miércoles, 9 de septiembre de 2015

La muerte de Evita, vista desde la cárcel


Los hechos se viven de modo diferente según el lugar que se ocupe. El problema es cuando nadie se encarga de contar otra visión a la dominante, a la versión escolar coralmente repetida. Pero los testimonios existen. La asunción de Juan Perón, por ejemplo, encontró a Dardo Cufré (militante de la primera hora) armado y en guardia, esperando el asalto policial contra la sede laborista. La señora Eva Perón emocionó a mucha gente, pero a otra gente la hizo torturar. La muerte de Evita y sus homenajes fueron inolvidables, pero por motivos distintos.


Por entonces Juan Ovidio Zavala, líder estudiantil, preso y torturado, llegó a tramar su suicidio en la cárcel de Olmos para evitar más castigos. Lo golpearon entre cinco guardias. Nieto e hijo de revolucionarios, sobrino de un diputado radical y de un gobernador peronista, íntimo de la familia Quijano -el vicepresidente del país-, tampoco se salvaba. Era un hombre de acción y un enlace civil con Arturo Frondizi. Ya en la penitenciaría, rechazó el homenaje obligatorio a Eva Perón, quien había fallecido.



“Tal osadía fue castigada con 30 días en las celdas del subsuelo conocidas como 'el triángulo' y harto temidas por los delincuentes más peligrosos… sin más comida diaria que un plato de sopa y dos panecillos, y sin cigarrillos, mate o libros. Fueron treinta días de infierno, los detenidos soportaron castigos corporales, pasaron días completamente a obscuras y cuando salieron a luz apenas pudieron reconocer los objetos”, según se publicó. El diario La Nación definió a esos sitios como los “triángulos de la muerte”.*


* Fragmento de "Los verdugos favoritos del progresismo" (Por Ariel Kocik), citado en el capítulo 12 del libro "El Relato Peronista", de Silvia Mercado, publicado por Espejo-Planeta en 2015. Leer más sobre La represión del peronismo