domingo, 29 de junio de 2014

"Tengo a Córdoba adentro"



Fragmento de “José”, novela inconclusa de Nestor Grancelli Cha con la colaboración de Ariel Kocik y de otros colegas. Basada en la vida de un militante revolucionario de los años setenta, hijo de un reformista universitario de los años de Perón, a quien Grancelli protegiera de la represión militar, como antes lo hiciera con peronistas como Ramón Prieto, si bien él era reformista y partidario de Arturo Frondizi. La carta del protagonista es real, escrita en la cárcel de Rawson.


“Tiempo después José se encontraba en el penal de Rawson, luego de un paso previo por la cárcel de General Roca. Estos traslados requerían cada vez mayor fortaleza de carácter.  Su parte sensible afloraba  por medio de la escritura. Nunca había descubierto esa  sensación que hacía  estremecer su preparación intelectual para volcarse a la pura experiencia. Y escribía magníficamente, sin proponérselo demasiado.

Queridos viejos:

Cada día me doy más cuenta de lo que significan ustedes para mí. Se trata de que son mis padres, mis hermanos, mis amigos y mis compañeros. De lo que significa Córdoba o Calamuchita. Esta cárcel es gris. Es muros grises y arena. Cielo gris y gaviotas. Piedras y viento. Gris y gris. Viento y pájaros pesados y grises. No hay un árbol, ni pasto, ni sol. Y sin embargo, mi mente no se “engrisa”. Tengo mucho verde adentro. Tengo a Córdoba adentro. Y mis ojos ven sol cuando pienso en los que quiero.

Esto es mucho para mí, y se une a que ahora somos más gente.  El contacto humano se hace fundamental, ya que lo natural es casi nulo. En Roca teníamos una ocupación muy linda: medir cómo subía el verde a los álamos, cómo desaparecía el seco en la cancha, cómo el cielo era cada vez más limpio y azul. Aquí no hay eso. Pero festejamos cuando el sol aparece y no hay viento. Tocando la dimensión de la alegría que eso significa. Sentir cómo te va entibiando hasta darte calor.

Me fui. Estaba hablando de la relación humana que es excelente. Aquí crecen amistades. No solo de adentro sino también de afuera. Esto quiere decir que valoro lo que significa un amigo, un compañero, en una altura más alta que antes.

Más cosas nuevas: la alegría. No solo la risa, sino  la alegría de hacer cada cosa que hacés. Saber sonreír de adentro (a veces no hace falta sonreír de afuera, aunque otras sí) cada minuto que respirás. Y esto unido a la disciplina que permite que el día sea productivo. Parece fácil, ¿no es cierto? Pero es difícil. Hace falta voluntad para combatir los vicios que te llevan a la fiaca y a perder tiempo. Pero nada importante se logra sin vencer dificultades. Las cosas evolucionan dialécticamente hacia la superación de las contradicciones. Y los hombres también. En eso estoy. No he logrado demasiados éxitos, pero eso no significa que no siga luchando.

No les pregunto cómo están porque espero su visita. Constantemente pienso en ustedes.  A pesar de las separaciones y de las diferencias, existe el lazo del cariño, que puede estirarse, pero que no se rompe. Yo no sé claramente cómo voy a vivir cuando salga, pero lo que sí sé es que aquí hay un hijo y un hermano que los quiere mucho, y que siempre los va a querer cada vez más.

Algunas cosas de aquí. La comida mejora un poco. Lo que está al pelo es la gimnasia, y siento endurecerse mis músculos día a día. Hago también ejercicios para la pierna “chotonga” que mejora bastante. Y al fútbol estoy jugando bien como defensor. Hacemos partidos contra otro pabellón de presos políticos, casi todos tucumanos, que hasta ahora nos tienen de hijos. Los sábados y domingos podemos tocar una guitarra. Muchos saben tocar y cantar, así que tenemos una peña hermosa.

Bueno, termino. Besos, besos y besos.
Hijo y hermano. José”


jueves, 26 de junio de 2014

Fusilados en Córdoba



Córdoba recuerda los fusilamientos del patriota Juan José Castelli, por la revolución de Buenos Aires. Una víctima fue Santiago Liniers, héroe de las invasiones inglesas, vuelto contra la junta de Mayo. Lo mataron cerca de la posta de Cabeza de Tigre en 1810. La historia aceptó esos disparos. Otros tiros fueron imperdonables. Y otros más, desconocidos. Sería extraño hablar de fusilados en Córdoba en tiempos de Juan Perón y Eduardo Lonardi. Pero los hechos que siguen, ocurrieron. 


El periodista Rodolfo Pandolfi dejó su testimonio que permite salvarlos. El 18 de setiembre de 1955, fue interceptado en Cosquín el auto en que viajaban Juan Carlos Roque Posse y su hija Beatriz, esposa del capitán Efraín Arruabarrena. Provenían de la localidad Icho Cruz, cerca del lago de Villa Carlos Paz. El esposo de Beatriz había muerto en un combate por la revolución, proclamda por el general Eduardo Lonardi, con gran apoyo civil en Alta Córdoba. El capitán Arruaberrena cayó al acercarse a la Escuela de Infantería, con los tenientes Julio Fernández Torres, Alfredo Viola Dellepiane y otros dos soldados.



Una familia radical

La escuela militar estaba al mando del coronel Guillermo Brizuela, leal al gobierno de Perón. El único sobreviviente, Fernández Torres, afirmó: “murieron Arruabarrena, Viola y uno de los soldados, casi totalmente decapitado”. El otro soldado murió antes de ser atendido. Junto a Roque Posse y su hija iban más personas, como Marcelo Amuchástegui, Teresa Pitt y Miguel Ángel Cárrega Nuñez. Intentaban alejarse del centro, cuando la policía cordobesa los paró y les preguntó si estaban con los rebeldes. Eran parientes de gente involucrada. Les tiraron a quemarropa, pese a los gritos que imploraban piedad. Beatriz intentó proteger a su pequeño hijo Mario Amadeo, de siete meses. Los asesinos mataron a la criatura. La madre fue gravemente herida.


Juan Carlos Roque Posse fue directamente fusilado. Miguel Ángel Cárrega Nuñez les gritó a los policías que eran unos cobardes y resultó muerto a tiros. Teresa Pitt quedó herida de dos balazos. Rodolfo Pandolfi denunció “el fusilamiento de diez miembros de la familia radical Arruabarrena en setiembre de 1955”. La violencia se había desbordado. La última escalada eran las bombas opositoras en la Plaza de Mayo, la venganza peronista con el incendio de sedes políticas y una ola de torturas, la represión a la huelga metalúrgica, el ataque aeronaval contra la Casa Rosada, el incendio de templos religiosos y el llamado presidencial al crimen entre civiles, cerrando casi la pacificación. 



lunes, 16 de junio de 2014

La Bonaerense, en tiempos de Mercante


Muchas veces se contó la historia del peronismo como un cuento, como si la sociedad fuera menor de edad. El diario El Laborista*, cuando fue libre, llamó las cosas por su nombre: “Sádicos torturadores policiales son los autores de los crímenes misteriosos de Florida en 1951, tituló en un tiempo olvidado. Más allá de la Avenida General Paz, en tierra del corazón de Perón, coronel Domingo Alfredo Mercante, la policía mataba y tiraba cuerpos a los potreros, muy cerca de la quinta de Olivos. 



En la comisaría de la localidad Florida, más de treinta personas fueron asesinadas en pocos meses de 1951. El comunista Teodoro Baziluk fue brutalmente torturado con picana, privado de comida y tirado sin vida al arroyo Morales. Otra víctima fatal, el joven de 23 años Martín Graneros, murió luego de sobrecogedores tormentos y su cuerpo quedó en un despoblado. Algunos detenidos eran atados a un árbol para ser maltratados por un perro.



Fueron asesinados Pedro MorenoJosé Lettieri y otros ciudadanos. La increíble matanza corría por cuenta del oficial Roberto Miguel Nieva Malaver y de sus empleadoscomo José Moratello Carlos Segundo Doro. Éste último era un vigilante de la residencia presidencial de Olivos (la misma función que cumpliera el cabo José López Rega). Esa policía criminal bonaerense respondía al coronel Adolfo Marsillac, hombre del gobernador Mercante, en los años germinales de la mejor del mundo.




Marsillac había aplicado torturas a víctimas como Adolfo Tasso. La gestión del gobernador Mercante es considerada honesta y eficiente por el peronismo pituco de clase media. El año del renunciamiento de Evita, un radical de Avellaneda denunció que había restos humanos tirados en la calle. Los hechos sucedían incluso antes que el gobierno suspendiera la Constitución de hecho, al imponer el Estado de Guerra Interno, que permitía el fusilamiento. En 1947 ya se había fusilado a 1500 humildes sin ley alguna.



No debe haber jueces que no sean justicialistas”, expresó el ministro del Interior, Ángel Gabriel Borlenghi, a comienzos de 1955. Cualquier investigación quedaba cerrada. Los desaparecidos eran llamados “personas con paradero incierto y situación procesal inexacta”, según el doctor Santiago Nudelman. Las víctimas eran obreros o humildes sin trabajo. Por años circuló el rumor de que serían ferroviarios, ultimados después de la huelga del verano, versión que publicaría un diario.


Tampoco puede descartarse que hubiera huelguistas entre los desaparecidos de Florida. Los doctores en historia, memoria y derechos humanos suelen creer que bajo la bruma del peronismo hubo una sola víctima: el médico rosarino Juan Ingalinella. A lo sumo dos o tres. Fue lo que contó Arturo Jauretche, quien aseguró que había "falta de mercadería para el inventario de finados". Gente que padeció daños mucho menores es considerada héroe de resistencias y recibe dinero de la sociedad.





Investigaciones registradas con derechos de autor.


* El libro La Bonaerense, de Carlos Dutil y Ricardo Ragendorfer, describe la corrupción policial aliada al peronismo de fin de siglo, pero no tanto sus orígenes.

miércoles, 4 de junio de 2014

El laborismo y los radicales


El 23 de mayo de 1946 Perón lanzó por radio la orden de caducidad del laborismo, más acatada por los diputados electos que por las bases. Junto a él estaban, en ese momento, hombres como Domingo Alfredo Mercante, Jazmín Hortensio Quijano y Rodolfo Decker. También estaban allí Ángel Borlenghi y el verdugo Solveyra Casares, señalados como cómplices en la maniobra para destruir al laborismo. Cabe recordar que Solveyra fue denunciado como jefe del aparato represivo, hombre de inteligencia y torturador directo, a la vez que responsable de asesinatos con nombre y apellido de víctimas, como Pedro Zdeb, Ramón Pastozuk y Leonor Quaretta, los campesinos del Chaco. Pero a todo esto, el Congreso nacional había quedado poblado de obreros.



El diputado Reyes asumió orgullosamente en nombre del partido laborista. Otros aun dudaban qué hacer y muchos se iban pasando al partido único. Pero el nombre laborismo seguiría sonando. La primera vez que habló en el parlamento, Reyes hizo un apasionado alegato contra la ley de residencia, que debía derogarse inmediatamente, en nombre de “40 años de sufrimientos”. Pero vio cómo sus amigos de los gremios dejaban de lado ese mandato histórico del movimiento obrero, para alinearse con Perón, manteniendo vigente a la repudiada ley 4144, usada para expulsar "extranjeros indeseables". El conductor del giro legislativo que llevó a cabo la maniobra, fue el diputado John Cooke, presidente de la comisión de asuntos constitucionales. Con tales herramientas, el gremialista Eduardo Seijo, dirigente laborista, miembro del comando de la Confederación General del Trabajo (CGT) en 1945, sería torturado y deportado a Chile, su tierra natal, poco tiempo después. En este y otros temas, Reyes mantuvo una absoluta independencia, intransigente en asuntos que creía irrenunciables para un sindicalista.




Muchas veces los radicales lo aplaudieron, y se llevó la sorpresa de coincidir con quienes fueran sus rivales en la campaña, en muchas demandas obreras, como la derogación de la ley 4144, la huelga de los obreros de la carne y los repudios a la represión, como en una temprana y consciente defensa de los derechos humanos, olvidados por el bloque de la mayoría. No era tan sorprendente: en el radicalismo estaba en pleno ascenso la intransigencia, inspirada por Moisés Lebensohn, cuyo programa social y económico era más avanzado que el propuesto por Perón. Arturo Frondizi y Ricardo Balbín apoyaron muchas protestas obreras que fueron reprimidas por el gobierno y denunciaron la depreciación de la moneda, que impactaba en la clase popular. Incluso el sector radical más clásico, denominado unionista, con hombres como Santiago Nudelman y Silvano Santander, hicieron una defensa apasionada de los presos políticos y gremiales, muchas veces torturados. Nudelman se ocuparía del caso Cipriano Reyes, quien fue preso y castigado en 1948.*





*(Fragmento de El Laborismo, línea Cipriano Reyes, investigación de Ariel Kocik que da cuerpo al capítulo 3 del libro Laborismo (Capital Intelectual, 2014) de Santiago Senén González, con epílogo de Juan Carlos Torre).