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jueves, 25 de septiembre de 2014

Otros desaparecidos


Arturo Jauretche imaginó que el doctor Juan Ingalinella fue casi la “única víctima” del proyecto popular. La izquierda vestida de peronista agarró el pájaro al vuelo. Jauretche agregó al mozo Carlos Aguirre y al obrero Roberto Nuñez. Hasta ahí el “inventario de finados” según sus palabras. No obstante, si se toma en cuenta al interior del país, la revolución justicialista le dio bala a más argentinos que la revolución libertadora. Los militares y civiles de clase media, fusilados por Aramburu, fueron treinta, retratados por un famoso escritor. Los humildes que mató la gendarmería de Perón fueron mil quinientos, en silencio por muchas décadas. 



Ingalinella se recuerda, en parte, por los diputados radicales (Arturo Frondizi envió gente a Rosario). El peronista Antonio Cafiero reconocería al primer desaparecido, el médico comunista rosarino. Ingalinella tuvo certificado de aceptación. No era el primero y no sería el último. En Chaco, Solveyra Casares, asesor de asuntos criminalesse encargó en 1945 de muchos campesinos, como Ramón Pastozuk. En Formosa hubo cientos de desaparecidos en 1947, incluidos niños, del pueblo pilagá. Ese pueblo pobre, fusilado en masa, venía de protestar contra el estanciero salteño Patrón Costas. En la zona de Vicente López hubo decenas de desaparecidos en 1951, como Teodoro Baziluk, pero hasta hoy son negados.

viernes, 5 de septiembre de 2014

El primer juicio a la represión


Hasta hace poco, el café de izquierda afirmaba que Alfonsín "perdonó" a los militares en 1987. Según otra mirada, quienes no deseaban o no sabían juzgar a nadie, se enojaron porque Alfonsín logró condenar a varios. La historia argentina abunda en absurdos. Todavía más. Es cierto que el juicio a las juntas no tenía precedentes en el mundo. Las tiranías siempre aportaron mano de obra a la transición, desde Rusia hasta Alemania. Había un caso que nadie recordaba. Un gobierno cívico militar separó de sus funciones a cientos de torturadores e inició procesos más amplios que los de 1983. No era peronista ni radical, aunque lo apoyó parte del radicalismo. 



A los historiadores no les urge recordarlo, porque era una dictadura, con el servicio de demócratas como Alfredo Palacios. En realidad, el peronismo también había tenido un corte castrense, con delación y obediencia gremial a un comando militar sin apelación. Ldictadura del general Aramburu, considerada el inicio de la represiónprocesó a los torturadores de la democracia del peronismo, y el gobierno intermedio de Arturo Frondizi cortó los juicios con una amplia amnistía. Alguien hoy mimado por el peronismo y su mito gremial, escribía con buena letra para la revolución libertadora. El progre más famoso de entonces, hasta hoy loado, definió a Aramburu como un demócrata singular.



Cierta vez, el almirante Isaac Rojas, ejemplo de marino brutal para los tiempos, escuchó a un grupo de víctimas de torturas. No habían sido castigados por el gobierno de Lonardi o de Aramburu. Eran torturados por el régimen anterior, es decir, la democracia. Luciano Molinas, demócrata progresista, les prometió ocuparse del tema. Por su parte, el ministro Eduardo Busso recibió a Rosa Trumper, la esposa del médico desaparecido Juan Ingalinella, y al estudiante Mario Bravo, entre otras víctimas de la policía del gobierno justicialista.

jueves, 4 de septiembre de 2014

La "gestapo de los frigoríficos”


El título responde a una denuncia de Cipriano Reyes contra la policía que reprimía a los obreros, pagada por las empresas. Testimonio que, como otros, consta en documentos conseguidos por el autor de cuentosperonistas, inéditos por décadas. Reflejados en artículos sobre Reyes o Roldán, fueron copiados por directores de cine, periodistas y escritores (como Aurora Venturini) para sus guiones y productos, con escenas y textos iguales al artículo que los “inspiró”. Sin citar al que trabajó, pero citando acaso al palanquista. La cordialidad entre colegas a veces hace "dejar pasar", evitando polémicas, o esperando sinceridades tardías. Que se divulgue parte de la historia y que se pavoneen como autores. Pero a los interesados en la verdad siempre les servirá la aclaración. Las investigaciones verdaderas son hechas con trabajo original, que escapa a las publicaciones previas. Solo el verdadero autor puede ofrecer detalles y origen. 


Una corriente de opinión enrolada en un oficialismo, vestida de progresista, ha usado el trabajo ajeno –hasta fotos- como si fuera propio, cuidando de conciliarlo con cuentos de gobiernos teñidos por la corrupción, si bien ya empiezan a saltar del barco, como en los años noventa. Se trata de una memoria algo utilitaria de personajes de la historia, llámense Ricardo Balbín o Cipriano Reyes, que tenían defectos, pero no aplaudían a los que roban. No es casual que los buscadores del favor oficial, no hayan hablado en mucho tiempo, ni por asomo, de las violaciones a los derechos humanos en los años de Perón. Un “laborismo dulce” o un radicalismo tolerante con los que le hacen daño al país. Pero es falso, como ganar dinero con el trabajo de otro. 

*El título de esta nota refiere a un artículo firmado por Kocik anterior a 2010, frase tomada luego para un guión de cine, pasando por alto la fuente. Sirva de ejemplo. Ver: Homenajes