lunes, 16 de junio de 2014

La Bonaerense, en tiempos de Mercante


Muchas veces se contó la historia del peronismo como un cuento, como si la sociedad fuera menor de edad. El diario El Laborista*, cuando fue libre, llamó las cosas por su nombre: “Sádicos torturadores policiales son los autores de los crímenes misteriosos de Florida en 1951, tituló en un tiempo olvidado. Más allá de la Avenida General Paz, en tierra del corazón de Perón, coronel Domingo Alfredo Mercante, la policía mataba y tiraba cuerpos a los potreros, muy cerca de la quinta de Olivos. 



En la comisaría de la localidad Florida, más de treinta personas fueron asesinadas en pocos meses de 1951. El comunista Teodoro Baziluk fue brutalmente torturado con picana, privado de comida y tirado sin vida al arroyo Morales. Otra víctima fatal, el joven de 23 años Martín Graneros, murió luego de sobrecogedores tormentos y su cuerpo quedó en un despoblado. Algunos detenidos eran atados a un árbol para ser maltratados por un perro.



Fueron asesinados Pedro MorenoJosé Lettieri y otros ciudadanos. La increíble matanza corría por cuenta del oficial Roberto Miguel Nieva Malaver y de sus empleadoscomo José Moratello Carlos Segundo Doro. Éste último era un vigilante de la residencia presidencial de Olivos (la misma función que cumpliera el cabo José López Rega). Esa policía criminal bonaerense respondía al coronel Adolfo Marsillac, hombre del gobernador Mercante, en los años germinales de la mejor del mundo.




Marsillac había aplicado torturas a víctimas como Adolfo Tasso. La gestión del gobernador Mercante es considerada honesta y eficiente por el peronismo pituco de clase media. El año del renunciamiento de Evita, un radical de Avellaneda denunció que había restos humanos tirados en la calle. Los hechos sucedían incluso antes que el gobierno suspendiera la Constitución de hecho, al imponer el Estado de Guerra Interno, que permitía el fusilamiento. En 1947 ya se había fusilado a 1500 humildes sin ley alguna.



No debe haber jueces que no sean justicialistas”, expresó el ministro del Interior, Ángel Gabriel Borlenghi, a comienzos de 1955. Cualquier investigación quedaba cerrada. Los desaparecidos eran llamados “personas con paradero incierto y situación procesal inexacta”, según el doctor Santiago Nudelman. Las víctimas eran obreros o humildes sin trabajo. Por años circuló el rumor de que serían ferroviarios, ultimados después de la huelga del verano, versión que publicaría un diario.


Tampoco puede descartarse que hubiera huelguistas entre los desaparecidos de Florida. Los doctores en historia, memoria y derechos humanos suelen creer que bajo la bruma del peronismo hubo una sola víctima: el médico rosarino Juan Ingalinella. A lo sumo dos o tres. Fue lo que contó Arturo Jauretche, quien aseguró que había "falta de mercadería para el inventario de finados". Gente que padeció daños mucho menores es considerada héroe de resistencias y recibe dinero de la sociedad.





Investigaciones registradas con derechos de autor.


* El libro La Bonaerense, de Carlos Dutil y Ricardo Ragendorfer, describe la corrupción policial aliada al peronismo de fin de siglo, pero no tanto sus orígenes.