: "La nota sobre la represión en la época peronista, 'Las cárceles en tiempos de Perón', es buenísima. Casi a los ochenta años, fui contemporáneo de esa historia. Me asombró que los actuales campeones de los derechos humanos hubieran rendido un homenaje a Pettinato, quien llegó a bailar un malambo ante un pedido de piedad ('Hágame una gauchada', había implorado la víctima) y que la Carlotto, cuya actitud inicial de abuela fue de buena fe, Verbitsky, Cristina y el mismo Kirchner hubieran asistido a la macabra ceremonia de beatificación." 



Continúa: "Un panorama desconocido para las últimas dos generaciones, un panorama de impunidad y de hipocresía de sectores democráticos que temen... Hay muchas cosas que contar: no solamente en las cárceles se mató. Felicitaciones por el excelente trabajo en la revista Todo es Historia”. Firmaba el periodista Rodolfo Pandolfi, quien estuvo preso en la época de Perón. Entonces había torturados, pero la señora Estela Carlotto enseñaba doctrina a los niños de la escuela, para no perder el trabajo, según contó. Al padre de Pandolfi, por su parte, le cerraron su comercio. Entonces el italiano Fernando Pandolfi, simpatizante radical, se fundió, enfermó y murió. 


"La fuerza moral está incólume en Cipriano Reyes, pero su físico exhibe las huellas del ensañamiento de los torturadores y siete años de encierro... Las torturas y la cárcel han descarnado su cuerpo y sus mejillas. Es un sobreviviente que bien pudo estar entre los cadáveres encontrados en el baldío de Florida o en el crematorio de la Chacarita ", afirmaría un famoso diarioCipriano Reyes expresaría: "En la penitenciaría soportamos una más dura y alevosa situación, sujetos a la más intolerable disciplina penal. Los guardias eran casi todos analfabetos. La mayoría de ellos habían sido traídos por Pettinato de la prisión de Ushuaia, en la que se aplicaba la tortura y toda clase de vejámenes a los reclusos; aquí se empleaba el mismo trato, sin hacer ninguna distinción; todos éramos patibularios". 



"Los pabellones V, VI y VII de la penitenciaría nacional están convertidos en campos de concentración... obreros y estudiantes fueron torturados", denunció el doctor Santiago Nudelman en 1952. Una crónica de Raúl Lamas de 1956, describió una represión en la cárcel en 1952: Juan Gómez, justicialista, uno de los colaboradores técnicos del señor Roberto Pettinato, dispuso una medida salvadora. ‘–Echen una bomba de gases por la mirilla…' Hubo un nuevo alarido de infierno. A las muertas las llevaron entre gallos y medianoche a una ignorada sepultura... Existió un ‘régimen penitenciario justicialista’, patrocinado por el gobierno en forma publicitariamente inobjetable y del cual fue jactancioso apóstol Roberto Pettinato... en recio contraste con la desolada realidad que vivían los reclusos". Se han denunciado, además, las torturas de Pettinato contra las presas políticas Lidia Riquelme; militante laborista, Rosa Silvero y Josefa Pupitti; madres obreras, y la tendencia del director a encerrarse con mujeres indefensas.




Como se adelantara en Las cárceles en tiempos de Perón, un detenido fue torturado en la penitenciaría nacional por policías allí presentes. Ahora puede saberse que Miguel Ignacio Gómez Aguirre, quien se entregara voluntariamente a la policía federal en 1953 -viajó desde el interior para ello- fue castigado brutalmente en el pabellón III de la penitenciaría nacional en 1953, a manos los hermanos Juan Carlos y Luis Cardoso, el sargento Ricardo Aguilera y otros agentes de la comisaría tercera. Tendido y amarrado, lo golpearon en las partes sensibles hasta desmayarlo tres veces, seguidas de internaciones. Gómez Aguirre pasaría seis meses de torturas morales en la cárcel de Las Heras, con incertidumbre sobre su familia, también detenida. Los acusaban de activismo. Lo declaró Gómez Aguirre.



Se agrega una víctima fatal, peronista. Durante el gobierno de Perón, el cronista policial Eduardo Stornelli Costa editaba una revista llamada El Laborismo –sin relación con ese partido ya proscripto- haciendo cálidos elogios al primer mandatario, que le valieran diversos favores. Pero un día publicó la foto de la madre de un funcionario con otro señor. Entonces fue secuestrado, sometido a torturas y a un proceso por desacato, pues se había animado a publicar una nota “acusando a Pettinato de maltratar a los presos políticos". Detenido en Villa Devoto, afectado de los pulmones, fue llevado al hospital de la penitenciaría, pero Pettinato prohibió que lo atendieran y lo obligó a firmar una nota renunciando a toda asistencia médica, según su propio relato. Los hechos fueron denunciados por su familia cuando ya era tarde. Stornelli Costa había muerto el 24 de setiembre de 1955, víctima de la desatención penal. Para entonces, Pettinato se había refugiado en la embajada de Ecuador.(3)



Investigaciones registradas con derechos de autor


1) Testimonios coincidentes de Juan Ovidio Zavala, Cipriano Reyes y otros testigos de la época. 
2) Denuncias y documentos de prensa en poder del autor.