Buscar en Cuentos peronistas...

miércoles, 26 de agosto de 2015

Comicios ejemplares, o la milonga de Barceló


El fraude forma parte de la historia argentina, como el contrabando, la yerba y el mate. Todos saben cómo ganaba las elecciones el Partido Autonomista Nacional, del zorro Julio Roca y el gringo Carlos Pellegrini, hacedor de una Argentina que maravilló a José Martí. El peludo Yrigoyen lo combatió, pero su gente no era lerda ni perezoza, ni tampoco iría desarmada a los comicios. El conservadurismo descolló robando votos y fajando gente en la provincia de Buenos Aires, con Marcelino Ugarte (el petiso orejudo), Manuel Fresco (el Mussolini criollo) y Alberto Barceló, el rey de Avellaneda. Los dueños de burdeles preparaban el fraude en comités cercanos al Riachuelo. Carlos Gardel cantaba para ellos.*

Juan Perón también robó votos, fraguando elecciones gremiales (con atentados armados incluidos), y en los comicios de su segunda presidencia, con un padrón muy engordado que fue denunciado por Oscar Alende. No faltaron asaltos a las urnas. Además, el peronismo cambió el mapa electoral para anular a la oposición: el mecanismo permitía que los vecinos de la Boca votaran en Recoleta, como señala Hugo Gambini. Así se impedía una derrota en un distrito difícil, y se robaban bancas a la oposición. Según Alfredo Palacios, un fraude quizá mayor era el de manipular a la gente, desde la niñez hasta su jubilación.



El tiempo pasó y hubo esbozos de democracias, siempre limitadas. Desde 1983 y hasta hoy, por momentos pareció superarse el patrón mafioso, con desbordes que cada tanto sobresalían. Nunca se terminó de depurar el sistema de sometimiento de la voluntad del buen sufragante. De hecho, nadie votó al presidente Duhalde en 2002, que dejó al presidente Kirchner en 2003, aunque todo aquéllo fue aceptadado. Hasta por Raúl Alfonsín.

En vez de amainar, ahora se potencia la trampa. Hay muertos, heridos, hambre negada por los doctores en cambio social, que toman café y cobran por ello, defendiendo una fuerza narco-menemista, con frases de Jauretche. Los problemas de una democracia inmadura, en la Argentina, se prolongan indefinidamente, incluso retrocediendo muchas décadas en brutalidad.

* Ver: “Ruggierito”, por Adrián Pignatelli, revista Todo es Historia.