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martes, 28 de abril de 2015

Savio y el metal nacional



El general Manuel Savio tuvo ideas claras sobre la siderurgia para el desarrollo del país. Desde las fabricaciones militares llevó adelante el sueño del metal argentino. Los primeros avances fueron bajo los gobiernos de Agustín Pedro Justo, Roberto Marcelino Ortiz y Ramón Castillo. La primera colada de acero se llevó a cabo a orillas del riachuelo, aunque se recuerda más aquélla otra, de hierro, en la provincia de Jujuy en 1945.

Savio fue apoyado por el diputado Frondizi y en 1947 se aprobó el plan siderúrgico, cuando gobernaba Perón. Entonces, muchos creen que se trató de una política de Estado del peronismo.

En esta historia, como en otras, se dice más por lo que se niega. Los relatos peronistas sobre el metal y la industria recuerdan a funcionarios públicos cuyo prontuario reza "cursó estudios de sociología", para no decir que apenas empezó la carrera y casi no aprobó materias.


Savio fue coherente con su proyecto. Pero no está claro qué se hizo desde su muerte en 1948. Esto que parece una pregunta elemental, que cualquier libro de historia respondería, surge como una bruma. Se sabe que la empresa SOMISA fue creada en 1947.* Como su nombre lo indica, era una sociedad mixta: el nacionalista Savio no se oponía a que los capitales ayudaran al Estado. No obstante, el laborismo denunció a la parte privada como "una empresa delincuente norteamericana". 

¿Qué pasó luego? La historia del acero da un salto hasta los años noventa, en que otro gobierno peronista pritavizó a SOMISA. Entremedio, se puede imaginar mucho. Surge un curioso vacío entre 1945 y 1955. La verdad es que en este campo, Perón se concentró más en las palabras, o en las elecciones, que en la producción de los altos hornos. Algo parecido sucedió con los ferrocarriles.





Acero o palabras

Nestor Grancelli Cha hizo un claro análisis: luego de un incremento espectacular de la producción de acero entre 1938 y 1945, la misma se estancó sin solución a partir de 1945, cuando, con bombos y platillos, se anunció el nacimiento de una nueva Argentina. En 1949 Perón fue lejos y declaró la "independencia económica del país", causando ironías en la prensa extranjera.

Estudiosos como Rodolfo Walsh no ignoraban la historia verídica del acero y de la metalurgia. Luego de diez años de subsidios y políticas a corto plazo (desoyendo los consejos de Savio y hasta del Banco Central), la industria más fuerte era apenas una ilusión en 1955. El desbalance ya lo estaban pagando los supuestos favorecidos.




En resumen, la creación de SOMISA se anunció en 1947, pero la planta terrenal de San Nicolás se inauguró con el presidente Arturo Frondizi (1958-1962), quien se abocó a una "batalla del acero". Se creía que el metal, el transporte moderno y el petróleo podían ser la base para detener una crisis de la que nadie rendía cuentas, en tanto muchos se habían embebido de "nacionalismo declamatorio". 

Otros dirían que, al menos, se había creado una "conciencia nacional", si no acero y trabajo (el empleo fue sobre todo plantel público electoral, no productivo) bajo el peronismo. Se llegaría a un punto en que los argentinos desbordan de conciencia y palabras, pero no saben cómo crear trabajo, empujando a la marginalidad a sus compatriotas.

En otros aspectos sí acertó el gobierno de Perón, como la construcción del gran gasoducto que, según se anunció, era único en el mundo. Pero hablar de desarrollo es un exceso. Queda pendiente un reconocimiento más sincero, sin ocultamientos ni olvidos tontos, de las políticas de aquéllos años y sus resultados efectivos.



*El convenio inicial fue incluso anterior, bajo el régimen de Farrell, en 1946 (antes que Perón ganara las elecciones).

martes, 7 de abril de 2015

Jorge Calvo, asesinado en Quilmes


Faltaba poco para que Ricardo Balbín fuera expulsado del parlamento, tras vibrantes alocuciones. La situación económica, que algunos imaginan ideal, daba señales de alarma en el almacén y en la calle. En los sindicatos había reclamos de base contra la dirigencia más sumisa, por lo común ahogados. Suele olvidarse que para Perón, en la comunidad organizada policía y dirigentes gremiales debían actuar juntos.

En el terreno de la represión, muchas noticias no trascendían. En el local comunista de la capital federal habían matado a dos militantes. Y otros habían quedado tendidos en la calle sin que nadie los recuerde. Es sugerente que Perón defendiera la unión americana y la amistad con Paraguay, mientras Obdulio Barthe, líder comunista paraguayo, acababa de ser cruelmente torturado y deportado a la dictadura de su país.

En la provincia de Buenos Aires los atropellos no ganaban repercusión, según denunciaba el propio Balbín. Muchos locales comunistas habían sido atacados. El grupo más famoso que promovía la violencia en la calle era la alianza libertadora nacionalista, banda por donde pasara gente que después se hizo de izquierda.

La propaganda de felicidad, las movilizaciones, y asuntos como el deporte mantenían a la opinión entretenida, como ahora. La gente de Quilmes, por ejemplo, todavía celebraba una hazaña histórica: hacía poco que el equipo de la ciudad, de la mano de Adolfo Paraja, había derrotado 4 a 1 en el estadio Monumental al River del uruguayo Walter Gomez y Amadeo Carrizo, que empezara ganando con gol de Felix Lousteu.


El sur obrero vivía la era con aparente alegría. Todavía faltaba para que el "monopolio cervecero" fuera puesto en "manos del pueblo", pero la enemistad del gobierno con la familia Bemberg era manifiesta. Entre tanto, un miembro del sindicato de la cerveza se había vuelto un obsecuente diputado. En la vecina Avellaneda, un par de bravíos sindicalistas habían caído en la corrupción y una actitud casi patronal, cerrando los ojos frente a la represión. 

En agosto de 1950 el local comunista de Quilmes fue ferozmente asaltado por una banda identificada como de la famosa Alianza, aquél grupo favorable a Alemania nazi, al que los estudiantes como Félix Luna habían combatido. Según testigos, uno de los atacantes fue el propio líder Patricio Kelly, quien le disputó el poder de la alianza a Juan Queraltó. Ese día fueron asesinados en Quilmes Jorge Calvo y Angel Pedro Zelly en total impunidad.



Kelly tenía estrecha relación con la policía brava de entonces, y con un hombre de la Casa Rosada, según gente de la propia fuerza. Poco después en Quilmes hubo un picnic de la juventud comunista que también fue tomado a balazos, con muy graves heridos. El testigo Isidoro Gilbert ayudó amigos a escapar.

Claro está que en política todo cambia. Con los años el comunismo se acercó al peronismo y el recuerdo de las víctimas quedó un poco más diluido, presente en algunas pintadas callejeras en la zona del cementerio y recordaciones militantes. La sociedad en general los ignora y las cátedras de historia también. Calvo no fue incluido por Arturo Jauretche en su pequeña "lista de finados de la época".

*Testimonio Isidoro Gilbert para el autor.