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jueves, 20 de agosto de 2015

Crímenes en Jujuy


La izquierda de café o de terraza, de la querida ciudad de Buenos Aires, tiene una vaga simpatía por el noroeste del país, tierra de luchas y raíz indígena, donde los porteños viajan a buscar la pacha mama, incluso cambiando palabras, quizás sintiéndose coyas por un rato. Algo menos que el folcklore y el turismo, preocupa cómo vive la gente en las provincias de todo el norte, en parte como consecuencia de las fantasías del progresismo. 

Esta semana, en la provincia de Jujuy, fue asesinado un joven militante del radicalismo, Jorge Ariel Velasquez, todo indica que a manos de un grupo criminal amparado por el gobierno nacional. Esto que parece nuevo, en realidad sucedió durante los tres gobiernos que ejerció Juan Perón, fundador del justicialismo. Usar bandas delincuentes que amenazan, llegando a matar a los opositores políticos, está en el origen del movimiento que emboba a los intelectuales, y que todos quieren adular.

Nadie lo sabe, pero en pleno surgimiento del peronismo sucedió algo parecido. El obrero Enrique Espinosa, militante del gremio de la construcción (donde era fuerte el comunismo, liderado por Pedro Chiaranti), fue asesinado por la policía en 1945. Un poeta jujeño le dedicó unas líneas que fueron publicadas en el diario La Proclama. Así comenzaba el poema: “Bajo el plomo del gendarme / cayó el obrero Espinosa… / Un grito de libertad / quedó cuajado en su boca / y en la herida de la bala / un gorro frigio se asoma.” Pero ningún historiador lo registra, obnubilados muchos por la novela peronista