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domingo, 8 de marzo de 2015

La amiga del ministro


(Continúa de El viaje de Clara Borlenghi) Por entonces se hablaba del enriquecimiento de Borlenghi y de su amiga Juana Azpitarte. En un local de Villalonga, avenida Figueroa Alcorta y Salguero, se encontraron muebles, telas, cuadros y objetos que superaban los 450 mil pesos, a nombre de la federación de comercio, pero nadie dudó que pertenecían a quien fuera su líder. En la calle Callao 144 también se hallaron alfombras de lujo por más de 400 mil pesos, a nombre del citado sindicato, señalado como “prestanombre” del ex dirigente gremial. Se ha señalado que la finca de la Lucila, ubicada en la calle Andrés Ferreyra, también engrosaba el patrimonio ministerial, llegando Borlenghi a “elegir la casa que le iba a obsequiar la federación del Comercio”. La operación habría sido hecha por la propia Juana Azpitarte.

Allí había muebles, tapices, cortinados y vajillas por más de dos millones de pesos. Lo mismo había sucedido con la finca La Gratitud de la Matanza, donada por el sindicato al ministro. Estas “donaciones” no eran otra cosa que “el despojo de los salarios de los empleados de comercio y el saqueo de los bienes nacionales”. La revolución libertadora intervino y la familia Borlenghi, pasado el tiempo, los ha reclamado como propios. En 1955 nadie creía inocente al hombre responsable de tantas represiones y actos de despojo, que buscó refugio en una dictadura del Caribe. Su propio gremio lo denunció y lo suspendió, según la prensa que fuera peronista. En cuanto a la amiga Juana, tenía un patrimonio millonario en su domicilio de la calle Ayacucho, además de sociedades y bienes a su nombre.

Fuentes: expedientes judiciales e investigaciones de 1956. Archivos de la revolución libertadora. Diversos diarios que fueran peronistas.