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sábado, 11 de agosto de 2018

“No hicimos el 17 de octubre para tiranos ni patrones”



Los actos laboristas del 17 de octubre de 1946, en rebeldía con el gobierno nacional, lograron una asistencia notable, sin propaganda y bajo amenazas, pues no había peor disidencia que la de los testigos del ascenso de Perón, los de la primera hora. La masa obrera fue convocada sin antelación. El gremio de la carne, por ejemplo, se hallaba volcado a su lucha con los frigoríficos, sin tiempo para fiestas. La crónica del diario El Día comparó el acto de Cipriano Reyes con el acto del gobernador Mercante, ambos en La Plata, el laborista en la Plaza Italia y el oficialista en la Plaza San Martín, ambos muy cerca.
“Un raro fenómeno climático hízose presente en un tramo tan corto de la ciudad. No era igual la ‘temperatura’ en la plaza San Martín que en la Plaza Italia. La espontaneidad y el entusiasmo de ésta, contrastaban con la circunspección y el recato que la apreciable cantidad de empleados administrativos impuso al acto donde, se había anunciado, hablaría el jefe de la gobernación bonaerense. En cuestión de cifras, el veredicto se inclinaba por cierta paridad, aunque desviando el fiel de la balanza hacia la plaza Italia. No obstante debieron contarse muchas más “delegaciones” en la plaza San Martín, si los carteles que por docenas lucían –todos pintados por la misma mano, con los mismos colores, idéntica tela y clavados a palos de similar procedencia-, si estos carteles, decíamos, respondían en la realidad a una presencia física acorde con su representación. Esto último no quedó fidedignamente documentado, porque no puede generalizarse sin suficiente prueba el caso de los portadores del cartel de la Federación Universitaria Revolucionaria…”

En el acto laborista, Francisco Suárez Izcúa recordó el sublime momento en que “nos poníamos a la cabeza de las fuerzas obreras, para arrancar de las garras de la oligarquía a quien, por entonces, teníamos como el crisol de la justicia social en la Argentina.” Y anunció: “Pocas veces ha sucedido lo que ha ocurrido con el partido Laborista en la provincia de Buenos Aires, que colocó desde el gobernador a la mayoría parlamentaria y luego esos mismos hombres, muchos de los cuales ocupan puestos que nunca soñaron conquistar, nos vuelven las espaldas. Los que tomamos la dirección del partido, les decimos: el laborismo no sabe tocar retirada, marcha siempre adelante.” Advirtió que los acomodados esgrimían el “puñal florentino de doble filo de la traición por la espalda”.
El senador laborista Juan Manuel Seisdedos Martín denunció que el gobierno buscaba crear una conciencia adicta comprando diarios y escribas mercenarios. La sindicalista María Roldán afirmó que las mujeres laboristas tenían "una actitud heroica que hoy declinan los hombres que caen de rodillas ante las migajas del presupuesto". Por su parte, Cipriano Reyes disparó contra los “camanduleros y disfrazados del acto frío y hosco de la Plaza San Martín”, a quienes llamara “los muertos que caminan”. Afirmó: “Nosotros nunca hemos mentido al calor oficial ni queremos beneficiarnos políticamente, si para eso hay que traicionar.” A diferencia de los otros, decía, “no le hemos pedido al gobernador, ni al feje de policía, ni al director de escuelas que amenace a los empleados para que vengan a nuestro mitin. Entendemos que no se puede gobernar un país con amenazas.” Afirmó: “Nuestro movimiento vino a marcar una nueva era política. Vino a traer el programa de justicia social, por el que se luchó tantos años. Pero nos encontramos con que en el primer mensaje a la Magistratura, leído por el gobernador de la Provincia, coronel Domingo A. Mercante, fruto del movimiento laborista, declaraba públicamente que iba a ser el afiliado número uno de los muertos que caminan, de ese conglomerado amorfo de traidores de muchos partidos. También nos dijo en la época de la euforia, cuando se lo proclamó candidato a Gobernador en el Congreso Laborista: ‘Confieso como hombre y como soldado que he de morir para defender al Partido Laborista’.”

Expresó que sentía “lástima por esos parásitos, tránsfugas y felones” que “militan siempre en las filas de los acomodados”. Señaló que los laboristas no le habían pedido gratitud ni limosnas al gobernador, porque no habían hecho la revolución para él sino para el pueblo. Cipriano censuró al enemistad con los estudiantes y rechazó expresamente la frase “alpargatas sí, libros no”, pues el pueblo también ansiaba su superación cultural. Recordando la jornada de 1945, Cipriano mencionó ante la plaza, la infructuosa búsqueda de Angel Borlenghi, ahora ministro, quien en octubre anterior “seguía conspirando contra Perón, con Avalos y con Vermengo Lima.” También se ocupó de la CGT y de su presunto papel: “¿Con qué derecho viene la CGT a celebrar el 17 de octubre, si no quería la huelga y le importó diez cominos Perón ni Mercante. Y Mercante, ¿cómo puede festejar el 17 de octubre, si él no intervino en el movimiento?” Afirmó Cipriano que si habían mandado algún espía, que subiera y comprobara la gran concurrencia “sin necesidad de dádivas” ni amenazas a empleados públicos, de los cuales muchas cabezas ya habían sido solicitadas en La Plata. Denunció que la policía no hacía nada por parar el juego clandestino, que implicaba directamente a funcionarios. “Señor jefe de policía: la gente del partido único juega en Berisso, en Junín, en Mercedes, en Las Flores, en Dolores y Necochea…” En otro orden, volvió a denunciar a los Mercante: “Nosotros, que hemos venido luchando contra el nepotismo, recordamos que el coronel Mercante nos dijo: ‘Ni un puesto de cochero le daría yo a mi hijo’. Y nos encontramos con que el coronel Mercante ha colocado a su hijo como introductor de embajadores en la Provincia; y creó una repartición especial para Alejandro Mercante; denominada Turismo y Pesca: "hace turismo en el mar del presupuesto y pesca los pesos depositados por el pueblo". Director de Higiene es Héctor Mercante, ministro de Obras Públicas, Raúl Mercante, y otros familiares más sido empleados, como Hugo Mercante, que es funcionario de la Secretaría de Trabajo y Previsión.”

Por último Cipriano le pidió al jefe de policía, coronel Adolfo Marsillac, que volviera al cuartel y devolviera los sueldos al pueblo, pues sus dos cargos eran incompatibles por ley. Reyes cerró el acto en la Plaza Italia con “una emocionada exhortación” a luchar por la justicia y la libertad, con vivas a la clase obrera. Para entonces, el gobierno de Mercante ya se había apropiado del diario El Laborista, cuya edición destacó, entonces, el presunto papel central que jugara “el gringo” el año anterior, así como El Líder señaló que su director, Ángel Borlenghi, “iba y venía” pidiendo la libertad de Perón. Los protagonistas reales pensaban exactamente lo contrario. Al año siguiente, en 1947, la propaganda incluiría a Evita entre los que “hicieron” el 17 de octubre. Con el tiempo, nadie faltó a la cita, como dijo Oscar Troncoso. Al cabo del acto laborista en La Plata en 1946, un poco más tarde, el mismo partido hizo otro acto en la Plaza Congreso de Buenos Aires.

Recién llegado del sur, insistentemente aclamado por el público, Cipriano Reyes afirmó: “Yo no sé por qué el gobierno ha querido darle un sentido oficialista al 17 de octubre, cuando en realidad no lo hicimos para elevar a tiranos ni patrones, sino como un movimiento democrático por la emancipación de los trabajadores y el pueblo argentino”. Ya se había leído una nota de George Michanovsky, de la federación obrera estadounidense, que destacó a Reyes y al laborismo. Ya habían hablado dirigentes como José Perrone; de San Martín, Adolfo Martínez; de Santiago del Estero, y Sara Sastre; de las mujeres laboristas. Agregó Cipriano: “Yo les aseguro desde aquí que ninguno de los personajes que están en los balcones de la Casa Rosada festejando esta fecha estuvo o participaron de estos acontecimientos. Es necesario esclarecer ciertas cosas para que mañana ¡no se escriba la historia con la mano de los traidores! Pasamos por alto los agravios, porque no queremos descender de nuestras convicciones.” Desvirtuó la imputación que le hacían por el crimen del estudiante Aarón Saimún Feijóo: “Dios algún día cortará la mano del asesino que quebró esa valiente voz de protesta.” Allí hubo contingentes de obreros de Avellaneda, Lanús, Loma de Zamora, Morón, San Martín, Vicente López y otros distritos, bajo una intensa lluvia. No faltaron los camiones de provocadores alrededor, siempre con la gentil actitud de la policía.
(Fragmento de El Laborismo, línea Cipriano Reyes, investigación de Ariel Kocik que da cuerpo al capítulo 3 del libro Laborismo (Capital Intelectual, 2014) de Santiago Senén González, con epílogo de Juan Carlos Torre).