lunes, 12 de diciembre de 2016

El encanto de la policía política (II)


(Viente de El encanto) Quienes celebraron la destrucción de ese maravilloso tejido de base, confirman su propio elitismo o afán de acomodamiento. Por una ventaja o por un delirio de café, aplauden a cualquier variante menemista de esencia, que ofrece droga, desempleo y consumismo bobo, además de una propaganda histérica para dividir a la gente.

Como Maradona, mucha gente puede ser fidelista, menemista y kirchnerista, pero por nada del mundo defender la Constitución. Los trasgresores de la democracia, que suelen ser los siervos de las tiranías, sienten atracción por los sistemas que inventan su propia noción del derecho. Esa rebeldía sin causa se escucha en todos los medios.



Para ser más claros en el punto vital, a una represión mucho menor a la que amparó Moscú y no denunció Fidel (y olvidan o legitiman los que aplauden de lejos), la hemos llamado terrorismo de Estado. La dictadura argentina también hizo negocios con el comunismo, y hubo intercambio de silencios en el tema derechos humanos. Complicidades para que Jimmy Carter no se metiera en esos asuntos.

En una perspectiva amplia, las masacres de Europa del Este, la invasión a Checoslovaquia y otros crímenes masivos, todavía esperan por una memoria sincera, que no consista en una recitación de corderos amigos del poder de turno, que puede ser político, cultural o económico.

La fantasía y los mitos políticos inundan nuestra cultura. Pero en América Latina hubo mucha gente que alertó sobre lo que se venía, con la última ola de violencia y dictaduras. Muchos demócratas han tenido que negociar, o ser parte incluso del autoritarismo. Pero también dejaron cosas que hoy son valiosas (Continúa).