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viernes, 23 de diciembre de 2016

El encanto de la policía política (III)


(Viene de El encanto) El civil Galo Plaza Lasso, poco recordado presidente democrático de Ecuador, quien hizo equilibrio contra generales latinoamericanos, como Odría en el Perú, o Perón en la Argentina, al evitar un golpe de Estado en su país expresó: “El pueblo ecuatoriano  y sus fuerzas armadas están convencidos de que no existen soluciones mágicas… y que la batalla contra la miseria no se gana ni con las palabras de los falsos apóstoles, ni con la aventura cobarde de los atentados y los cuartelazos”. Un célebre escritor de entonces lo rescataba. Las universidades no habían sido ganadas, aún, por un desprecio a la democracia.

Este tipo de presidentes, como podría ser Illia en la Argentina, que no cacarean ni hacen propaganda fascista, nunca atrajo la emoción fragotera o la imaginación de café. El liberal Galo Plaza hablaba quechua de par a par con los indios, en tanto algunos caudillos bocones vivieron como reyes, encanaron homosexuales y fusilaron nativos humildes. Por su parte, el doctor Illia curaba pobres entre los ranchos, vivía en piezas y hablaba con calma serrana. Muchos opinólogos que ayudaron a tumbarlo, después lloraron con el dictador Onganía.



Ocasionalmente, estos mandatarios también ejercieron la represión con la ley en la mano, jaqueados por intereses antidemocráticos, y esto ha sido explotado por quienes creen en una represión mucho mayor, sin límites legales. Se sabe, para quienes "defienden" los derechos humanos olvidando a las víctimas más humildes, es válido el fusilamiento, la corrupción o el cuento de quienes toman por asalto al Estado de derecho.


No hay modo de simular que la izquierda paqueta (aspirante a peronista, con modales de oligarca hippie) tiene una gran responsabilidad en la crisis y la pobreza de la Argentina -cuyo casi pleno empleo de los años 1960 hoy es una utopía para todos-, por ser aduladora de la fuerza más conservadora del país, que no solo es el  ex menemismo bonaerense.

Claro que entre la izquierda hubo gente que, como Pedro Chiarante, comunista de Pompeya, dedicó su vida modesta a un sueño de sociedad justa, si bien invocaban, hoy lo sabemos, a un estado totalitario. Muchos militantes imaginarios de hoy, no heredaron ni la humildad ni el sacrificio de esos luchadores.

martes, 20 de diciembre de 2016

La fuente


El material de Cuentos peronistas es consultado por historiadores, periodistas y divulgadores, de variadas ideologías y tiendas, que lo integran a sus publicaciones, con suma confianza en el contenido original. Gente de izquierda, kirchneristas, antikirchneristas, toman los datos y el análisis de este portal que, con lujo de textualidad, se convierte en páginas editadas por Planeta (y otras). Más de uno tuvo que tuvo que pagar cuando no lo hizo del modo debido. Pero lo importante es que se introduzcan variantes a relatos monocordes.


El buen lector puede pegarse una vuelta por El Ateneo y ver, por ejemplo, lo que dice el reciente libro La década saKeada de Fernando Iglesias, sobre los represores peronistas, como Lombilla, Wassserman y Pettinato, sus atropellos contra sindicalistas laboristas, las condecoraciones presidenciales a los verdugos, los premios de los Kirchner a dichos represores con el aval del juez Raúl Zaffaroni, y otras cuestiones referidas a la represión del ignorado ciclo peronista original, intentando vincularlas a temas actuales, pues en Formosa se siguió matando hasta hoy, como en otros lugares del país. La fuente está aquí (www.cuentosperonistas.com)  


Este sitio se ha convertido en una suerte de agencia de noticias de historia política argentina oculta. Una trama esta última, cuyas claves contienen más información que la realidad mediocre dispersa, esos recortes de actualidad que muchos llevan y traen, haciendo mandados a los intereses en juego. No es que no pasen cosas interesantes, sino que los medios venden otra cosa. La histeria del debate político, y la desinformación llena de vértigo, impide reflexionar sobre los hechos, hilarlos y conectarlos con una Argentina diferente.


lunes, 12 de diciembre de 2016

El encanto de la policía política (II)


(Viente de El encanto) Quienes celebraron la destrucción de ese maravilloso tejido de base, confirman su propio elitismo o afán de acomodamiento. Por una ventaja o por un delirio de café, aplauden a cualquier variante menemista de esencia, que ofrece droga, desempleo y consumismo bobo, además de una propaganda histérica para dividir a la gente.

Como Maradona, mucha gente puede ser fidelista, menemista y kirchnerista, pero por nada del mundo defender la Constitución. Los trasgresores de la democracia, que suelen ser los siervos de las tiranías, sienten atracción por los sistemas que inventan su propia noción del derecho. Esa rebeldía sin causa se escucha en todos los medios.



Para ser más claros en el punto vital, a una represión mucho menor a la que amparó Moscú y no denunció Fidel (y olvidan o legitiman los que aplauden de lejos), la hemos llamado terrorismo de Estado. La dictadura argentina también hizo negocios con el comunismo, y hubo intercambio de silencios en el tema derechos humanos. Complicidades para que Jimmy Carter no se metiera en esos asuntos.

En una perspectiva amplia, las masacres de Europa del Este, la invasión a Checoslovaquia y otros crímenes masivos, todavía esperan por una memoria sincera, que no consista en una recitación de corderos amigos del poder de turno, que puede ser político, cultural o económico.

La fantasía y los mitos políticos inundan nuestra cultura. Pero en América Latina hubo mucha gente que alertó sobre lo que se venía, con la última ola de violencia y dictaduras. Muchos demócratas han tenido que negociar, o ser parte incluso del autoritarismo. Pero también dejaron cosas que hoy son valiosas (Continúa).



lunes, 5 de diciembre de 2016

El encanto de la policía política (I)


Alguien habló, allá en Cuba, del fin del siglo veinte, con el otoño del último patriarca. Un buen legado sería, a esta altura y sin vueltas, el fin de la careta de quienes no estuvieron con la democracia, aunque vivan de ella de diversas maneras. Mientras todo el mundo se hace guerrillero virtual, no está mal hacer un poco de equilibrio, diciendo algo que no se dice. Adular a un régimen, sin cuestionarlo en nada, es amparar el trabajo que hacen sus represores. Si todos los comunicadores aman a la policía política, cabría amar un poco a sus víctimas, para balancear.

Durante el llamado siglo del viento, detrás de las utopías de quienes muy tardíamente enarbolaron los “derechos humanos”, estaba el hermano mayor que causó más víctimas que el nazismo -mucha gente no lo sabe- y que financiaba a sus socios en el mundo, con un programa sostenido con terror y alcahuetes.



Alguien les dijo a muchos que una sociedad justa se hace con vigilantes disfrazados de compañeros. Con esos valores, muchos pitucos combatieron a la democracia imperfecta con trabajo y expresión plena que reflejó Mafalda en la Argentina. Toda la cultura de barrio es hija de un originario progreso vecinal trabajador, afirmado con lazos solidarios auténticos, no condicionados por el autoritarismo. Algo que fue despreciado, desarticulado e invadido por la pobreza, no sólo sin dolencias, sino incluso con aplausos de quienes vivieron una fantasía de cambio social sin conocer el conurbano. (Continúa).



sábado, 29 de octubre de 2016

Los plagios de Perón


El general Martín Balza se equivoca. En su nota "Mi recuerdo del Perón militar", publicada el 8 de octubre por Infobae, cita como de la autoría de Juan Domingo Perón dos obras que, en realidad, constituyeron plagios, por uno de los cuales el caudillo tuvo que pagar arresto y pedir perdón. La nota de Balza se publicó el día del supuesto cumpleaños de Perón, ignorando que tampoco eso es cierto. Perón no nació el día que dijo que nació. El mismo lo desmentiría.

Respecto a los plagios, si investigaran el legajo del general Juan Perón (grado que no obtuvo por la vía regular, sino como concesión extraordinaria del presidente de facto Edelmiro Farrell) en el Ejército, descubrirían que algún vigilante se robó la hoja probatoria de la falsificación del caudillo justicialista, que se aprovechó de la obra genuina de otro camarada militar, como él mismo lo tuvo que reconocer, para luego echarlo nuevamente al olvido, cuando ya nadie se animaba a preguntar. 

Denunciarlo o ponerse contra Perón podía costar torturas, como las que soportó el coronel José Francisco Suárez y su camarada Atilio Demichelli. Se impuso la delación y muchos militares fueron humillados por serviles funcionarios policiales, que usaban la picana. 
En 1955 el Ejército argentino degradó a Perón y años después le devolvió el generalato. La temida oligarquía le permitió volver a ser Presidente, olvidando viejas causas penales. Lo que deseaban, era que Perón reprimiera a su propio movimiento, en especial al ala más radical.

Ahorramos datos precisos, para no facilitar el trabajo a nuevos plagiadores de turno, pero los desarrollaremos. Los robos literarios que realizó Perón son referidos en el libro que preparamos junto a Hugo Gambini.

lunes, 24 de octubre de 2016

Autonomía laborista en los gremios


Los nuevos sindicatos surgidos hacia 1943 o poco antes, en una nueva ola gremial, fueron alentados por el entonces coronel Perón, pero a veces lo precedieron, como la Unión Obrera Metalúrgica, y también lo sobrepasaron, como el sindicato de la carne. No todo surgió por "orden de Perón". Reyes estuvo preso muchas veces bajo el régimen militar de 1943-1946, y también antes. El militante portuario Gerónimo Schizzi, también estuvo tras las rejas, formó un sindicato autónomo y actuó en el 17 de octubre de 1945. Más tarde sería desplazado, luego de pelearse en la CGT. Schizzi volvería a acompañar a Cipriano Reyes en 1955, relanzado el laborismo. Los anarquistas lo habían acusado de rompehuelgas. 






El joven Eduardo Seijo, chileno, condujo la Unión Obrera de la Industria de la Madera y una federación más amplia en el interior antes de 1946. Seijo también tironeó con Perón y fue deportado, no sin castigo policial previo, lo que marca una clara autonomía. En la madera actuaron los hermanos Manuel y Mateo Fossa. Mateo era un izquierdista independiente que influyó a su hermano. Por su parte, Manolo, gremialista de San Martín, se vinculó a Cipriano Reyes, conoció Berisso y se hizo laborista. Creyó en Perón pero su independencia es clara: sufrió atentados por resistir la disolución del laborismo. 



Francisco Galizia fue fundador del sindicato Luz y Fuerza en San Nicolás y en otros pueblos, muy elogioso del papel de Reyes, a quien acompañó cuando sufrió atentados. El laborismo bonaerense sería el puntal de la fuerza gremial que encarnó Cipriano, no solo en San Martín, Avellaneda o Berisso, sino en ambientes más pueblerinos y agrarios, como Tandil, Magdalena o Junín, en la provincia clave en la victoria electoral de 1946, que consagró a Perón. 


(Fragmento de El Laborismo, línea Cipriano Reyes, investigación de Ariel Kocik que da cuerpo al capítulo 3 del libro Laborismo (Capital Intelectual, 2014) de Santiago Senén González, con epílogo de Juan Carlos Torre).

viernes, 23 de septiembre de 2016

El bombo


El trabajo en silencio es el más provechoso para la verdadera historia. La del laborismo, de los sindicatos como la carne, del bombo y del folcklore peronista, de los derechos humanos violados durante el peronismo y de su olvido posterior. Inicialmente, gente pacata del mundo académico cuestionó el descamisado aporte, que pone en duda “verdades” diplomadas, pero luego desde allí mismo se nos cita, o se nos toma prestado.
Uno de los autores de los "best sellers" de la historia del peronismo nos escribe: "Hola Ariel, voy a imprimir otra vez Marcados a Fuego. Pasame el nombre de tu trabajo así lo cito en la mención a Reyes. Con fecha de publicación, etc. Espero respuesta. Cordialmente Marcelo Larraquy. (8 de septiembre de 2016)”. 



En tanto el historiador Ezequiel Adamovsky lanza un libro sobre los símbolos del peronismo (La marchita, el escudo y el bombo) y nos adelanta su agradecimiento por haber trabajado la verdadera historia del origen del bombo en la manifestación política argentina, así como nuestro colega Gambini relató el verdadero origen de la marcha peronista. A su vez, el historiador Raanan Rein (Universidad de Tel Aviv) nos ha agradecido la ayuda prestada, en su libro Los muchachos peronistas judíos, en especial sobre militantes obreros judíos de 1945.
Silvia Mercado, por su parte, ha agradecido la ayuda para El relato peronista, recordando nuestro interés por el movimiento obrero y los derechos humanos, violados en tiempos de Perón, como nuestro poco interés en el verso que se viste de corrección política.





En cuanto al libro Laborismo, el partido de los trabajadores (Capital Intelectual), nuestro muy laborioso aporte aparece consignado en los agradecimientos y detallado en otros apartados. A partir de nuestro trabajo El Laborismo, línea Cipriano Reyes. Otros investigadores han pedido ayuda y colaboración. 
La señora Aurora Venturini, por su parte, recurrió al plagio liso y llano para el diario Página 12, consentido por sus autoridades, tomando prestado nuestro trabajo sobre la luchadora María Roldán.
Mientras tanto, junto a Hugo Gambini preparamos un libro en convenio con una editorial, sin plazo de salida inmediato, y sin planes de dejar de decir la verdad.
Un proyecto artesanal no tiene compromisos con gobiernos o con corrientes de opinión mimosas con esos gobiernos. Así continúa www.cuentosperonistas.com





lunes, 12 de septiembre de 2016

El proyecto Gambini - Kocik


Desde hace tiempo trabajamos en conjunto con el colega y amigo Hugo Gambini, con quien compartimos la pasión por la historia del peronismo, desde la distancia generacional. Firmamos un contrato con una editorial y estamos avanzados en la producción de un libro, aunque los plazos de salida no son inmediatos. El contenido abarca temas variados, en general ocultos, del fenómeno popular, como los derechos humanos, pero también detalles desatendidos sobre el propio movimiento obrero y el recorrido de Perón. Creemos que para ser sinceros hay que desprenderse, de prejuicios e intereses, siendo leales a la verdad, en especial a la de protagonistas de base, luchadores, que fueron olvidados por quienes adulan al peronismo desde más bien pacatas posiciones. El colega Gambini, de cuyos libros se ha servido una infinidad de investigadores –entrevistó a casi todos los protagonistas del primer peronismo- se está recuperando de un problema de salud y sería bueno que quienes se consideran sus amigos o sus deudores le den un llamado o una voz de aliento.


domingo, 17 de abril de 2016

Una Maza, el doctor


Así (Una Maza, el doctor) tituló el profesor Felipe Pigna uno de los apartados de su libro “Los mitos”, sobre el peronismo. Se refiere a Miguel Angel Mazza, el médico que le hizo prescripciones falsas a Perón, horas antes del 17 de octubre de 1945, permitiendo su traslado, del presidio de la isla Martín García, al hospital militar. Pero en la historia del peronismo, cada asunto tiene su contracara. Aunque algunos ganen mucho dinero por solo contar una parte. El médico coronel Miguel Angel Mazza fue acusado de encubrimiento de torturas. Quedó implicado en el caso de la víctima Eduardo Ocantos, cuya quemadura en la zona inguinal producida por la policía de Perón era una marca de por vida muy visible, pero “se le pasó” al médico piola del relato de Pigna, que lo examinara. ¿Una maza, el doctor?


No fue el único profesional de la medicina acusado de encubrir a torturadores. Este tipo de sorpresas abundan cuando se rasca el relato más esparcido. Nada personal, pero no es un tema menor el uso de espacios y dineros públicos para financiar ocultamientos y mentiras. En otra ocasión, el profesor Pigna escribió una columna en Clarín sobre las cárceles en la “década infame”. Anunció continuarla con el período peronista. Pero no se animó a decir que Pettinato era un torturador, y la nota nunca salió, que se sepa. En otra, el mismo historiador afirmó que la reforma universitaria gozó de buena salud de 1918 a 1966, con lo cual ocultó las masacres contra los estudiantes del ciclo peronista. Y censuró luego nuestra denuncia sobre el tema.


Nada nuevo, en verdad. No es difícil engatusar a jóvenes sin educación política, han creído siempre los que celebran el autoritarismo y la emoción manipulada, como hacía el fascismo. Arturo Jaurteche, una suerte de viejo vizcacha refranero del relato peronista (mucho menos pobre que el Vizcacha original), por ejemplo, llegó a afirmar que su gobierno -fue funcionario de Perón- sólo fue culpable de 3 crímenes. Jauretche le erró por mil quinientos (1.500), aproximadamente (Ver Una zoncera de Jauretche).

lunes, 21 de marzo de 2016

De Albert Einstein para Alfredo Palacios


"Cuando en un país se queman libros, queda amenazada en todas partes la libertad. Cuando un hombre se enfrenta al despotismo en cualquier país, ese hombre se pone al servicio de la humanidad. Todos los pueblos de Europa que ahora sufren, saben que la libertad es indivisible.... Como campeón de una intelectualidad sin limitaciones, Usted no está sirviendo solamente a la libertad argentina..."


El pasado texto pertenece a una carta firmada por el científico alemán Albert Einstein, junto a otros profesores de universidades de los Estados Unidos, dirigida al doctor Alfredo Lorenzo Palacios, presidente de la Universidad de La Plata (nacido en Palermo en 1880, elegido diputado por el barrio de la Boca en 1905), en solidaridad por su digna renuncia a su cargo, para no hacer caso a la exigencia de entregar a otros profesores, que le exigiera el gobierno militar de 1943, y para cumplir con el Estatuto Universitario como toda ley.



Palacios defendía los ideales de la Reforma de 1918 como la autonomía universitaria, y el hecho de dictar clases con vigilancia policial le parecía incompatible con la dignidad, como las exigencias de delación entre docentes. Fue un experimentado símbolo para la joven generación estudiantil del 45', que en La Plata tuvo a militantes como René Favaloro (estudiante de Medicina) y que soportó el asalto de la policía a la Universidad. 

lunes, 11 de enero de 2016

La guerra de Mataderos


Es uno de los temas favoritos de una izquierda de café, un tanto más atenta a los subsidios, que a las verdades de la historia. La toma del frigorífico Lisandro de La Torre de 1959 es presentada como una suerte de guerra de clase del peronismo insurrecto y de sus aliados de izquierda, contra la explotación privada y el imperialismo yanqui, al que se había vendido el pobre Frondizi. Las anécdotas hablan de casi una guerra en Mataderos, donde poco faltó para instalar Soviets peronistas en tierra de gauchos y arrabal. Los obreros arrancaban adoquines con sus manos para frenar a la policía. Se lo anuncia como un ícono de la lucha de clases combativa. Solo faltaba la hinchada de Chicago tirando molotovs y cantando la marcha peronista. Lista para abrazar el socialismo.


Más por lo bajo se dice que en el barullo general actuaban, entre otros, el Lobo Augusto Vandor (metalúrgico, de quien Cooke no tenía mala opinión entonces) y el gendarme torturador Solveyra Casares, en sintonía con el guevarista John Cooke. Y además, unos cuantos buchones de la policía federal peronista, que ahora pretendían ser héroes del movimiento obrero, frente a una policía menos dura, porque no torturaba sistemáticamente. Todos en el mismo lodo, contra el desarrollismo. Sin algo a cambio para ofrecer, más que los mensajes de Perón, enviados desde una dictadura. Ni Cooke ni Vandor habían trabajado jamás con carne, pero Vandor aseguró que si el gobierno les daba diez puntos, entonces pedirían doce, refiere Luis Beraza. El objetivo era golpear a un Presidente que había perdonado los delitos de muchos peronistas (como los de robar y matar) y que se proponía devolver al peronismo a la vida legal, progresivamente. Para muchos actores no democráticos, se trataba de usar el conflicto para sacar ventajas. Muchos obreros de la carne tenían razones legítimas, pero otros manipularon esas urgencias bienintencionadas.


Por supuesto, quienes desde oficinas subsidiadas sueltan a rodar las imágenes heroicas de Cooke y de Sebastián Borro, no se tomaron el trabajo de detallar qué sucedió realmente y qué estaba en juego, ni mucho menos de aprender la historia continuada del gremio de la carne, que no empezó en 1959. Es decir, cómo se llegó hasta allí de esa manera. ¿Cuál era el vínculo del abogado John William Cooke con el sindicato de la carne? Entre 1946 y 1955, como diputado, su única relación consistió en oponerse a las demandas el gremio, para hacerle caso a Perón, que no quería problemas con los frigoríficos extranjeros. En 1946, los obreros de la carne laboristas, que habían llevado a Perón al poder, no luchaban para dañar a un gobierno: lo hacían por demandas históricas, urgentes y sagradas de sus familias obreras.



En 1946 Perón acusaba a los obreros de la carne de politizar el conflicto gremial, dado que en su mayoría eran laboristas, fuerza democrática que resistía la orden de fundirse en un partido único de mando militar y delación sindical. El laborismo era libre y autónomo, como los trabajadores que lo formaban. Lo cierto es que el movimiento de la carne contaba entonces con un apoyo inédito de 150 mil obreros, en Rosario, Gualeguaychú, Zárate, Avellaneda Berisso y más, que procesaban la carne que alimentaba al pueblo británico, y daba sustento a más de medio millón de argentinos.



La federación de la carne fundada por Cipriano Reyes, por primera vez en la historia, agrupó a todo el gremio en el orden nacional, creando un poder vital que amenazaba la tradicional autoridad de la industria madre del país. Esa lucha desde 1942 hasta 1949 (incluso más extensa) fue mucho más coherente, sostenida, organizada y combativa que la de febrero de 1959. Tanto en 1945 como en 1946, Perón mandó la policía, a los rompehuelgas, a criminales (que atentaron contra el sindicato) e incluso al Regimiento militar 7 de La Plata para apagar la protesta de Berisso. La federación obrera repudió la maniobra confusionista de Evita para mandarlos de nuevo al trabajo. En esos mismos años hubo secuestros, torturas y crímenes contra obreros de la carne, aunque nadie los quiera recordar. ¿Por qué muchos historiadores de izquierda, "adheridos" al peronismo, olvidaron toda esta lucha y sueñan con la más breve de 1959?




El gobierno de Perón nunca cumplió con los reclamos del gremio de la carne: nacionalización de los frigoríficos, Estatuto para la industria, garantía, salubridad, democracia sindical, etc; muchas conquistas que fueron entregadas, luego de ganadas. Perón otorgó subsidios millonarios a frigoríficos extranjeros. En el Matadero municipal, agrandó el plantel subordinado políticamente, y se redujo la producción de carne en forma notoria. Esto no era un secreto para la historia: lo han reflejado Beraza y Gambini, por ejemplo. Felipe Pigna dice todo lo contrario por TV pública: que el frigorífico Lisandro la Torre era "un ejemplo de explotación eficiente en manos del Estado".





La verdad es que mucha gente cobraba por no trabajar, no solo en el frigorífico. De ese modo se anuló la independencia política de un tercio de la sociedad, afirmó un célebre socialista. Esta concepción negrera y negadora del trabajador auténtico (el que hizo el 17 de octubre con cuchillos en la mano), era una ofensa para el gremio aguerrido y democrático que había liderado Reyes: el respeto al trabajo era sagrado; así el sindicato se ganó el respeto de toda la comunidad, incluso ante la policía. El Laborismo reivindicaba el trabajo como pilar sagrado de la sociedad honesta. El que vivía de otros, era un explotador o un siervo político que sacrificaba la libertad. El Partido Único (luego Partido Peronista) impuso la cultura de pagar la obsecuencia política, produjeran o no, y el Partido Laborista fue proscripto.



Todos lo que habían guardado silencio frente a estos atropellos (incluso mientras la policía se llevaba a los valientes), pretendieron que Frondizi resolviera todo de golpe, en el verano de 1959. En un mes le exigieron a Frondizi que deshiciera todo lo que le habían tolerado a Perón por 10 años. Nada justifica la absurda y torpe represión de Frondizi en 1959 (mucho menor que la del peronismo: Frondizi no mató, por ejemplo), pero sus críticos deberían saber que, desde 1946, el entonces diputado Frondizi había apoyado la lucha del gremio de la carne, afrontando en persona la represión de la policía del gobernador Mercante, junto a los obreros en plena calle. Frondizi apoyó la nacionalización  de las plantas cuando era posible, con semejante fuerza de base movilizada: Perón y Cooke, entre otros, se la impidieron. Otro supuesto héroe peronista de 1959, Eleuterio Cardozo, no fue héroe en 1949, cuando la policía de Mercante secuestró a más obreros de Berisso. Por entonces Cardozo comía asados en Olivos y no parecía protestar.



En 1946, una masa de trabajadores de la carne, que el diputado oficialista Oscar Albrieu* calculó en más de 30 mil obreros, se llegó hasta el Congreso, combatió con la policía de Velazco e intentó linchar a los legisladores del partido único, al grito de “traidores”, pues ellos les habían dado sus bancas y sus dietas. En 1959, la manifestación de un gremio de la carne distinto (ya ganado por el peronismo, con figuras como Borro), en el mismo lugar, reunió a mucho menos gente. Sin embargo, este último conflicto ha fascinado a la izquierda de clase media. El origen del conflicto, su increíble historia, que incluye luchas, torturas y crímenes, ha sido prolijamente olvidada.

Poco después de la toma del frigorífico Lisandro de la Torre en 1959, Cooke caía en desgracia y Perón felicitaba al torturador Solveyra Casares por “seguir trabajando”. Una noticia decía que, allá en Cuba, Fidel Castro advertía a los obreros que no hicieran huelgas. Este último era el destino de Cooke.




*Oscar Albrieu fue diputado nacional por La Rioja, subordinado a Perón. Fue Ministro del Interior en 1955. Defendió a la policía federal cuando ésta fue denunciada por torturas.

jueves, 7 de enero de 2016

Combatiendo el trabajo



En épocas de Perón, hubo cerca de un millón ochocientas mil personas incorporadas a la actividad. Sin embargo, un millón fueron a empleo público, improductivo, donde se pagaba la lealtad al régimen.* 


Juan Ovidio Zavala pensaba que esto era desocupación disimulada. Lo pagaba el pueblo con la inflación, creía Arturo Frondizi. El gobierno desarrollista de 1958 debió enfrentar la ausencia de producción y trabajo genuinos: el peronismo lo combatió.


Hasta hoy creemos que el justicialismo industrializó el país y le dio pleno empleo. Y que el kirchnerismo hizo algo parecido, salvándonos del imperio. En realidad, ambos dejaron desempleo disimulado y alta pobreza, para que otro lo enfrente. El paisaje es similar en muchos aspectos.

*Estudio de Nestor Grancelli Cha. / Más importante que ser idóneo, era ser oficialista, según quedó reglamentado.