Buscar en Cuentos peronistas...

martes, 1 de diciembre de 2015

El acento político de Córdoba


Se dice que, en una época, había que arreglar con cinco familias de Córdoba, para empezar a tener el poder del país. Desde las sierras se armaban combinados provinciales, con vistas a una solución nacional. Julio Argentino Roca, tucumano, construyó desde allí su presidencia, que dio en "el país moderno".

Monástica, culta, señorial, Córdoba mostró su costado rebelde. Fue la cuna del reformismo universitario de 1918, de la mano del maestro Deodoro Roca. Y tuvo la pionera experiencia de justicia social con Amadeo Sabattini en los años 1930, mientras en Buenos Aires mandaban los conservadores.

La provincia resistió al justicialismo, pero hubo pueblos que lo abrazaron. A Emma Illia le gustaba jugar en casa de amigas peronistas. De cualquier modo, no sorprendió que en ese suelo estallara la revolución libertadora, con gran apoyo civil. Perón tenía cómo vencer militarmente al general Lonardi, pero no quiso luchar.





Cuando el radicalismo se dividió, la línea Córdoba, sumada a Buenos Aires, hicieron que Balbín pareciera invencible. Dos provincias valían por medio partido. Y Frondizi tuvo que fundar el radicalismo intransigente.

La industrialización y el crecimiento de la clase obrera, junto al movimiento estudiantil, trajeron el gran estallido popular de 1969. La represión posterior fue tal vez la más cruenta. Los horrores se revelaron después de 1983.

El radicalismo dejó de ser invicto hace rato, pero aún el peronismo de allí es particular. Los izquierdistas de café porteño, a veces subsidiados por el interior, aplauden o putean a Córdoba según sus emociones. Ya quisieran que fuera lo que imaginó un enviado de Fidel Castro en 1973, cuando vio a un pueblo revolucionario.

Pero Córdoba no es de izquierda, ni derecha tampoco. Al doctor Illia, que lo conoció a Yrigoyen, no le hubieran entretenido esas discusiones, pensando en el hambre, la salud y las cosas del país.