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sábado, 19 de julio de 2014

La "gratitud del mandatario"


Cuando secuestraron al ex diputado Cipriano Reyes en 1948, el director penal Roberto Pettinato lo recibió y lo derivó a la Sección Especial de la policía. Apenas lo mostrarían “cuando estuviera en condiciones”, oculto “hasta que se compusiera de todo lo que le habían hecho”, según testigos. El oficial Salomón Wasserman, verdugo de muchas víctimas, fue ascendido por decreto presidencial el día que torturó al líder del laborismo. Se difundió una esquela de Perón para el jefe de la policía: “Haga llegar también y en el mismo sentido, mi felicitación y el reconocimiento al personal que intervino en el seguimiento y descubrimiento del complot para atentar contra la vida del presidente de la Nación, señores: inspector Mayor, don Luis Alberto Carlos Serrao, Director de Investigaciones: oficial principal, Don Salomón Wasserman… La evidente diligencia, tesón, sagacidad y valentía puesta en evidencia por ellos en su difícil tarea, hacen que todo elogio resulte parco ante el éxito logrado… Esta pesquisa señala, una vez más, hasta donde pueden superarse los servidores públicos… Reciba, pues, la gratitud del mandatario y el agradecimiento del pueblo… Juan Perón”. El diario El Líder de Ángel Borlenghi celebró la pesquisa, recordando que estábase en la pista y con gran eficacia actuó la policía. 



El matador de Tigre

Ver: El Laborismo, línea Cipriano Reyes, investigación de Ariel Kocik que da cuerpo al capítulo 3 del libro Laborismo (Capital Intelectual, 2014) de Santiago Senén González, con epílogo de Juan Carlos Torre).

(Este artículo será parte de una saga sobre represores impunes ignorados por la historiografía)