sábado, 6 de mayo de 2017

Palos en Mataderos, de Perón a Frondizi


Hemos hablado del frigorífico Lisandro de la Torre del barrio Mataderos, y de su toma en manos de trabajadores en 1959, buscando impedir su privatización. Hay mucha divulgación de esta protesta y de la represión que ordenó el gobierno de Arturo Frondizi. Muy poco se sabe de la resistencia previa del gremio de la carne. Hablamos del asunto en el libro que ya dejamos en imprenta.

La lucha obrera de 1959 fue muy valiente, como la reacción del barrio. Pero no era la primera lucha valiente de obreros de la carne. Ni el primer envío del ejército para reprimirlos. Y esto está muy olvidado. Anteriormente hubo luchas de la carne, de hecho, más sostenidas y atadas al interés gremial. Incluso más, en tiempos de Perón, también hubo palos en Mataderos.



Antes reprimieron

Las bases siempre tienen razones legítimas de lucha, pero cabe indagar un poco más sobre la raíz de los conflictos. Y en el caso de la toma de 1959, dejando de lado que hubo exceso de personal y clientelismo, investigar quiénes eran los que propiciaban el levantamiento desde afuera del gremio, con una huelga general conducida por el sindicalismo peronista.

Dentro de este último había, imposible ocultarlo, ex colaboradores de la policía (desde los tiempos en que la misma era peronista) e interventores de sindicatos. Como el ex agente policial Eustaquio Tolosa, el ex interventor José Alonso, el metalúrgico Augusto Vandor (ya denunciado como delincuente por bases de su gremio) y Abdala Balluch (cuya gente ayudó a reprimir huelgas obreras en tiempos de Perón, y también fue denunciado por delitos comunes).







Las vacas contra la policía

El matadero municipal, desde los años 1920, servía para el abasto de carne interno, dando un equilibrio frente a los pulpos extranjeros y sus precios. Supuestamente era así. Lo cierto es que, ya en tiempos de Perón, el precio de la carne subía demasiado, pero el brazo policial estaba atento. Perón tampoco quiso nacionalizar a los frigoríficos extranjeros, ni ponerlos en manos obreras, como se lo reclamaron. 

El caso de Mataderos era particular, dentro de una órbita capitalina. Los obreros dependían formalmente de una entidad municipal (intervenida por el gobierno de Perón), situación que deseaban cambiar. No pertenecían estrictamente a la Federación de la Carne que nucleaba a 130 mil trabajadores en el país, que fue la que hizo el 17 de octubre.

Curiosamente aparecen borrosos, en la historia de Mataderos, los sablazos que allí repartió un gobierno “popular”. El gobierno peronista electo en 1946 también había reprimido a los obreros del Frigorífico Municipal (luego Lisandro de la Torre) en 1948, ilegalizando la huelga y deteniendo a los delegados. Los trabajadores ocuparon el predio y se defendieron con todo, portando roldanas, palos y cuchillos. Soltaron a las vacas contra la policía (con más éxito que en 1959), voltearon la reja del frigorífico y lograron la solidaridad barrial.








De Berisso a Mataderos

Mientras los obreros de Mataderos todavía se reponían de los gases y sables en el hospital Salaberry, una noticia estalló en todos los diarios del país. Había un complot para matar a Perón, desarticulado por una "brillante pesquisa policial", que quedaría en los anales de esa fuerza (por fortuna "al servicio del pueblo"). El culpable era Cipriano Reyes. En los hechos reales, el gobierno justicialista había encarcelado y torturado a militantes laboristas y a gremialistas rebeldes vinculados, con la excusa de que complotaban. 

El "complot" contra Perón y la huelga de Mataderos ocurrieron casi al mismo tiempo. Un parte policial culpó por la protesta del frigorífico, precisamente, a Reyes y a sus amigos. Uno de los que actuaban en Mataderos era Ramón Cufré, hermano de Dardo Cufré, compañero de Reyes. Es decir, que todas las pistas llevaban a Berisso. Precisamente la detención de los delegados internos (como Cufré) había detonado el conflicto de Mataderos. Los trabajadores le dieron con todo a la policía hasta que los liberaron. 

Finalmente, la espectacular detención de Reyes y su gente mostró, a todo el mundo gremial, hasta donde estaba dispuesto a llegar el gobierno para "persuadir”. Hubo cantidad de detenciones ocultas y torturas.



Diferencias

La verdad es que nadie quería matar a Perón, ni hacerle daño. Ni en Berisso ni en Mataderos. La cuna del 17 de octubre tenía la misma bandera de siempre. Y los que fueron a la huelga en Mataderos eran votantes del Presidente, pero pedían exigían aumento de salarios, escalafón y autonomía. 

La prensa de Raúl Apold primero elogió a los trabajadores "pacíficos". Luego los acusó de comunistas al servicio del extranjero. Pronto el gobierno justicialista empezó a descabezar al conjunto del gremio de la carne, el que más había luchado para llevar a Perón al poder. 

Una diferencia entre las revueltas del '48 y del '59, es que en la primera no había intenciones de combatir al gobierno. En 1959, además de existir justos reclamos obreros, otros actores reconocieron que el objetivo era una insurrección que derribara al gobierno. Para muchos, ante el estado de cosas en el país, la ruptura total con Frondizi llevaría a un golpe militar.





Aclaración: cuentos peronistas reconstruye historias ocultas, pero toma precauciones ante las personas que se dedican al plagio. Brindamos historias simples al buen lector trabajador, no al buen mantenido, que se sirve del trabajo de otros. Una cosa es el descuido bienintencionado, otra el hurto solapado.