Buscar en Cuentos peronistas...

martes, 7 de abril de 2015

Jorge Calvo, asesinado en Quilmes


Faltaba poco para que Ricardo Balbín fuera expulsado del parlamento, tras vibrantes alocuciones. La situación económica, que algunos imaginan ideal, daba señales de alarma en el almacén y en la calle. En los sindicatos había reclamos de base contra la dirigencia más sumisa, por lo común ahogados. Suele olvidarse que para Perón, en la comunidad organizada policía y dirigentes gremiales debían actuar juntos.

En el terreno de la represión, muchas noticias no trascendían. En el local comunista de la capital federal habían matado a dos militantes. Y otros habían quedado tendidos en la calle sin que nadie los recuerde. Es sugerente que Perón defendiera la unión americana y la amistad con Paraguay, mientras Obdulio Barthe, líder comunista paraguayo, acababa de ser cruelmente torturado y deportado a la dictadura de su país.

En la provincia de Buenos Aires los atropellos no ganaban repercusión, según denunciaba el propio Balbín. Muchos locales comunistas habían sido atacados. El grupo más famoso que promovía la violencia en la calle era la alianza libertadora nacionalista, banda por donde pasara gente que después se hizo de izquierda.

La propaganda de felicidad, las movilizaciones, y asuntos como el deporte mantenían a la opinión entretenida, como ahora. La gente de Quilmes, por ejemplo, todavía celebraba una hazaña histórica: hacía poco que el equipo de la ciudad, de la mano de Adolfo Paraja, había derrotado 4 a 1 en el estadio Monumental al River del uruguayo Walter Gomez y Amadeo Carrizo, que empezara ganando con gol de Felix Lousteu.


El sur obrero vivía la era con aparente alegría. Todavía faltaba para que el "monopolio cervecero" fuera puesto en "manos del pueblo", pero la enemistad del gobierno con la familia Bemberg era manifiesta. Entre tanto, un miembro del sindicato de la cerveza se había vuelto un obsecuente diputado. En la vecina Avellaneda, un par de bravíos sindicalistas habían caído en la corrupción y una actitud casi patronal, cerrando los ojos frente a la represión. 

En agosto de 1950 el local comunista de Quilmes fue ferozmente asaltado por una banda identificada como de la famosa Alianza, aquél grupo favorable a Alemania nazi, al que los estudiantes como Félix Luna habían combatido. Según testigos, uno de los atacantes fue el propio líder Patricio Kelly, quien le disputó el poder de la alianza a Juan Queraltó. Ese día fueron asesinados en Quilmes Jorge Calvo y Angel Pedro Zelly en total impunidad.



Kelly tenía estrecha relación con la policía brava de entonces, y con un hombre de la Casa Rosada, según gente de la propia fuerza. Poco después en Quilmes hubo un picnic de la juventud comunista que también fue tomado a balazos, con muy graves heridos. El testigo Isidoro Gilbert ayudó amigos a escapar.

Claro está que en política todo cambia. Con los años el comunismo se acercó al peronismo y el recuerdo de las víctimas quedó un poco más diluido, presente en algunas pintadas callejeras en la zona del cementerio y recordaciones militantes. La sociedad en general los ignora y las cátedras de historia también. Calvo no fue incluido por Arturo Jauretche en su pequeña "lista de finados de la época".

*Testimonio Isidoro Gilbert para el autor.