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viernes, 17 de febrero de 2017

La sonrisa peronista y la violencia


En los últimos días se avivó una polémica mediática sobre “el último Perón”. Al volver al país en los años 1970, el líder del justicialismo, ¿era el mismo que desde el gobierno en los años 1950 anunciaba el reparto de alambre para colgar a los "traidores"? ¿o era otro, bajo una metamorfosis y una nueva luz pacificadora? Finalmente, ¿era un conciliador democrático que abrazaba adversarios, un líder revolucionario o un frío militar dispuesto a ejercer el terror? ¿De qué modo se lo retrata mejor? Sin cerrar el debate, aportamos una imagen reveladora.

En los años 1950, los hermanos Juan Carlos y Luis Amadeo Cardoso eran dos famosos torturadores policiales, que desgarraron a infinidad de ciudadanos. En 1955 ambos se refugiaron en Paraguay, al amparo de la dictadura del general Alfredo Stroessner. En la primera foto aparece el general Perón estrechando las manos de ambos verdugos -cuando visitó Paraguay en 1972- con la misma sonrisa con que recibía a los jóvenes de izquierda.


Si Perón estaba arrepentido de las torturas de sus primeros dos gobiernos, no lo demuestra en aquélla fotografía, rescatada por Hugo Gambini (con quien trabajamos sobre el tema). Mientras tanto, en la Argentina, muchos postulaban al viejo "Bill de Caledonia" como líder de una revolución socialista. Y hoy, nuevamente, como un león de la unión nacional.

Sin embargo, el peronismo del siglo XXI no debería sonreír ante la tortura, como lo hizo su líder y los acólitos que lo rodean en este ignorado instante de los años setenta, que anticipa muchas cosas que sucederían.