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miércoles, 4 de junio de 2014

El laborismo y los radicales


El 23 de mayo de 1946 Perón lanzó por radio la orden de caducidad del laborismo, más acatada por los diputados electos que por las bases. Junto a él estaban, en ese momento, hombres como Domingo Alfredo Mercante, Jazmín Hortensio Quijano y Rodolfo Decker. También estaban allí Ángel Borlenghi y el verdugo Solveyra Casares, señalados como cómplices en la maniobra para destruir al laborismo. Cabe recordar que Solveyra fue denunciado como jefe del aparato represivo, hombre de inteligencia y torturador directo, a la vez que responsable de asesinatos con nombre y apellido de víctimas, como Pedro Zdeb, Ramón Pastozuk y Leonor Quaretta, los campesinos del Chaco. Pero a todo esto, el Congreso nacional había quedado poblado de obreros.



El diputado Reyes asumió orgullosamente en nombre del partido laborista. Otros aun dudaban qué hacer y muchos se iban pasando al partido único. Pero el nombre laborismo seguiría sonando. La primera vez que habló en el parlamento, Reyes hizo un apasionado alegato contra la ley de residencia, que debía derogarse inmediatamente, en nombre de “40 años de sufrimientos”. Pero vio cómo sus amigos de los gremios dejaban de lado ese mandato histórico del movimiento obrero, para alinearse con Perón, manteniendo vigente a la repudiada ley 4144, usada para expulsar "extranjeros indeseables". El conductor del giro legislativo que llevó a cabo la maniobra, fue el diputado John Cooke, presidente de la comisión de asuntos constitucionales. Con tales herramientas, el gremialista Eduardo Seijo, dirigente laborista, miembro del comando de la Confederación General del Trabajo (CGT) en 1945, sería torturado y deportado a Chile, su tierra natal, poco tiempo después. En este y otros temas, Reyes mantuvo una absoluta independencia, intransigente en asuntos que creía irrenunciables para un sindicalista.




Muchas veces los radicales lo aplaudieron, y se llevó la sorpresa de coincidir con quienes fueran sus rivales en la campaña, en muchas demandas obreras, como la derogación de la ley 4144, la huelga de los obreros de la carne y los repudios a la represión, como en una temprana y consciente defensa de los derechos humanos, olvidados por el bloque de la mayoría. No era tan sorprendente: en el radicalismo estaba en pleno ascenso la intransigencia, inspirada por Moisés Lebensohn, cuyo programa social y económico era más avanzado que el propuesto por Perón. Arturo Frondizi y Ricardo Balbín apoyaron muchas protestas obreras que fueron reprimidas por el gobierno y denunciaron la depreciación de la moneda, que impactaba en la clase popular. Incluso el sector radical más clásico, denominado unionista, con hombres como Santiago Nudelman y Silvano Santander, hicieron una defensa apasionada de los presos políticos y gremiales, muchas veces torturados. Nudelman se ocuparía del caso Cipriano Reyes, quien fue preso y castigado en 1948.*





*(Fragmento de El Laborismo, línea Cipriano Reyes, investigación de Ariel Kocik que da cuerpo al capítulo 3 del libro Laborismo (Capital Intelectual, 2014) de Santiago Senén González, con epílogo de Juan Carlos Torre).