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viernes, 5 de junio de 2015

Contrastes de la Nueva Argentina


Una gran propaganda se ocupó, también, de este tema. Periodistas e historiadores llegaron a creer que nada grave había sucedido, o incluso, que se trató muy bien a los inmigrantes. Sin embargo, el contraste entre los extranjeros destinatados a la cárcel y la deportación, y aquéllos que gozaron de la mayor protección del poder, puede parecer irreal entre 1943 y 1955. Extranjeros como el criminal belga Pierre Day o el coronel nazi Otto Skorzeny no fueron alcanzados por la ley 4144, invocada como necesaria, que se usó contra carpinteros eslavos como Antonio Dramachonek, obreros del petróleo como Francisco Apolonio Guerreiro, o la estudiante de Bellas Artes Hilda Wajselfiss, nacida en Polonia, quien ayudó a los huelguistas metalúrgicos en 1954 y fue encarcelada (al parecer también deportada) por decreto. El comunista Obdulio Barthe fue enviado a la dictadura del Paraguay en 1950, pero el criminal belga Pierre Day entró a la Casa Rosada en 1947, según las memorias de Pierre Day, aunque pesara su pedido de captura internacional. 



El banquero Ludwig Freude, señalado como “embajador fantasma” de Adolfo Hitler en Buenos Aires (luego del retiro del embajador formal en 1945) fue acaso el número uno de la escena nazi en el país. Su hijo Rodolfo Ludovico Freude fue secretario del Presidente. (Dueño de los bancos germanos más importantes de Sudamérica, Freude favoreció el flujo de capital y de hombres. Habría financiado campañas políticas y le regaló un departamento a Eva Duarte). El agente SS Carlos Horst Fuldner organizó una red de escapes hacia la Argentina a través de una oficina de migraciones en Europa, actuando en nombre del gobierno justicialista. Perón sostuvo que acogió los fugitivos “por un sentido de humanidad”. Se refirió a los juicios de Nuremberg como “una infamia y una funesta lección para el futuro de la humanidad.” Expresó: “Fueron varios miles de alemanes los que entraron a la Argentina.” Algunos de ellos fueron el llamado “Carnicero de Lyon”, oficial SS Klaus Barbie, y el capitán Erich Priebcke, quien mató a 300 italianos en las Fosas Ardeatinas y fue vecino de San Carlos de Bariloche hasta su captura en 1998. Tomás Eloy Martínez creía que Perón tuvo trato con el criminal Joseph Menguele.





Ver: Perón y los alemanes, de Uki goñi; Odesa al sur, de Jorge Camarasa; trabajos de Beatriz Guverich, Carlos de Napoli y Abel Basti.

Ver Extranjeros "indeseables" en la Argentina