viernes, 8 de mayo de 2015

Río de Janeiro


Ese mes Perón es detenido: el régimen de Farrel tambalea. Todos los partidos políticos apoyan la maniobra, de un sector militar, contra el gobierno.


En Berisso hay gran agitación desde el 13 de octubre; concentraciones, choques con la policía. La gente de Reyes sabe que con el avance oligarca y bradenista está en juego toda su lucha, lista para entregar “atada de pies y manos, a la vendetta patronal”. Las bases se lanzan a las calles con pleno entusiasmo. De la libertad de Perón dependía preservar tres años de avances sobre la legislación laboral, y la mejora efectiva de la relación de fuerzas con las empresas, prometedora de nuevas conquistas al calor de la organización gremial.




La ciudad era netamente obrera; miles de trabajadores semi esclavos (muchos inmigrantes) de los frigoríficos, además de textiles y portuarios. No era difícil movilizar a toda esa comunidad, donde la relación entre familia, barrio y trabajo era directa. Y como los sindicatos estaban por intervenirse, la urgencia por actuar era mayor.


La dirigencia de la carne con Cipriano a la cabeza, ya buscada por la policía, trabajaba arduamente por lanzar una gran marcha a Plaza de Mayo, enlazando sindicatos y bases ajenas a sus conducciones. El 16 deciden la huelga general sin el apoyo de la CGT, pero en acuerdo con los zafreros de Tucumán (la FOTIA, que tenía su delegado en La Plata) y otros gremios del interior del país; y junto a portuarios, metalúrgicos, madereros, etc., de los barrios fabriles de Capital y alrededores, especialmente del sur. 




El gremio había impulsado la Federación Autónoma de Sindicatos de la Carne, que agrupó a sus colegas de los frigoríficos Wilson, La Negra, el Anglo, CIABASA, etc., y el Comité de Enlace Intersindical, que en los días de octubre coordinó el trabajo de activistas en toda la zona de La Plata y Buenos Aires, y junto a ferroviarios de San Juan, zafreros tucumanos, etc.


El 17 de octubre a la madrugada Berisso marcha en dos columnas: junto a los obreros de Ensenada al centro de la ciudad de La Plata – cuyos parques y plazas permanecen “ocupados” por dos días – y a la Plaza de Mayo de Buenos Aires con sus colegas de Avellaneda y Lanús, arrastrando al cinturón industrial de la zona.



La marcha inicial se vuelca por la arteria Río de Janeiro, dejando atrás el puerto, pasando los tanques petroleros, en un camino de campo, en dirección al bosque platense. 

Ver Cipriano Reyes, el primero en denunciar a Perón
El Laborismo, línea Reyes (La verdadera historia)