viernes, 23 de diciembre de 2016

El encanto de la policía política (III)


(Viene de El encanto) El civil Galo Plaza Lasso, poco recordado presidente democrático de Ecuador, quien hizo equilibrio contra generales latinoamericanos, como Odría en el Perú, o Perón en la Argentina, al evitar un golpe de Estado en su país expresó: “El pueblo ecuatoriano  y sus fuerzas armadas están convencidos de que no existen soluciones mágicas… y que la batalla contra la miseria no se gana ni con las palabras de los falsos apóstoles, ni con la aventura cobarde de los atentados y los cuartelazos”. Un célebre escritor de entonces lo rescataba. Las universidades no habían sido ganadas, aún, por un desprecio a la democracia.

Este tipo de presidentes, como podría ser Illia en la Argentina, que no cacarean ni hacen propaganda fascista, nunca atrajo la emoción fragotera o la imaginación de café. El liberal Galo Plaza hablaba quechua de par a par con los indios, en tanto algunos caudillos bocones vivieron como reyes, encanaron homosexuales y fusilaron nativos humildes. Por su parte, el doctor Illia curaba pobres entre los ranchos, vivía en piezas y hablaba con calma serrana. Muchos opinólogos que ayudaron a tumbarlo, después lloraron con el dictador Onganía.



Ocasionalmente, estos mandatarios también ejercieron la represión con la ley en la mano, jaqueados por intereses antidemocráticos, y esto ha sido explotado por quienes creen en una represión mucho mayor, sin límites legales. Se sabe, para quienes "defienden" los derechos humanos olvidando a las víctimas más humildes, es válido el fusilamiento, la corrupción o el cuento de quienes toman por asalto al Estado de derecho.


No hay modo de simular que la izquierda paqueta (aspirante a peronista, con modales de oligarca hippie) tiene una gran responsabilidad en la crisis y la pobreza de la Argentina -cuyo casi pleno empleo de los años 1960 hoy es una utopía para todos-, por ser aduladora de la fuerza más conservadora del país, que no solo es el  ex menemismo bonaerense.

Claro que entre la izquierda hubo gente que, como Pedro Chiarante, comunista de Pompeya, dedicó su vida modesta a un sueño de sociedad justa, si bien invocaban, hoy lo sabemos, a un estado totalitario. Muchos militantes imaginarios de hoy, no heredaron ni la humildad ni el sacrificio de esos luchadores.

martes, 20 de diciembre de 2016

La fuente


El material de Cuentos peronistas es consultado por historiadores, periodistas y divulgadores, de variadas ideologías y tiendas, que lo integran a sus publicaciones, con suma confianza en el contenido original. Gente de izquierda, kirchneristas, antikirchneristas, toman los datos y el análisis de este portal que, con lujo de textualidad, se convierte en páginas editadas por Planeta (y otras). Más de uno tuvo que tuvo que pagar cuando no lo hizo del modo debido. Pero lo importante es que se introduzcan variantes a relatos monocordes.


El buen lector puede pegarse una vuelta por El Ateneo y ver, por ejemplo, lo que dice el reciente libro La década saKeada de Fernando Iglesias, sobre los represores peronistas, como Lombilla, Wassserman y Pettinato, sus atropellos contra sindicalistas laboristas, las condecoraciones presidenciales a los verdugos, los premios de los Kirchner a dichos represores con el aval del juez Raúl Zaffaroni, y otras cuestiones referidas a la represión del ignorado ciclo peronista original, intentando vincularlas a temas actuales, pues en Formosa se siguió matando hasta hoy, como en otros lugares del país. La fuente está aquí (www.cuentosperonistas.com)  


Este sitio se ha convertido en una suerte de agencia de noticias de historia política argentina oculta. Una trama esta última, cuyas claves contienen más información que la realidad mediocre dispersa, esos recortes de actualidad que muchos llevan y traen, haciendo mandados a los intereses en juego. No es que no pasen cosas interesantes, sino que los medios venden otra cosa. La histeria del debate político, y la desinformación llena de vértigo, impide reflexionar sobre los hechos, hilarlos y conectarlos con una Argentina diferente.


lunes, 12 de diciembre de 2016

El encanto de la policía política (II)


(Viente de El encanto) Quienes celebraron la destrucción de ese maravilloso tejido de base, confirman su propio elitismo o afán de acomodamiento. Por una ventaja o por un delirio de café, aplauden a cualquier variante menemista de esencia, que ofrece droga, desempleo y consumismo bobo, además de una propaganda histérica para dividir a la gente.

Como Maradona, mucha gente puede ser fidelista, menemista y kirchnerista, pero por nada del mundo defender la Constitución. Los trasgresores de la democracia, que suelen ser los siervos de las tiranías, sienten atracción por los sistemas que inventan su propia noción del derecho. Esa rebeldía sin causa se escucha en todos los medios.



Para ser más claros en el punto vital, a una represión mucho menor a la que amparó Moscú y no denunció Fidel (y olvidan o legitiman los que aplauden de lejos), la hemos llamado terrorismo de Estado. La dictadura argentina también hizo negocios con el comunismo, y hubo intercambio de silencios en el tema derechos humanos. Complicidades para que Jimmy Carter no se metiera en esos asuntos.

En una perspectiva amplia, las masacres de Europa del Este, la invasión a Checoslovaquia y otros crímenes masivos, todavía esperan por una memoria sincera, que no consista en una recitación de corderos amigos del poder de turno, que puede ser político, cultural o económico.

La fantasía y los mitos políticos inundan nuestra cultura. Pero en América Latina hubo mucha gente que alertó sobre lo que se venía, con la última ola de violencia y dictaduras. Muchos demócratas han tenido que negociar, o ser parte incluso del autoritarismo. Pero también dejaron cosas que hoy son valiosas (Continúa).



lunes, 5 de diciembre de 2016

El encanto de la policía política (I)


Alguien habló, allá en Cuba, del fin del siglo veinte, con el otoño del último patriarca. Un buen legado sería, a esta altura y sin vueltas, el fin de la careta de quienes no estuvieron con la democracia, aunque vivan de ella de diversas maneras. Mientras todo el mundo se hace guerrillero virtual, no está mal hacer un poco de equilibrio, diciendo algo que no se dice. Adular a un régimen, sin cuestionarlo en nada, es amparar el trabajo que hacen sus represores. Si todos los comunicadores aman a la policía política, cabría amar un poco a sus víctimas, para balancear.

Durante el llamado siglo del viento, detrás de las utopías de quienes muy tardíamente enarbolaron los “derechos humanos”, estaba el hermano mayor que causó más víctimas que el nazismo -mucha gente no lo sabe- y que financiaba a sus socios en el mundo, con un programa sostenido con terror y alcahuetes.



Alguien les dijo a muchos que una sociedad justa se hace con vigilantes disfrazados de compañeros. Con esos valores, muchos pitucos combatieron a la democracia imperfecta con trabajo y expresión plena que reflejó Mafalda en la Argentina. Toda la cultura de barrio es hija de un originario progreso vecinal trabajador, afirmado con lazos solidarios auténticos, no condicionados por el autoritarismo. Algo que fue despreciado, desarticulado e invadido por la pobreza, no sólo sin dolencias, sino incluso con aplausos de quienes vivieron una fantasía de cambio social sin conocer el conurbano. (Continúa).