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lunes, 11 de diciembre de 2017

¿Quién mató a Vandor?



Es una lástima, porque somos todos peronistas. (Antes de comenzar los disparos).

El tiroteo en la pizzería La Real de Avellaneda, que dejó muerto al sindicalista Rosendo García, fue narrado por el escritor Rodolfo Walsh, que sugiere que el Lobo Augusto Vandor, poderoso dirigente metalúrgico allí presente, fue el matador de Rosendo, compañero de su propio gremio. Comenzó casi como una bronca de bar, pero allí había dos grupos antagónicos del peronismo. Fue en 1966.

Se cruzaron por casualidad. De un lado estaban los vandoristas, y del otro un grupo del peronismo "revolucionario", que integraban Juan Salazar y Domingo Blajaquis, ambos también asesinados. Estuvo presente Armando Cabo (histórico metalúrgico de Perón y de Eva, y padre de Dardo Cabo, del grupo Descamisados), que integraba la corte de Vandor, y fue acusado por Walsh de matar a Salazar, quien estaba comiendo con sus amigos luego de trabajar un montón de horas en la Shell. El “griego” Blajaquis, a su vez, fue descripto como la imagen del revolucionario. 

Algo curioso es que Armando Cabo lucía como enemigo armado de los "compañeros" de su hijo Dardo Cabo, que andaba en la nueva tendencia. Armando Cabo había estado, por ejemplo, en el histórico Cabildo Abierto de 1951, y en tantas otras, siempre junto a Eva.

En su investigación sobre el crimen de Rosendo, Walsh describe además la interna gremial, el poder de la UOM, el mítico escenario de luchas de Avellaneda y el Riachuelo. Dos protagonistas de la historia, que estuvieron en el tiroteo de La Real, eran los hermanos Villaflor (hijos del gran sindicalista Aníbal Villaflor, un libertario hacedor del 17 de octubre de 1945). Ellos eran parte de la nueva camada, enfrentada a la llamada burocracia gremial. Perón, el líder exiliado, alentaría a ambos grupos. Y también a unos contra otros. En el tiroteo de la pizzería, Vandor habría matado a su colega Rosendo en medio de la confusión.


El hecho anticipó más crímenes de sindicalistas, ahora por cuenta de los nuevos peronistas (luego vinculados a Montoneros) y también venganzas del sindicalismo armado, que incidió en hechos como la matanza de Ezeiza de 1973 -junto a los represores-, cuando la juventud peronista fue baleada a mansalva.

El crimen de Rosendo de 1966 muestra un fragmento de una Argentina y deja abierta otra, que no se conectó. Muchos no lo recuerdan o no lo saben, pero Walsh había estado con la Libertadora, como muchos montoneros. Luego entraron al peronismo. Justificaron la matanza de sindicalistas “traidores” que, por otro lado, eran el sindicalismo clásico que Perón había creado, ni más ni menos. Luego el propio Vandor fue asesinado, y se involucró al propio Walsh.

El gran escritor narra en ¿Quién mató a Rosendo?, con una mirada de izquierda, el caos que vivía el país, la “traición” de los jerarcas sindicales, el hambre, la persecución, la falta de trabajo y la angustia popular. Lo cierto es que, el país que describe Walsh, fue pintado de modo muy distinto por otros testigos. Según la CGT, había un millón de desocupados en 1965. Según fuentes más aceptadas, el desempleo había disminuido al 5,2 por ciento al año siguiente, cuando La CGT apoyó el golpe militar.

En contexto, el país iba hacia algo mucho mejor de lo que después se vio. La violencia política colaboró en frustrarlo. Pero algo debió hacerse bien para llegar a la década de 1970 con casi pleno empleo, lo que no impidió la pasión por las armas.


El país de Illia

En 1966 el presidente era Arturo Illia. Un mandatario que es respetado por todos los que, paradójicamente, avalaron el mismo taconeo militar que lo desalojó de la Casa Rosada. Muy pocos se preocuparon por comprender las ideas de quien planteaba extinguir los miedos y los odios, las revanchas y las causas sociales que llevaron a la dictadura militar de Onganía, y a la peor dictadura después.

Curiosamente, sindicalistas combativos como Agustín Tosco lo respetaron y evitaron atacarlo. La CGT, en cambio, que antes colaboró con la policía del general Perón, combatió la tolerancia del doctor Illia. ¿Estaba proscripto el peronismo? Sí, y no. Perón no podía volver, pero el peronismo ganó las elecciones de 1965, y hubiera ganado mucho más.

¿Quién era, qué ideas tenía, cómo se formó Illia, alguien que iba a contramano del frívolo café intelectual y las tacuaras de derecha que se mezclaban con la izquierda? Solo un brevísimo trazo. Había hecho su carrera en la calma serrana, pues eligió vivir en el pueblo Cruz del Eje antes que en Europa, donde estuvo como viajero y pudo quedarse. Hijo de chacareros italianos, cordobés por adopción, era un médico de pueblo que no cobraba a los pobres.


Illia acompañó a Amadeo Sabattini en Córdoba, desplegando una obra social pionera, en plena década infame. El doctor del pueblo tenía arrastre de votos. Era famosa su memoria visual: saludaba a los obreros e incluso a sus parientes por el apodo. El golpe militar de 1943 (que la ex presidente Cristina Fernández reivindicó) lo separó de su cargo, vicegobernador electo de Córdoba. Si Perón admiraba a Mussolini, Illia se volcaba por De Gaulle.

Sabía sobre descamisados, se decía, pues vivía en piezas o casas prestadas, con espíritu andariego. Hombre medido, no hacía alardes vocingleros. Era un curioso pacifista entendido en temas militares, que tomó las armas por sus ideas, contrarias al fascismo. Y era un extraño antiperonista que trabajaría por la legalidad del justicialismo, que los más interesados impedían, pateando el tablero de la posible paz. En un momento, Illia pareció el tejedor de una salida política. La última oportunidad antes del exterminio.

La resistencia

La pregunta de quién mató a Vandor es un disparador -según Perón lo mató la CIA-, pero se conecta con más interrogantes, como el de quién engañó a Perón con el frustrado retorno de 1964 -¿lo engañó el peronismo?-; qué era la resistencia peronista, contra qué luchaba y si a veces no lo hizo contra los propios deseos de Perón. Por ejemplo, el ex diputado John William Cooke consideraba a Vandor un “compañero” cuando ambos combatían a Frondizi en 1959, aunque el Lobo ya había sido denunciado como delincuente por las bases de su propio gremio. ¿Cuándo empezó Vandor a ser un “traidor”? En cuanto a Cooke, ¿Defendió las huelgas obreras antes de 1955? ¿Qué hizo el dirigente textil Andrés Framini (apreciado por algunos montoneros) frente a los despidos durante el gobierno de Perón?


Y otras preguntas que se disparan, en provocador desorden, pero confluyentes en una historia sin reconstruir: ¿Cuáles eran los vínculos entre Tacuara, Montoneros y las fuerzas de seguridad? ¿Perón obligó al presidente de facto Alejandro Lanusse a permitirle volver, o fue Lanusse quien obligó a Perón a volver? ¿Por qué el presidente chileno Salvador Allende condecoró a Lanusse, el “enemigo” de la juventud peronista? ¿Por qué Perón se abrazó con el dictador Augusto Pinochet? ¿Por qué los montoneros lo mataron a Aramburu? ¿Estaba dispuesto Perón a pactar con él? ¿Quién mató a Vandor en 1969? ¿Estaba entonces peleado o reconciliado con Perón? ¿Qué pensaba Walsh del fascismo, la violencia y la democracia? Y además, saber por qué Walsh guardó silencio frente a los crímenes de Perón, algunos de los cuales llegó a conocer, y que nosotros probamos con detalle en este libro.



Testimonios: Hipólito Solari Yrigoyen, Emilio Gibaja, Rodolfo Pandolfi, Emma Illia, entre otros.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Hecha la ley



Recientemente, para el portal Infobae, se nos se nos consulta sobre las leyes y la política laboral del peronismo. En el textual de la nota firmada por Claudia Peiró puede leerse:

"En la etapa de acercamiento de Perón a los obreros, que es la de la dictadura, del 43 al 45, hubo sí un favorecimiento a los sindicatos -dice Ariel Kocik, coautor, junto a Hugo Gambini del libro Crímenes y mentiras. Las prácticas oscuras de Perón (Sudamericana, 2017)-. Pero una vez que asume la presidencia y hasta el 55, la aplicación efectiva de esos logros y de esas leyes hay que ponerla entre comillas. En la primera etapa, él favorecía la resolución de los conflictos y trataba de fallar a favor de los obreros, sobre todo de los que estaban menos organizados; eso fue así podemos decir que hasta el 48. Pero ya en el segundo gobierno de Perón, la propia CGT llamaba a trabajar el sábado para ayudar al gobierno. Con la crisis económica, se empieza a borrar con el codo lo que se había hecho. Hay una etapa inicial que se presenta como de fiesta o de bonanza social y de otorgamientos, de conquistas, pero muy rápido empieza la represión. Ahí comienza a hacer agua el gobierno entre la metodología y la realidad. De hecho se produce una enorme represión contra las huelgas a partir del 48".


Luego queda señalado que muchas leyes laborales ya existían, y que Perón acertó en el atendimiento de reclamos, arbitrajes y conciliaciones para ciertos gremios, creando además el Instituto Nacional de Remuneraciones y sancionando la conocida ley de asociaciones profesionales (todavía bajo el régimen militar de 1945), que dio poder a la CGT, si bien bajo una tutela política.

"Todo aquel que aceptaba ponerse bajo el registro de la Secretaria de Trabajo podía ser beneficiado. La contracara era que se dictaban leyes represivas, por ejemplo una que permitía romper una huelga inmediatamente si no estaba autorizada por el Estado, por el órgano competente, que era la Secretaría de Trabajo. O sea, hay una ayuda concreta pero al mismo tiempo hay un sometimiento claro", concluye Kocik.

La mayoría de las leyes laborales ya existían, es cierto. En otro orden, complementario y necesario, no se habla demasiado del entramado represivo, en el cual el peronismo produjo todavía más legislación. La militarización de la sociedad, admirada por Perón (era parte de la doctrina de las naciones derrotadas en la segunda guerra mundial), quedó estructurada, de modo nada improvisado, en un conjunto de pilares legales que apuntaban a mejorar la productividad y “resolver” conflictos obreros. El Poder Ejecutivo tenía facultades especiales para ello. Llegó a incluirse la pena capital como amenaza. No se usó la ley para fusilar a nadie; en cambio, se fusiló fuera de toda ley a cientos de humildes que no estaban protegidos por la CGT, ni por sindicato alguno. Por cierto, muchas herramientas que sirvieron para reprimir al propio peronismo después de 1955, habían sido dictadas durante el propio gobierno de Perón. Así lo marcamos en Crímenes y mentiras.



martes, 5 de septiembre de 2017

Un último secuestro, el de la verdad



La desaparición de Santiago Maldonado impone el reclamo por la víctima y el castigo a los responsables de lo que surge como atropello de las fuerzas de seguridad del Estado. La historia de este país y los hechos llevan a denunciarlo así, aun cuando el panorama no esté del todo claro. Si no fuera exacto y estuviéramos errados, se podría esclarecer cómo fue, y no lo están haciendo.

También urge integrar este reclamo a previos casos de represión impune, algunos con causas políticas y otros no. En las últimas décadas hubo decenas de víctimas y un error común ha sido vestir oficialismos que clausuran la solidaridad. Todos saben que la dictadura de 1976 desapareció a miles de personas, pero la represión bajo otros gobiernos, elegidos o no, no está muy aclarada. 

Desde la etapa conservadora en que se oprimió a los pueblos nativos, hasta el peronismo clásico en que se hizo algo parecido aunque se lo ignora, llegando al reciente kirchnerismo cuando también se asesinó indígenas –incluso se desapareció a un trabajador frutero, Daniel Solano, en Río Negro, entre otras víctimas- hasta los recientes hechos de Chubut que hacen hablar del “primer desaparecido” del actual gobierno de Mauricio Macri, sigue habiendo ocultamientos y faltando respuestas.

Tampoco tiene la verdad, o al menos no del todo, una reacción callejera que denuncia crudamente el orden injusto (menos injusto que una dictadura), ya que por un lado se pide garantías al Estado de derecho, y por otro lado se llama a combatirlo. En el caldo violento ingenuo siempre hubo cosechas de un interés reaccionario que no trajo bienestar popular.

Una pregunta es si una gran parte de la sociedad desprecia al orden democrático constitucional. Si es así, cuáles son las variantes posibles, si es que existen. La democracia no ha garantizado la integridad y los derechos de los más humildes, aunque tampoco la han dejado funcionar. Y otro interrogante, ¿está dispuesto cada sector a responder, por ejemplo, sobre los crímenes y desapariciones que hubo bajo gobiernos “populares” de mano dura que gozan de estima en muchos grupos sociales y en el mundo educativo? Allí también hubo complicidades, y el silencio es salud.


Esa fue la historia del siglo veinte, la de ideologías que justificaron las pérdidas de vidas y el crimen de la verdad. La extorsión emocional y el fragote político fueron ventajosos, pero también pasto de tiranías. Aún no se vislumbró una fórmula para una defensa integral de los derechos humanos, que incluya el sinceramiento de todos los descontentos. El reclamo urgente no tiene por qué despreciar lo bueno que se logró en 1983, aunque falte mucho por hacer.

martes, 15 de agosto de 2017

Cuestión de lenguaje



Luego de la última dictadura militar, en la Argentina la palabra “desaparecido” tiene una carga especial. Pero siguió habiendo desaparecidos en democracia, los cuales no se vuelven tan conocidos cuando no son pasibles de ser utilizados políticamente.

Pese a que una policía del lenguaje se siente quién para indicar cómo hay que hablar y recordar -estalinista ella-, en la historia hubo muchos gobiernos elegidos que causaron crímenes masivos. Las dictaduras emotivas, disimuladas, han sido más duraderas que los gobiernos militares de fuerza sin ningún atractivo. Allá en lo que hoy parece el fondo de los tiempos, pero no lo es, la admirable democracia colombiana, inadvertidamente, dejó un presidente elegido que causó más crímenes políticos que la dictadura de Videla en la Argentina.



Aquél inicio del terror en Colombia, en tiempos del Bogotazo, tuvo como socio a Perón en la Argentina y a Franco en España. Si en Colombia se habló de “fosas comunes sin entierro eclesiástico” en la Argentina peronista hubo “personas con paradero incierto y situación procesal inexacta”. Brasil también tuvo “democracia” con desaparecidos. Las “elecciones” en Colombia podían causar la muerte del elector liberal, coronado con incendios de aldeas.

Las llamadas democracias populares del siglo veinte, a veces, dejaron más muertos que las dictaduras sin máscara. El peronismo romántico causó más víctimas fatales que los dictadores Aramburu, Onganía y Lanusse, según probamos con todo detalle en este libro. Una verdad oculta por los que traicionaron la bandera por la verdad y la vida de 1983, porque nunca creyeron en ella.


No obstante, sigue siendo tiempo de reencuentros. Que el nuevo peronismo democrático, o lo que sea que venga, se saque de encima a la vieja izquierda estalinista pituca que lo hundió y tome lo mejor de su propia historia, como el mayor gasoducto del mundo, la pasión social y la obra sanitaria.



martes, 8 de agosto de 2017

El mito y los creyentes


"Los autores muestran –recurriendo a cuantiosa bibliografía, entrevistas y textos del líder– el lado oscuro de los años peronistas. Se habla de las falsedades de información en momentos clave, como el 17 de octubre; de la sospechosa muerte de Juan Duarte; de la cantidad de muertos con nombres y apellidos en lucha contra el comunismo. Se denuncian las traiciones de Perón, la gran mentira de las investigaciones de la isla Huemul. La acogida a dirigentes nazis luego de la derrota de Alemania, incluso la posibilidad de la presencia de Hitler en Argentina. Mencionan una feroz represión a indígenas en Formosa de la que nunca se habló; de la intervención a las universidades donde se refugiaba el pensamiento libre; de la aparición de guerrilleros que en el inicio fueron peronistas y luego echados por el mismo líder." (Fragmento de la crónica de Cristina Bulacio, de La Gaceta de Tucumán, sobre el libro Crímenes y mentiras). 

martes, 11 de julio de 2017

En radio El Mundo


En entrevista para radio El Mundo, recordando el origen de la Triple A (organización de represión ilegal creada en 1973) y sus lejanas raíces en el peronismo original de 1943- 1955. Ante la pregunta de por qué deben leer este libro los peronistas, una respuesta es que pueden hacerlo porque contamos la verdad sobre el 17 de octubre, sin repetir las mentiras que consagraron los que intervinieron sindicatos y pusieron allí soplones de la policía. En reemplazo de quienes hicieron el movimiento de base. Aquí el audio de la entrevista

sábado, 1 de julio de 2017

En radio Mitre (II)


El periodista Jorge Fernández Díaz lee por radio Mitre fragmentos íntegros de nuestro libro Crímenes y Mentiras. El primero de ellos es sobre la represión y los crímenes del primer peronismo, cuya lista completa publicamos por primera vez. (Aquí el audio) El otro fragmento se refiere a la corrupción a gran escala del primer peronismo, cuya herencia llega hasta hoy, en el caso paradigmático de un ministro sindical de Perón, que fue revindicado por Carlos Menem, Hugo Moyano y Carlos Kunkel. (Aquí el audio). 

domingo, 25 de junio de 2017

Fin del silencio


"Muchos militantes gremiales fueron torturados e incluso algunos ejecutados en la "edad dorada". El silenciamiento de esos hechos escabrosos llegó a su fin: Hugo Gambini (viejo refutador de mitos peronistas) y Ariel Kocik (joven investigador de los derechos humanos) acaban de publicar con nombre, apellido y filiación las víctimas mortales en un libro tragicómico llamado apropiadamente Crímenes y mentiras. Junto a las picardías criollas y las cuantiosas manipulaciones de Perón, que hoy llaman a risa, conviven en sus páginas revelaciones escalofriantes sobre la actuación de la policía peronista, la persecución a sindicalistas que hacían huelgas, los tormentos a opositores en las cárceles del régimen, y la miseria real que germinaba por debajo de una incipiente prosperidad económica." (Fragmento de la nota de Jorge Fernández Díaz para La Nación).


jueves, 22 de junio de 2017

En radio Mitre


Esta es la entrevista para el programa de Jorge Fernández Díaz, "Pensándolo bien", en radio Mitre. Hablamos de crímenes, mentiras, silencios, represión a huelgas obreras, gente que resistió al autoritarismo, miseria social oculta, torturas en las cárceles, propaganda desmedida y otras cuestiones ocultas del peronismo original hondamente vinculadas a la política argentina hasta hoy. Entrevista en radio Mitre

viernes, 16 de junio de 2017

La represión más pesada del peronismo



Entrevista en radio Belgrano para el programa de Pablo Duggan a propósito de nuestro libro "Crímenes y mentiras: las prácticas oscuras de Perón". Una nota picante que demuestra que el peronismo también fue fusilador, que el movimiento estudiantil tuvo una larga y negada noche de bastones largos (antes de 1966) y que la izquierda pituca, o la corrección política, muchas veces silencia crímenes de lesa humanidad. Oír aquí el audio de la nota



La sombra de Juancito Duarte



Entrevista para Latitud17FM935 radio Touché, a cargo de Juan Pablo Tramezzani, a propósito de nuestro libro. La represión oculta, los crímenes negados, el camino de Perón, el papel de Eva, la muerte de Juan Duarte, el compamiento del movimiento obrero, los ataques a la universidad y más.  Audio de la entrevista

lunes, 12 de junio de 2017

"Crímenes y mentiras", en Operación Masacre


Aun no pensando exactamente igual en muchos temas, es un placer trabajar con gente que profundizó en la verdad durante décadas en cuestiones que afectan hasta hoy, sin pedirle permiso a la corrección política, a los intelectuales de café o a los aduladores de gobiernos que aumentan la pobreza en la Argentina. Gracias a Silvia Mercado por la invitación a su programa Operación Masacre. Audio: Hugo Gambini - Ariel Kocik, hablando de Crímenes y mentiras: las prácticas oscuras de Perón

viernes, 26 de mayo de 2017

Crimenes y mentiras


En el triunfo y en la derrota, rebelde y contestatario o liberal y represor, el peronismo viene marcando el pulso político nacional desde su surgimiento, hace siete décadas. Vencido luego de catorce años en el poder, tiene una nueva oportunidad para revisar sus errores y encauzar su “relato” por encima del movimiento y en beneficio del país. 

Un buen paso en ese sentido sería empezar a asumir la verdad de su propia historia. Crímenes y mentiras sintetiza el resultado de una extensa y promenorizada investigación que se inicia con el surgimiento del peronismo en la década de 1940 y abarca toda la trayectoria política del líder justicialista, poniendo el foco en sus primeras presidencias. 

Hugo Gambini y Ariel Kocik revelan falsedades estadísticas y discursivas, proscripción de partidos políticos, represión al movimiento obrero y a la lucha estudiantil, aplicación de la ley de residencia contra extranjeros, abusos en las cárceles, secuestros y torturas, uso político de los recursos públicos, corrupción desmedida y tantas otras prácticas ejercidas por el peronismo en el poder. También rescatan la memoria de los hombres y las mujeres que enfrentaron las injusticias y defendieron sus ideales a costa de extraordinarios sacrificios, y dan a conocer por primera vez una lista de las víctimas fatales producidas durante la primera y la segunda presidencias de Perón. (Contratapa del libro. Sale a librerías en los primeros días de junio de 2017).

sábado, 6 de mayo de 2017

Palos en Mataderos, de Perón a Frondizi


Hemos hablado del frigorífico Lisandro de la Torre del barrio Mataderos, y de su toma en manos de trabajadores en 1959, buscando impedir su privatización. Hay mucha divulgación de esta protesta y de la represión que ordenó el gobierno de Arturo Frondizi. Muy poco se sabe de la resistencia previa del gremio de la carne. Hablamos del asunto en el libro que ya dejamos en imprenta.

La lucha obrera de 1959 fue muy valiente, como la reacción del barrio. Pero no era la primera lucha valiente de obreros de la carne. Ni el primer envío del ejército para reprimirlos. Y esto está muy olvidado. Anteriormente hubo luchas de la carne, de hecho, más sostenidas y atadas al interés gremial. Incluso más, en tiempos de Perón, también hubo palos en Mataderos.



Antes reprimieron

Las bases siempre tienen razones legítimas de lucha, pero cabe indagar un poco más sobre la raíz de los conflictos. Y en el caso de la toma de 1959, dejando de lado que hubo exceso de personal y clientelismo, investigar quiénes eran los que propiciaban el levantamiento desde afuera del gremio, con una huelga general conducida por el sindicalismo peronista.

Dentro de este último había, imposible ocultarlo, ex colaboradores de la policía (desde los tiempos en que la misma era peronista) e interventores de sindicatos. Como el ex agente policial Eustaquio Tolosa, el ex interventor José Alonso, el metalúrgico Augusto Vandor (ya denunciado como delincuente por bases de su gremio) y Abdala Balluch (cuya gente ayudó a reprimir huelgas obreras en tiempos de Perón, y también fue denunciado por delitos comunes).







Las vacas contra la policía

El matadero municipal, desde los años 1920, servía para el abasto de carne interno, dando un equilibrio frente a los pulpos extranjeros y sus precios. Supuestamente era así. Lo cierto es que, ya en tiempos de Perón, el precio de la carne subía demasiado, pero el brazo policial estaba atento. Perón tampoco quiso nacionalizar a los frigoríficos extranjeros, ni ponerlos en manos obreras, como se lo reclamaron. 

El caso de Mataderos era particular, dentro de una órbita capitalina. Los obreros dependían formalmente de una entidad municipal (intervenida por el gobierno de Perón), situación que deseaban cambiar. No pertenecían estrictamente a la Federación de la Carne que nucleaba a 130 mil trabajadores en el país, que fue la que hizo el 17 de octubre.

Curiosamente aparecen borrosos, en la historia de Mataderos, los sablazos que allí repartió un gobierno “popular”. El gobierno peronista electo en 1946 también había reprimido a los obreros del Frigorífico Municipal (luego Lisandro de la Torre) en 1948, ilegalizando la huelga y deteniendo a los delegados. Los trabajadores ocuparon el predio y se defendieron con todo, portando roldanas, palos y cuchillos. Soltaron a las vacas contra la policía (con más éxito que en 1959), voltearon la reja del frigorífico y lograron la solidaridad barrial.








De Berisso a Mataderos

Mientras los obreros de Mataderos todavía se reponían de los gases y sables en el hospital Salaberry, una noticia estalló en todos los diarios del país. Había un complot para matar a Perón, desarticulado por una "brillante pesquisa policial", que quedaría en los anales de esa fuerza (por fortuna "al servicio del pueblo"). El culpable era Cipriano Reyes. En los hechos reales, el gobierno justicialista había encarcelado y torturado a militantes laboristas y a gremialistas rebeldes vinculados, con la excusa de que complotaban. 

El "complot" contra Perón y la huelga de Mataderos ocurrieron casi al mismo tiempo. Un parte policial culpó por la protesta del frigorífico, precisamente, a Reyes y a sus amigos. Uno de los que actuaban en Mataderos era Ramón Cufré, hermano de Dardo Cufré, compañero de Reyes. Es decir, que todas las pistas llevaban a Berisso. Precisamente la detención de los delegados internos (como Cufré) había detonado el conflicto de Mataderos. Los trabajadores le dieron con todo a la policía hasta que los liberaron. 

Finalmente, la espectacular detención de Reyes y su gente mostró, a todo el mundo gremial, hasta donde estaba dispuesto a llegar el gobierno para "persuadir”. Hubo cantidad de detenciones ocultas y torturas.



Diferencias

La verdad es que nadie quería matar a Perón, ni hacerle daño. Ni en Berisso ni en Mataderos. La cuna del 17 de octubre tenía la misma bandera de siempre. Y los que fueron a la huelga en Mataderos eran votantes del Presidente, pero exigían aumento de salarios, escalafón y autonomía. 

La prensa de Raúl Apold primero elogió a los trabajadores "pacíficos". Luego los acusó de comunistas al servicio del extranjero. Pronto el gobierno justicialista empezó a descabezar al conjunto del gremio de la carne, el que más había luchado para llevar a Perón al poder. 

Una diferencia entre las revueltas del '48 y del '59, es que en la primera no había intenciones de combatir al gobierno. En 1959, además de existir justos reclamos obreros, otros actores reconocieron que el objetivo era una insurrección que derribara al gobierno. Para muchos, ante el estado de cosas en el país, la ruptura total con Frondizi llevaría a un golpe militar.





Aclaración: cuentos peronistas reconstruye historias ocultas, pero toma precauciones ante las personas que se dedican al plagio. Brindamos historias simples al buen lector trabajador, no al buen mantenido, que se sirve del trabajo de otros. Una cosa es el descuido bienintencionado, otra el hurto solapado. 




domingo, 9 de abril de 2017

Ella y el criminal


Para muchos, es una santa. Samaritana e inspiradora de literatura. Lo cierto es que hoy en día, la foto de Evita abunda en las oficinas de los intelectuales, pero en los barrios populares (que ellos no suelen frecuentar) el Gauchito Gil es mucho más popular que político alguno. No negamos la santidad ni los mitos, porque es cuestión de creencias, pero en todo caso, muchos abanderados de los derechos humanos han hecho un negacionismo de las prácticas criminales de los gobiernos populares. Aquí aparece Evita junto al jefe del aparato represivo del peronismo original, culpable de torturas, crímenes y horrores, contra hombres y mujeres. El límite para los mitos es la verdad sobre los derechos humanos.


Ver:  El Laborismo, línea Cipriano Reyes, investigación de Ariel Kocik que da cuerpo al capítulo 3 del libro Laborismo (Capital Intelectual, 2014) de Santiago Senén González, con epílogo de Juan Carlos Torre).

martes, 21 de marzo de 2017

Gabo y Malvinas


"Hace un año, como la inmensa mayoría de los latinoamericanos, expresé mi solidaridad con Argentina en sus propósitos de recuperación de las islas Malvinas, pero fui muy explícito en el sentido de que esa solidaridad no podía entenderse como un olvido de la barbarie de sus gobernantes. Muchos argentinos, e inclusive algunos amigos personales, no entendieron bien esta distinción. Confío, sin embargo, en que el recuerdo de los hechos inconcebibles de aquella guerra chapucera nos ayude a entendernos mejor. Por eso me ha parecido que no era superfluo preguntar otra vez y mil veces más -junto a las madres de la plaza de Mayo- dónde están los 8.000, los 10.000, los 15.000 desaparecidos de la década anterior." Así se expresaba Gabriel García Márquez el 6 de abril de 1983.

viernes, 17 de febrero de 2017

La sonrisa peronista y la violencia


En los últimos días se avivó una polémica mediática sobre “el último Perón”. Al volver al país en los años 1970, el líder del justicialismo, ¿era el mismo que desde el gobierno en los años 1950 anunciaba el reparto de alambre para colgar a los "traidores"? ¿o era otro, bajo una metamorfosis y una nueva luz pacificadora? Finalmente, ¿era un conciliador democrático que abrazaba adversarios, un líder revolucionario o un frío militar dispuesto a ejercer el terror? ¿De qué modo se lo retrata mejor? Sin cerrar el debate, aportamos una imagen reveladora.

En los años 1950, los hermanos Juan Carlos y Luis Amadeo Cardoso eran dos famosos torturadores policiales, que desgarraron a infinidad de ciudadanos. En 1955 ambos se refugiaron en Paraguay, al amparo de la dictadura del general Alfredo Stroessner. En la primera foto aparece el general Perón estrechando las manos de ambos verdugos -cuando visitó Paraguay en 1972- con la misma sonrisa con que recibía a los jóvenes de izquierda.


Si Perón estaba arrepentido de las torturas de sus primeros dos gobiernos, no lo demuestra en aquélla fotografía, rescatada por Hugo Gambini (con quien trabajamos sobre el tema). Mientras tanto, en la Argentina, muchos postulaban al viejo "Bill de Caledonia" como líder de una revolución socialista. Y hoy, nuevamente, como un león de la unión nacional.

Sin embargo, el peronismo del siglo XXI no debería sonreír ante la tortura, como lo hizo su líder y los acólitos que lo rodean en este ignorado instante de los años setenta, que anticipa muchas cosas que sucederían.