viernes, 5 de septiembre de 2014

El primer juicio a la represión


Hasta hace poco, el café de izquierda afirmaba que Alfonsín "perdonó" a los militares en 1987. Según otra mirada, quienes no deseaban o no sabían juzgar a nadie, se enojaron porque Alfonsín logró condenar a varios. La historia argentina abunda en absurdos. Todavía más. Es cierto que el juicio a las juntas no tenía precedentes en el mundo. Las tiranías siempre aportaron mano de obra a la transición, desde Rusia hasta Alemania. Había un caso que nadie recordaba. Un gobierno cívico militar separó de sus funciones a cientos de torturadores e inició procesos más amplios que los de 1983. No era peronista ni radical, aunque lo apoyó parte del radicalismo. 



A los historiadores no les urge recordarlo, porque era una dictadura, con el servicio de demócratas como Alfredo Palacios. En realidad, el peronismo también había tenido un corte castrense, con delación y obediencia gremial a un comando militar sin apelación. Ldictadura del general Aramburu, considerada el inicio de la represiónprocesó a los torturadores de la democracia del peronismo, y el gobierno intermedio de Arturo Frondizi cortó los juicios con una amplia amnistía. Alguien hoy mimado por el peronismo y su mito gremial, escribía con buena letra para la revolución libertadora. El progre más famoso de entonces, hasta hoy loado, definió a Aramburu como un demócrata singular.



Cierta vez, el almirante Isaac Rojas, ejemplo de marino brutal para los tiempos, escuchó a un grupo de víctimas de torturas. No habían sido castigados por el gobierno de Lonardi o de Aramburu. Eran torturados por el régimen anterior, es decir, la democracia. Luciano Molinas, demócrata progresista, les prometió ocuparse del tema. Por su parte, el ministro Eduardo Busso recibió a Rosa Trumper, la esposa del médico desaparecido Juan Ingalinella, y al estudiante Mario Bravo, entre otras víctimas de la policía del gobierno justicialista.